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RF: ¿Era usted o su esposa particularmente religioso antes de comenzar su búsqueda?
No éramos particularmente religiosos. Yo no soy particularmente religioso aún. Pero religioso, bueno, ligeramente religioso. Mi padre era un pastor episcopal.

¿Entonces esto era un hobby para ustedes?
No lo considerábamos como un hobby. No hubiéramos dedicado tanto tiempo si fuera un hobby. Pero lo manejábamos con la mano izquierda, por decirlo de alguna manera. Ella estaba ocupada tratando de seguir adelante con la medicina y yo estuve trabajando primero en periodismo y mas tarde en las finanzas.

Se deshizo entonces del miedo a los hongos bastante pronto, no?
Si, si. Mi esposa ganó esa batalla.

¿Había leído sobre la existencia del hongo Divino?
Con el tiempo supimos de exploradores en Siberia oriental en el siglo XVIII y XIX; ellos encontraron estas prácticas. Se quedaron perplejos, les disgustaba la "suciedad" de esas tribus paleo-siberianas y despreciaban su cultura y esa practica de comer hongos para intoxicarse. Pero algunos de los observadores tenía mucho talento, merece la pena leer cuidadosamente su testimonio. Los nativos, después de probar el alcohol, decían preferir el hongo. No tenía los efectos secundarios de una borrachera y les gustaba más. Ninguno le prestó la más mínima atención. Muy trapicheramente los europeos pensaban que les hacían un favor introduciéndoles al alcohol.

¿Así que la primera sospecha sobre el hongo divino apuntaba a la Amanita muscaria en Siberia?
Si, esa fue la primera de la que oímos. La siguiente vez que encontré la Amanita fue cuando empecé mis viajes después de la muerte de mi esposa en 1958. Bueno, por supuesto, viajábamos juntos a Méjico cada año durante la década de los 50 y todos nuestros descubrimientos tuvieron lugar en aquella época. Pero era un tipo diferente de hongos.

Luego, después de Méjico, quería comprobar cómo sería en Asia. Entonces cuando me retiré, la misma noche, volé a San Francisco y embarqué en un carguero que me llevó a Auckland en Nueva Zelanda. Luego fui a Australia, Nueva Guinea y finalmente a India. En India cogí el Rig Veda y me puse a leerlo. El noveno mandala esta dedicado por entero a la planta sagrada soma, y ahí es cuando nos pusimos manos a la obra.
Lo primero que hice fue pedir al profesor Ingalls en Harvard que me recomendase a alguien, un estudiante graduado, para ayudarme con las preguntas en sánscrito. Me dijo que tenía a una chica, Wendy Doniger O'Flaherty, que sería estupenda para aconsejarme. Pero no merecía la pena preguntarle porque no aceptaría. Estaba "demasiado llena de vida", dijo. Yo le dije, "¿porqué no la dejas a ella decidir?" ¡Y aceptó a la primera!, con entusiasmo, aunque nunca me había conocido. Bueno, la verdad es que salió muy bien. Nuestra correspondencia fue magnífica. Ella estaba en Massachusetts, y yo en mi casa en Nueva York. Después de terminar el doctorado (Ph.D) en Harvard fue a Oxford donde realizó estudios de sánscrito, y ahora es profesora en la Universidad de Chicago.

Antes de meternos de lleno en la cuestión del soma debería preguntarle más sobre sus experiencias en Méjico. ¿Cual era su actitud cuando estaba metido en ello? A menudo los occidentales han tenido una actitud condescendiente hacia las prácticas religiosas de las llamadas culturas "primitivas" . ¿En qué pensaba cuando conoció el hongo mejicano y qué fue a buscar?

Bueno, creo que la actitud de muchos americanos, especialmente los antropólogos -ahora no quiero decir nada demasiado severo pero encontré antropólogos, algunos de los mas jóvenes- que piensan que la religión no es una materia de estudio. No están interesados y no se preguntan sobre ella. Tienen otras cuestiones que les interesan más. Relaciones de parentesco. Dedican tiempo en saber con quién te puedes casar y con quien no; cuestiones fútiles como esa. Pero en lo que respecta a la religión, no existe para ellos. También sienten desprecio por los misioneros que pueden andar cerca. Creen que adoptan una actitud enteramente equivocada. Por supuesto los misioneros tratan de convertir a los nativos, y a veces lo hacen de manera no muy sabia, pienso yo. Pero cuando son sinceros, comprueban cual es la actitud del nativo hacia la religión. Eso les interesaba muchísimo, aunque para algunos antropólogos eso no era materia. Bueno, les tengo mucha simpatía a los misioneros. Ellos, los inteligentes misioneros, aprendieron la actitud hacia la religión de los nativos, y no despreciaban las religiones locales.

Pusimos un enorme esfuerzo en publicar nuestro libro, María Sabina and her Mazatec Mushroom Velada, ¡un esfuerzo interminable! con los Cowans, George y Florence Cowan, eran misioneros ahí. Trabajamos en ese texto durante 15 años. Teníamos que pasarlo de mi cinta de audio a Mazateca vivo, deletreándolo en la manera que habían diseñado los Cowans y sus asociados para escribir este lenguaje no-escrito para luego publicarlo, línea por línea, en español, inglés y mazateca; dejando la pagina izquierda para el mazateca y línea por línea, las otra lenguas. ¡Un esfuerzo enorme! ¡Y no he notado que haya habido reacción alguna por parte de nadie! Pero estoy tan orgulloso de él como de cualquier otro libro que he escrito. Esta disponible en dos ediciones. Una es la cara, con discos y la otra con cassettes.

¿Entonces su actitud al ir a Méjico era una actitud apreciativa?
Bueno, fui ahí para ver cómo era este culto. Deseaba aprender de él y no deseaba ignorarlo.
Usted informó que María Sabina lamentó haberle divulgado el secreto de los hongos porque muchos extranjeros le siguieron..
No sólo extranjeros, también fueron mejicanos a explorarlo. Los mejicanos pudieron haber aprendido de ello por su cuenta, en los relatos de los frailes del siglo XVI, que son fascinantes. ¡Esos viejos frailes! Bueno, algunos de ellos eran unos fanáticos, pero muchos de ellos eran buenas personas.