Las leyes de Atenas
convertían en un crimen el hablar de lo que ocurría en
el telesterion de Eleusis. Hacia el final del himno homérico
a Deméter este silencio es expresamente ordenado a todos los
iniciados. En el año 415 a.c. hubo un brote de profanaciones
deliberadas de los misterios, por parte del jet set ateniense, al que
siguieron enérgicas medidas disciplinarias y la imposición
de castigos severos. Pero el secreto era impuesto por algo más
poderoso que las leyes de Atenas: dominaba todo el mundo griego y nunca
fue seriamente violado. P-1 mismo propiciaba su cumplimiento.
Quienes conocían
los enteógenos superiores al través de la experiencia
personal no se encontraban dispuestos a comentar con extraños
lo que les había sido revelado: las palabras no podían
transmitir a los forasteros las maravillas de aquella noche y existía
siempre el peligro de que los esfuerzos para explicarlas tropezaran
con la incredulidad, con las mofas y las bromas, que parecerían
sacrílegas a los iniciados y los ofenderían en lo más
íntimo de su ser. Quien ha conocido lo inefable se resiste a
embarcarse en explicaciones: las palabras son inútiles.
Hasta donde podemos saberlo, en cada aspecto lo que sucedía en
Eleusis coincide con la experiencia enteogénica de México,
aunque en un punto importante el rito mexicano va mucho más lejos
que el de Eleusis. Ambos participan de la gran Visión (una "Visión"
que abarca todos los sentidos y las emociones), pero en México
los hongos sagrados, y los demás enteógenos superiores,
sirven también como oráculos. Los hierofantes de Eleusis
atendían a un nuevo grupo de iniciados cada año y estos
grupos eran numerosos. Con las limitaciones impuestas por tal procedimiento,
los enteógenos no podían ser consultados por los individuos
ni por el Estado respecto a asuntos graves en que precisaran de consejo.
En cambio, en México los enteógenos son consultados en
vez cuando sobre toda clase de asuntos delicados. Las cuestiones que
se plantean a los hongos deben ser serias: si son frívolas o
intrascendentes ,es probable que el suplicante reciba una tajante, reprimenda.
Entre los indios que conservan las creencias tradicionales la fe en
los hongos es absoluta. Cuando el suplicante ha respetado todos los
tabúes, cuando la velada se celebra en las condiciones apropiadas
de' oscuridad y de silencio, y cuando se presentan las preguntas con
un corazón puro, los hongos no mentirán. Eso dicen los
indios. Y según las flacas evidencias de que uno de nosotros
dispone, puede ser que tengan razón.
Hacia el final del siglo pasado el mundo supo del peyote, y apenas mediado
el presente las propiedades enteogénicas de las semillas de la
maravilla fueron identificadas por Richard Evans Schultes. Poco después
los hongos sagrados de México recibieron la estima pública
que merecían, merced al descubrimiento y a los escritos de Roger
Heirn y de uno de nosotros. La pista les fue señalada por un
botánico, Blas Pablo Reko, y por un antropólogo, Robert
J. Weitlaner. Ahora nosotros tres estamos presentando al mundo moderno
lo que bien puede ser la clave para el enigma de los misterios eleusinos.
El vínculo que une el grano de Triptólemo con la experiencia
etérea de Eleusis, fácil y seguramente obtenible del cornezuelo,
es tan justa, natural y poéticamente satisfactorio, cumple de
tal manera punto por punto con el mito de Deméter y Perséfone,
que ¿acaso no estamos virtualmente obligados a aceptar esta solución?
Nuevas sendas se abren para la investigación. Por ejemplo: las
emperatrices de Bizancio, cuando estaban embarazadas, vivían
en una habitación tapizada con pórfido, de manera que
su progenie naciera "en la púrpura" (pórfido
= púrpura). Esta "púrpura" ¿era el color
del Claviceps purpurea y tenemos aquí un florecimiento póstumo
de la Deméter de túnica púrpura y de Hades-el-decabello-púrpura?
En Europa los códices más antiguos se escribieron en vitela
púrpura. ¿Fue así porque solamente el color más
excelso era digno de, digamos, De civitate De¡, de San Agustín?
Mediante el reflejo de una genuflexión los valores del mundo
pagano pervivirían entonces bajo las bendiciones del cristianismo..