EL MÉTODO
CIENTÍFICO SEGÚN RICHARD FEYNMAN
Extraído de "¿Está Vd. De
broma, Sr. Feynman?"
Traducción de Luis Bou
Adorar a los
aviones
(Adaptado de la lección inaugural del curso 1975-76 en Caltech)
Durante la Edad Media se creía en toda clase de ideas descabelladas,
como, por ejemplo, que un trozo de cuerno de rinoceronte tenía
el poder de aumentar la potencia sexual. Se descubrió poco después
un método para separar las ideas buenas de las malas, que consistía
en mirar si funcionaban, y a las que no funcionasen, eliminarlas. Evidentemente,
este método acabó convertido en ciencia organizada. Se
desarrolló muy bien, y por eso nos encontramos hoy en la era
científica. Tan científica es hoy nuestra época,
que nos cuesta trabajo comprender cómo pudieron llegar a existir
brujos, dado que nada -o muy poco- de lo que ellos proponían
podía funcionar de verdad.
Pero incluso hoy me tropiezo con un montón de gente que más
pronto o más tarde acaba por llevar la conversación hacia
los OVNI, la astrología, o alguna forma de misticismo, o de ampliación
del estado de conciencia, o de la percepción extrasensorial,
y así a menudo. Y he tenido que llegar a la conclusión
de que no estamos en un mundo científico.
Tanta es la gente que cree en cosas maravillosas o sobrenaturales, que
me propuse averiguar por qué. Y eso que se ha llamado "mi
curiosidad por la investigación" me ha puesto en un brete,
porque es tanta la basura, que me siento desbordado y exasperado. Empecé
por investigar distintas nociones de misticismo y de experiencia mística.
Me he metido largas horas en tanques de aislamiento y he estado mucho
tiempo en estado de alucinación, de modo que algo sé sobre
el particular. Fui después a Esalen, donde parece estar la cuna
de esta clase de pensamiento (el lugar es maravilloso; vale la pena
visitarlo). Y allí me vi superado. No me había dado cuenta
de hasta dónde llegaban las cosas.
Hay en Esalen unos grandes baños, alimentados por fuentes termales,
que manan de una vena situada a unos diez metros por encima del océano.
Una de mis experiencias más gratas ha sido la de sentarme en
uno de esos baños y contemplar las olas estrellarse contra las
rocas del litoral a mis pies, dejar que la mirada se pierda en el claro
azul, o estudiar una beldad desnuda que tranquilamente aparece y se
instala en el baño conmigo.
En una ocasión tomé asiento en un baño donde estaban
sentados ya una joven preciosa y un hombre que no parecía conocerla.
Inmediatamente empiezo a pensar: "¡Caramba! ¿Cómo
me las voy a apañar para entablar conversación con esta
nenita tan mona y tan desnudita?"
Y mientras pienso qué le puedo decir, el tío sentado a
su lado le dice: ¡Yo... uh... estudio masaje! ¿Me permitirías
practicar contigo?" "¡Claro!", contesta ella. Salen
del baño, y ella se echa en decúbito supino sobre una
mesa de masaje que había cerca.
Yo pienso para mis adentros: "¡Vaya entrada más original
y más fina! A mí nunca se me hubiera ocurrido nada por
el estilo." El tipo empieza a masajearle el dedo gordo del pie.
"Me parece que lo siento -le dice a ella-. Siento una especie de
hendidura, ¿es eso la pituitaria?"
Y yo le espeto: "¡Estás a un par de kilómetros
de la pituitaria, tío!"
Ambos me miran, horrorizados -acabo de hacer trizas mi excusa para estar
allí- y añado: "¡Es reflexología!"
Rápidamente cerré los ojos y fingí estar meditando.El
ejemplo que acabo de ponerles no es más que un botón de
muestra del tipo de cosas que me exasperan. Eché también
un vistazo a la percepción extrasensorial y a los fenómenos
Psi. El último grito sobre el asunto era Uri Geller, un hombre
a quien se supone capaz de doblar llaves frotándolas con el dedo.
Así que a invitación suya fui a visitarle a la habitación
de su hotel, para presenciar una exhibición de lectura del pensamiento
y ver cómo doblaba las llaves. Geller no consiguió leerme
el pensamiento; me imagino que nadie es capaz de leerme el pensamiento.
Y mi chico sostuvo una llave mientras Geller la frotaba, sin que ocurriera
nada. Entonces nos dijo que las cosas salían mejor debajo del
agua; así que imaginaos a nuestro pequeño grupo en el
cuarto de baño, con el agua manando del grifo sobre la llave
mientras él la frotaba. Tampoco ocurrió nada. No pude
pues investigar ese fenómeno.
Pero entonces empecé a considerar, ¿en qué otras
cosas estamos creyendo? (Y pensé entonces en los brujos y en
lo fácil que hubiera sido desenmascararlos sin más que
irse fijando en que ninguno de sus remedios funcionaba de verdad.) Descubrí
de este modo cosas en las que todavía cree más gente,
como por ejemplo, que tenemos conocimientos sobre el problema de cómo
enseñar y educar. Hay grandes escuelas pedagógicas que
propugnan determinados métodos de enseñanza de la lectura,
o de enseñanza de las matemáticas, y así sucesivamente;
pero si uno se fija, observará que las calificaciones de nuestros
escolares en lectura siguen disminuyendo -o al menos, no aumentando-
a pesar de estar continuamente recurriendo a estas mismas personas para
mejorar los métodos. He aquí un remedio de brujo que no
funciona. Debería ser examinado a fondo. ¿En qué
se fundan para saber que sus métodos deberían funcionar?
Otro caso similar es el de cómo tratar a los delincuentes. Es
obvio que el método que estamos aplicando no ha conseguido reducir
la delincuencia. Teoría hay mucha; progresos, ninguno.
Y no obstante, se dice que tales cosas son científicas. Y las
estudiamos. Yo tengo la impresión de que la gente ordinaria,
la gente que tiene sentido común, se siente intimidada por esta
pseudociencia. Un maestro o maestra que tenga una buena idea para enseñar
a leer a los niños de su clase puede verse en la obligación
de hacer las cosas de otro modo a causa del sistema educativo, e incluso
puede llevarle indebidamente a la conclusión de que su método
no puede ser bueno. Los padres de chicos malos, que se han esforzado
de uno y otro modo por corregirlos, pueden acabar sintiéndose
culpables el resto de su vida porque lo que hicieron no era lo que según
los expertos, deberían haber hecho. Tendríamos por tanto
que examinar a fondo las teorías que no funcionan y distinguir
la ciencia de lo que no lo es.
Me parece que los estudios psicológicos y pedagógicos
que he mencionado sirven de ejemplos de lo que quisiera llamar "cargociencia".
Permítanme que les explique. Hay en los Mares del Sur gentes
que adoran a los aviones de carga. Durante la guerra mundial vieron
cómo los aviones de transporte aterrizaban en sus islas, cargados
de magníficos materiales, y quieren que ahora ocurra otro tanto.