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El doctor Livingston toma la mano del Dalai Lama en la suya, manteniendo sus dedos juntos.
Si yo impido que sus dedos puedan llevar a cabo su acción voluntaria y, sin embargo, le pido que pro­siga abriendo los dedos como antes, usted podrá apreciar inmediatamente la diferencia requerida al tener que hacer un esfuerzo cerebral adicional, un acto de voluntad; al mismo tiempo que también ne­cesitará hacer un esfuerzo muscular.

Dalai Lama: ¿Cuál es el significado de esto?
Robert Livingston: Al utilizar las técnicas neurocientíficas occidentales podemos obtener simultáneamente una evidencia objetiva y subjetiva de que mu­chas partes específicas de su cerebro están realizando operaciones de forma ordenada, aunque también muy complicadamente: responden a mi solicitud, de­ciden el llevarla a cabo, ejecutan determinados movi­mientos con los dedos, lo hacen venciendo cierta resistencia, etc. De forma conjunta, un inmenso número de distintas partes de su cerebro se han visto envueltas en estas actividades —el oído, la vista, el sistema visceromotor, el somatomotor, el somestésico, etc.—, al tiempo que se han enviado órdenes, de forma discreta y diferenciada, a distintas partes del cuerpo con una exquisita y precisa secuencia. En re­sumen, para llevar a cabo ese simple acto, ha sido necesaria una orquestación espectacular de las activida­des de muchas de las zonas de su cerebro. Me atrevo a decir que, como mínimo, se activaron en el curso de este modesto ejercicio una docena de miles de mi­llones de células nerviosas y se produjeron billones de señales electromagnéticas. Estos acontecimientos cerebrales afectan a circuitos próximos y lejanos, y a una multiplicidad de constelaciones celulares cortica­les y subcorticales, todas las cuales se integraron de forma armoniosa.

Damos todo esto por sabido, pero no es por ello menos sorprendente de considerar. Creo que necesitamos integrarnos en este tipo de pensamiento, si que­remos tener un leve conocimiento de las complejida­des y sutilezas de los procesos del cerebro humano, y contemplar las potencialidades de ese cerebro con su­ficiente respeto y asombro. Es este el tipo de conside­raciones que lleva a los neurocientíficos occidentales a que determinen de forma experimental cómo se pro­ducen de forma detallada los procesos cerebrales du­rante la percepción, el juicio y el comportamiento. ¿Cómo se canalizan tales acontecimientos cerebrales, a fin de poder controlar nuestro cuerpo, y ser capaces de emitir frases, generar ideas, experimentar y mani­festar emociones? ¿Cuál es la naturaleza de la orden emitida por el cerebro y, de forma más amplia, cómo tienen lugar los cambios dinámicos de los estados ce­rebrales, entre el sueño y la vigilia, o entre el sueño, el sueño profundo y el estado de ensoñación? ¿Cómo se controlan estos cambios cerebrales? Y, todavía de forma más general, ¿cuál es el papel de la conciencia en tales actividades?

Este es el tipo de preguntas que nos gustaría pre­sentar para que sean sometidas a un amplio debate con usted en este diálogo. Respetamos las dos tradi­ciones culturales que se han visto separadas durante tanto tiempo, pero ahora tenemos una magnífica oportunidad de intercambiar criterios, gracias a su iniciativa, a su curiosidad y generosidad. Esto abre una excelente oportunidad a los neurocientíficos para su enriquecimiento profesional, porque el budismo ha venido pensando sobre la conciencia, la mente y el cuerpo durante mucho tiempo, trabajando en esque­mas conceptuales diferentes. Hemos de reconocer nuestra humildad e ingenuidad: existen muchas cosas que todavía no conocemos sobre el cerebro y la mente; muchas otras de las que no estamos seguros, y todavía otras sobre las que, por desconocimiento, mantenemos opiniones equivocadas.

