En las culturas
letradas el conocimiento de los herbolarios -el conocimiento de las
propiedades de las plantas y de su uso- es siempre un corpus de sabiduría
secreta que se transmite oralmente de un herbolario a un aprendiz, y
en ocasiones de un herbolario a otro. Se requieren años de aprendizaje
antes de que alguien comience a ejercer por su propia cuenta, y jamás
puede considerarse que aquél ha concluido. Hay que estar al tanto
de cuestiones de dosificación, efectos secundarios, ingredientes
vegetales benéficos que se convierten en veneno cuando se toman
en exceso. En México, fray Bernardino de Sahagún y Francisco
Hernández fueron españoles de gran talento que invirtieron
infinitos esfuerzos y tiempo para aprender de los indios las virtudes
de varias plantas mexicanos. Mas se trataba de europeos que no conocían
el mundo de las plantas americanas, Y en su ámbito europeo no
eran ciertamente lo que pudiéramos llamar botánicos o
herbolarios. Sus intenciones eran buenas, pero su ignorancia era completa.
Lo que tienen que decirnos acerca de los enteógenos es pueril.
Pudieron haber probado los enteógenos, pero prefirieron no hacerlo:
desperdiciaron la oportunidad. ¡Qué historia tan diferente
nos habrían contado si hubiesen vivido algunos años como
aprendices de los sabios indios!
En el himno homérico a Deméter, cuando la diosa llega
a Eleusis, exhausta y desconsolada por la pérdida de su hija
Perséfone, le ofrecen una copa de vino que ella rechaza. Ya que
cada episodio en este poema posee un sentido mítico, parece ser
que la bebida alcohólica no iba bien con la ingestión
de la pócima divina llamada kykeon. Las dos clases de embriaguez
eran incompatibles. En éxito, quienes se disponen a tomar los
hongos saben que deben abstenerse de tomar bebidas alcohólicas
durante cuatro días antes e la velada, nombre con que se designa
la esión de los hongos. La embriaguez alcohólica profanaría,
envilecería la libación divina, lo mismo en México
que en Grecia.
Los misterios eleusinos se hallaban exclusivamente en manos de las familias
de los umólpidas y de los Ker-ykes. Durante casi os milenios
los hierofantes gobernaron con autoridad autocrática los ritos
de Eleusis. En contraste, en la tierra de los hongos sagrados n México,
cada pueblo tiene sus sabios que son los custodios del rito. (En algunas
remotas aldeas mixes cada familia toma por sí misma los hongos
cuando siente que los necesita, sin la guía de un sabio. No sabemos
si esta práctica informal del país mixe constituye una
degeneración del rito o la supervivencia de un procedimiento
arcaico anterior.) En Grecia los "iniciados" tomaban la poción
solamente una vez en la vida, de manera que no podían comparar
experiencias sucesivas. En México uno puede consultar los hongos
cada vez que se presenta un conflicto familiar grave. Algunos indios
deciden no tomarlos nunca; otros lo hacen solamente una vez; otros más
lo hacen de manera intermitente. A quien participa por primera vez en
la experiencia se le advierte constantemente que la ingestión
del enteógeno es algo en extremo "delicado", con una
connotación de grave peligro.
Tanto en Eleusis como en México algunos comestibles quedaban
proscritos durante cierto tiempo o antes de la gran noche. Es imposible
comparar las exclusiones dictarias, pues los alimentos en uno v otro
lugares son muy diferentes, pero en ambos casos los huevos"' eran
tabú. El ayuno era practicado en Grecia y también en México,
desde la mañana y a lo largo del día: en uno y otro sitios
'se llegaba a la noche con el estómago vacío círculos
aristocráticos del México pre-cortesiano se acostumbraba
beber el nutritivo chocolate espolvoreado con los hongos embriagadores:
así se rompía el ayuno en el momento en que se iniciaban
los acontecimientos nocturnos. Debido al silencio que guardaron todos
los que tomaron parte en los misterios, en los escritos del período
de esplendor de Eleusis difícilmente se encuentra algún
indicio de lo que allí acontecía; pero en los primeros
siglos de la era cristiana, cuando Eleusis se hallaba en decadencia,
es posible descubrir unas cuantas menciones, oscuras, inhibidas, que
nos permiten algunos atisbos inciertos. Así encontramos la referencia
a una colación que se servía a los iniciados: una gran
torta llamada pelanos, preparada con cebada y trigo cosechados en la
sagrada llanura Rariana, se partía en pedazos y las porciones
eran servidas a todo el mundo.
