Puesto que la cantidad
de nutrientes depende de cada terreno, y no es la misma para fases de
germinación, crecimiento y floración, las fábricas
de fertilizantes ofrecen una amplísima variedad de compuestos.
Convendrá saber si están pensados para hidroponía
sobre tierra, o para lana de roca o arcilla expandida, y sólo
la experiencia permitirá al cultivador elegir entre marcas. Algunas
ofrecen amortiguadores de fluctuaciones en el pH, y botes separados,
con las proporciones consideradas ideales para crecimiento y floración,
medidas en cucharas de té por galón de agua, que equivale
a cuatro litros.
La técnica hidropónica más elemental consiste en
un cubo provisto de un tubo, que se eleva o baja según proceda.

Aunque este elemental procedimiento funciona bien cuando es manejado
por manos expertas, una técnica también sencilla pero
más avanzada usa un tanque de nutrientes, que tiene tres elementos
sumergidos. El primero es un calentador de acuario, encargado de mantener
el agua en un margen de 18-24 grados. El segundo es un filtro/oxigenador,
de acuario también, que cumple las finalidades indicadas por
su nombre. El tercero es una pequeña bomba eléctrica,
que eleva la mezcla de agua y fertilizantes desde el tanque a las plantas.
La mezcla corre por un tubo de plástico transparente, del cual
salen tubos más pequeños terminados por una pipeta de
goteo, cuyo vástago se clava a muy poca distancia de cada planta,
de manera que la pequeña boca de riego quede dirigida hacia el
tronco. El otro extremo del tubo principal se ocluye con un tapón,
y es imprescindible sellar muy cuidadosamente -mediante alguna cola,
silicona, cinta de teflón, etc.- los agujeros hechos allí
antes (con un punzón) para introducir los tubos más finos;
en otro caso habrá fugas de agua, posible inundación y
riesgo, entonces, de que alguien se electrocute.
La segunda parte de este sistema incluye -en su forma más elemental-
una plataforma o mesa blanca donde reposan una o varias bandejas de
plástico blanco también, con un agujero en alguna parte
de su base, desde el cual retorna el agua al tanque; por supuesto, es
imprescindible que el tubo o tubos de desagüe se hallen perfectamente
sellados, para que ni una gota vaya al suelo. La plataforma debe hallarse
a más altura que el tanque, a fin de que el agua retorne por
simple peso. Pero las plantas no deben reposar sobre el fondo de las
bandejas (que estará empapado casi constantemente), sino sobre
bandejas más pequeñas, blancas también, con base
de rejilla que asegure un drenaje constante, y alzadas un centímetro
o poco más para evitar el encharcamiento de cada pie.

Actualmente, las tiendas especializadas ofrecen jardineras más
cómodas, y muy baratas, cuyas acanaladuras evitan el encharcamiento,
provistas además de un sistema simplificado de desagüe.
Un régimen común de riego es cinco minutos cada seis horas.
Esto puede hacerse a mano, encendiendo y apagando la bomba cada vez,
pero resulta tan engorroso como inútil. Todas las tiendas de
bricolaje y jardinería venden distintos temporizadores, entre
los cuales destacan los de tipo digital, pues permiten fijar ese programa
-o cualquier otro- coordinándolo con el fotoperiodo, y asegurándose
el cultivador de que cada planta recibirá la misma dosis de agua,
a intervalos iguales. Los experimentados mantienen que la rigurosa precisión
y coordinación de riego y fotoperiodo aumenta considerablemente
los rendimientos. Desde luego, es evidente que estos plazos cortos de
goteo permiten reciclar los nutrientes todos los días en periodos
de 10-15 minutos, proporcionando a las plantas una máxima absorción
de tales elementos.
Por último, debe tomarse en consideración que la mezcla
de nutrientes no es tan inestable como el pH, pero ni mucho menos fija.
Algunas buenas tiendas de jardinería tienen el medio más
sencillo para controlar dicho asunto, que es un medidor digital prácticamente
idéntico en aspecto a los medidores digitales de pH, llamado
tester o pluma de DS (dissolved liquids).
Al igual que el medidor de pH, el de DS tiene al dorso un tornillo que
permite afinarlo, y viene acompañado por una solución
pensada al efecto (pues si su electrodo la toca debe marcar 100). Una
vez calibrado, basta sumergirlo en el tanque y oprimir el botón
situado en la parte superior para obtener cierto número, que
se compara con la medida óptima en cada periodo: 60-80 para germinación,
130-190 para las dos fases siguientes. La ventaja de ciertos nutrientes
es ofrecer tres mezclas distintas (Micro, Grow y Bloom), especificando
las proporciones relativas de cada una por litro, para cada fase de
la planta.

A fin de obtener
la concentración deseable procede, entonces, añadir tantas
cucharas de té como haga falta, o bien diluir la mezcla añadiendo
algo más de agua; más precisa y rápida que una
cuchara es una jeringa de plástico, graduada por centímetros
y cucharas.
4) El aire respirable para animales en general, incluyendo a nuestra
especie, es un regalo del mundo botánico. A través de
sus estomas -poros microscópicos de las hojas-, las plantas absorben
anhídrido carbónico y oxígeno, pero devuelven mucho
más de lo segundo (salvo durante la noche), cosa que hace la
atmósfera respirable para el animal. Como el animal hace lo contrario,
exhalando ante todo anhídrido carbónico, la atmósfera
es respirable para las plantas.
Esta estrecha complementariedad sugiere de inmediato un inconveniente
grave para cualquier jardinería de interior. Las plantas necesitan
aire fresco, que -salvo en zonas altamente castigadas por la polución-
resulta mucho más abundante a cielo abierto. Por otra parte,
a cielo abierto pueden producirse toda suerte de meteoros destructivos
(granizo, heladas, lluvia excesiva o demasiado fría), entre los
cuales destaca el viento, capaz de arrancar, secar, aterir y hasta quemar
las plantas.