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Como el riego gota a gota se produce a pocos centímetros de la raíz, el resto aéreo de la planta pide algo equivalente a una lluvia tibia, cosa que se consigue pasando un paño húmedo sobre hojas y tallos, cuando menos una vez al mes, y mejor cada quince días. El sistema de espolvorearlas con un spray es delicado, ya que las bombillas de HID pueden estallar si son tocadas por cualquier tipo de líquido fresco mientras están encendidas; sin especial precaución, sólo procede hacerlo antes de encenderlas, pero entonces topamos con el obstáculo de interrumpir la fase de oscuridad, cosa que perturba su crecimiento.

Más fundamental aún que lavar la planta es conseguir un recinto ventilado, sin estratificaciones en la atmósfera, lo cual exige -en primer término- mover el aire con algún ventilador de giro. Un temporizador que lo encienda y apague no necesita ser digital, y por eso mismo resultará muy barato, aunque tampoco sea demasiado engorroso encender el ventilador un par de veces al día, y dejarlo funcionando cinco o seis horas cada vez. Lo perfecto es complementarlo con una ventana o un simple respiradero, y sólo cuando esto no sea posible -al tratarse de un sótano, por ejemplo- será preciso abrir el recinto de cuando en cuando; si la habitación no es grande, bastarán cinco minutos para renovar el aire completamente.

Un refinamiento adicional incluye generadores de anhídrido carbónico, que sientan a las plantas tan bien como nos sientan a nosotros bombonas de oxígeno puro, y cuyo funcionamiento puede automatizarse con temporizadores. Sin embargo, son artefactos aún caros, y capaces de calentar excesivamente el cuarto. La solución del ahorrativo será buscar otros sistemas para liberar anhídrido carbónico en la fase final de floración, porque aumenta mucho el crecimiento. Recomendable y barato es el desionizador -un generador de iones negativos- que purificará el aire; este elemento produce una atmósfera de frescura, con el aroma típico del campo después de un aguacero, y mejora la salud del jardín al neutralizar hongos, esporas y polucionantes. En realidad, es algo sano también para cualquier otra parte de la casa.

5) Las plantas han crecido durante milenios sobre tierra y otras bases orgánicas como turba o serrín, hasta que se inventaron medios inorgánicos como perlita o vermiculita (vidrio volcánico y mica, respectivamente, tratados a altas temperaturas), piedra pómez machacada o arcilla expandida, pues si tales medios se complementan con un riego rico en nutrientes las raíces tendrán el adecuado drenaje, previniéndose hongos y asfixia. Esas y otras bases pueden adquirirse en cualquier tienda de jardinería, combinadas ya con el abono que cada fabricante considera mejor. Conviene recordar que estos vehículos de crecimiento deben lavarse con agua antes de ser usados.

Sin embargo, la revolución actual se basa en algo que los antiguos hawaianos llamaban "cabellos de Pele" (una deidad volcánica), porque los fuertes vientos tropicales desgajan finas hebras de magma líquido, entrelazándolas luego como una especie de estopa, y desde hace siglos los criadores de orquídeas y otras plantas muy difíciles de cultivar emplean dicha base. Pero el uso de esta lana de roca (rockwool) en invernaderos y jardinería de interior sólo se generalizó en Dinamarca hacia 1969, cuando los agricultores decidieron sortear con ingenio una prohibición impuesta por la CE a que el país cultivase forraje sobre tierra vegetal. Hoy buena parte de la jardinería hidropónica europea usa exclusivamente este medio, que se ha extendido también de modo espectacular.