En las fuentes se
dice que entre los iniciados surgía un vínculo de alianza
y amistad, y algunos han sugerido que dicho vínculo se originaba
en la colación que todos compartían. No resulta incompatible
con los textos griegos suponer que dicha colación equivalía
al rompimiento del ayuno en México, con el pelanos en lugar del
chocolate. Mas seguramente los lazos de alianza y amistad nada tenían
que ver con este alimento: nada tan simple habría sido suficiente.
El avasallador efecto de esa noche bajo la influencia de un enteógeno
hace brotar naturalmente el sentimiento de haber compartido una experiencia
supranatural que jamás podrá ser olvidada; un sentimiento
de cofradía, de hermandad. Dos de nosotros hemos conocido esto
personalmente en México: quienes coparticipan en .una velada,
con el espíritu y -en, las, circunstancias apropiadas, viven
una experiencia sobrecogedora y en su interior sienten germinar el vínculo
que los une con los compañeros de esa noche de las noches, que
pervivirá por tanto tiempo como dure su existencia. Creemos que
es de ahí de donde procede ese lazo de alianza y amistad del
que las fuentes griegas hablan oscuramente.
A continuación tenemos el asunto del secreto. Nada se había
escuchado de los hongos sagrados en los círculos cultivados de
México desde que los primeros frailes los mencionaron sucintamente
en los siglos xvi y xvii. Se ha dicho que los hongos constituían
un "secreto" de los indios que habitaban en las serranías
del México meridional. Precisamente nuestro pequeño grupo
lo puso al descubierto. Pero nosotros consideramos que este secreto
nunca lo fue realmente. En las comunidades indias todo el mundo estaba
al tanto de los hongos, así como de las semillas de la maravilla.
Cualquiera podía, si lo deseaba, aprender el arte de reconocer
los hongos sagrados, y muchos lo hicieron. Los hongos eran objeto de
cierto intercambio comercial secreto que satisfacía la demanda
de los indígenas que se habían instalado en las ciudades
y que aún querían "consultarlos".
Originalmente la Iglesia se opuso a su consumo y durante los siglos
xvi y xvii el Santo Oficio de la Inquisición intentó erradicar
el uso de los hongos entre los nativos al través de enérgicas
persecuciones, Por supuesto tales esfuerzos fracasaron, mas la micofobia
natural de los españoles, su desdén por las prácticas
indígenas, y la actitud paralela de los franceses, alemanes e
ingleses que más tarde llegaron a conocer México, provocaron
en forma natural una falta de comunicación entre los nativos
y los ocupantes extranjeros, sobre todo en los asuntos que se hallaban
más próximos al corazón de los indígenas.
No es sorprendente que los hongos sagrados, después de los informes
fallidos, irremediablemente inadecuados, que dieron de ellos los textos
de los primeros frailes, hayan permanecido ignorados para el mundo hasta
nuestros propios días. Los indios jamás habrían
tomado la iniciativa para hablar de ellos. El "secreto" no
era una conspiración de silencio: fue impuesto a los indios por
el hombre blanco, por causa de la falta de inteligencia y de curiosidad
entre la élite del mundo de los blancos.
El secreto de la antigua Grecia respecto a los misterios eleusinos era
en cierta forma diferente.