Intentaremos representar honestamente a las neurociencias occidentales. Y de este modo podremos convertirnos en sus aliados, hasta donde ello sea po­sible, a fin de incrementar nuestra comprensión mutua en ambas direcciones; derribando las barreras que durante tanto tiempo separaron la búsqueda in­terior de estas dos culturas. En su transcurso, será posible desarrollar una serie de innovadoras estrate­gias experimentales, con el fin de objetivar los fenó­menos estudiados en ambas tradiciones.

Son muchos los conceptos fundamentales que están cambiando en las neurociencias occidentales con respecto a los mecanismos cerebrales. De modo que hemos de estar sintonizados a fin de movernos conjuntamente dentro de esta corriente tortuosa de la innovación científica. Uno de los subrayados fundamentales de estos diálogos es nuestra preocupación mutua por la paz del mundo. Sinceramente creemos que algunas disciplinas pertenecientes a nuestras dos tradiciones son de gran importancia para ayudar a la Humanidad en el desarrollo de un autoconocimiento más racional, de una mutua comprensión intercultural y de la com­pasión. Todo lo cual resulta urgentemente necesario para salvaguardar el hábitat del planeta y asegurar un reparto equitativo de sus dones.

2. Hacia una ciencia natural de la mente
Patricia Smith Churchland, Ph.D.
Como regla general, cada Conferencia de Mente y Vida se abre con una presentación, hecha a me­nudo por un filósofo o un historiador de la cien­cia, que establece algunos de los supuestos y principios culturales que han de ser tratados en el diálogo. Estos sillares básicos de nuestras construcciones intelectuales determinan lo que podemos permitirnos como patrimo­nio legítimo del campo de la ciencia. Naturalmente, esto es de vital importancia para cualquiera que proceda de una tradición cultural diferente y que trate de compren­der la ciencia occidental en sus propios términos. Es también un terreno que defendemos de forma tanto ra­cional como irracionalmente, y en donde hemos de tra­bajar más duramente para abrir nuestra mente, si que­remos comprometernos de forma seria con una visión del mundo completamente diferente.
La presentación de Patricia Churchland investiga las raíces del moderno entendimiento occidental de la rela­ción existente entre la mente y el cerebro. Traza la histo­ria de la ciencia moderna desde sus orígenes en la filoso­fía griega. La investigación de filósofos tales como Platón y Aristóteles sobre la naturaleza del universo, la percepción humana y la representación conceptual del universo, creó principios que poseen todavía una influencia pode­rosa en nuestra forma de pensar. Ella describe la posición dualista que fue formulada por Descartes: la separación entre mente y cuerpo, entre el mundo físico y el espiri­tual, que ha dominado el pensamiento occidental durante siglos, y que sigue permaneciendo tanto en las religiones occidentales como en la imaginación popular. En oposi­ción a esto, ella defiende la posición materialista que subyace en el pensamiento de los científicos más moder­nos. En su opinión, no existe nada más que lo físico, y la conciencia ha de entenderse como una propiedad emer­gente de la organización física del cerebro.

Patricia Churchland: Creo que la mayoría de los científicos que investigan sobre el cerebro probable­mente sienten, primero, que la conciencia no es inde­pendiente del cerebro; segundo, que la memoria es una función de la forma en que el cerebro se organiza a sí mismo, y tercero, que la percepción depende de la forma en que interactúen y estén organizadas las zonas cerebrales. Parte de lo que deseo hacer es for­mular una gran pregunta sobre la relación existente entre el cerebro y la mente.
Dalai Lama: ¿Qué entiende usted por conciencia?
Patricia Churchland: Entiendo que somos cons­cientes de los colores, de los sabores, de las formas, sonidos y de sentimientos tales como la ira o la per­plejidad. No creo que la conciencia sea una cosa. Esa es la pregunta que hay que hacerse. Quisiera apuntar cómo muchos neurocientíficos, y yo, hemos llegado a la convicción de que la mente no es independiente del cerebro; de que la mente es, de hecho, ese cerebro que comprende, se organiza y actúa de un cierto modo.