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DE
LOS USOS Y ABUSOS DE SUSTANCIAS PSICOTRÓPICAS
Y LOS ESTADOS MODIFICADOS DE CONCIENCIA
Jacques Mabit
INTERROGANTES ACTUALES
Dentro del espacio regional latinoamericano y de manera más evidente
aún en las zonas andinas y amazónicas, hoy en día
más que ayer, convergen prácticas de producción y
consumo de sustancias psicotrópicas. En su vertiente negativa,
la de las toxicomanías, estas prácticas repercuten de manera
dañina mucho más allá de este ámbito regional.
Las consecuencias perjudiciales han provocado una reacción internacional
de lucha contra las drogas. Sin embargo, las acciones llevadas hasta ahora
abarcan generalmente el ámbito político, jurídico,
socioeconómico y dejan de lado las cuestiones fundamentales relativas
a las motivaciones profundas que conducen seres humanos a modificar sus
estados ordinarios de conciencia. De hecho, la respuesta a esas interrogantes
básicas condicionan de forma estrecha las estrategias destinadas
a controlar el abuso de sustancias psicotrópicas.
Evidentemente, esas cuestiones y sus respectivas respuestas anteceden
todo intento de legislar e intervenir a nivel de los individuos. Sin respuesta
adecuada a esas preguntas, ¿cómo se puede definir el momento
a partir del cual la sociedad se atribuye el derecho de interferir con
un individuo que consume una sustancia psicotrópica? ¿Hasta
dónde se puede considerar legítimo y constituyendo un atributo
inalienable de la libertad individual el derecho a modificar sus estados
de conciencia y en qué condiciones? La noción misma de toxicidad
queda mal definida: ¿A partir de cuándo un producto se considera
como tóxico? ¿En qué influye sobre el grado de toxicidad
el contexto de la ingestión de psicótropos? ¿Existe
realmente un concepto aislado de toxicidad? Respecto a las cuestiones
de salud pública, el escaso conocimiento de los mecanismos íntimos
en juego en el toxicómano, especialmente en el campo psicoafectivo,
nos conduce a tomar con cautela los tratamientos aplicados:
- medidas limitadas
al ámbito de la prevención (de evaluación muy difícil);
- terapias comportamentales
esquivando así una reflexión profunda de los comportamientos
patológicos;
- sistemas coercitivos
paramilitares, carcelarios o sectarios, cuyos resultados a mediano o
largo plazo quedan muy dudosos.
OBSERVACIONES PREVIAS
Nos parece inadecuado tratar el tema de "las drogas" sin antes
señalar algunos hechos:
- En todos los tiempos
y en todas las sociedades humanas y en sus formas culturales, el ser
humano procuró modos de transformar sus estados de conciencia.
- Hasta los animales,
en todas las especies, no dejan pasar las oportunidades que se presentan
naturalmente de ingerir sustancias psicotrópicas (ello permitió
muchas veces. a los humanos identificar esas sustancias en base a la
observación de las conductas animales).
- La ingestión
de una sustancia psicotrópica no existe nunca en forma aislada-
sino que se inscribe dentro de un concepto cultural que la condiciona
de manera muy importante, superando ampliamente los simples efectos
farmacológicos.
- Según los
contextos culturales y las diversas épocas, una misma sustancia
se considera dañina o benéfica para el individuo y/o el
grupo humano. Se comprueba hoy en día cómo los medicamentos
psicotrópicos contemporáneos son promocionados un día
y retirados de la venta el día siguiente (ejemplo reciente es
el somnífero Halcion).
- La modificación
de los estados de conciencia representa la piedra angular de las. experiencias
religiosas y místicas que fundan las grandes culturas (y las
pequeñas también) : ¿Qué sería del
mundo andino sin la coca, de los Huicholes sin el peyote, de las culturas
amazónicas sin el ayahuasca, el ñopo, el toé; del
mundo americano sin el tabaco? apellido
- El efecto psicotrópico
de una sustancia depende en gran medida de los estímulos ambientales
y de la actitud psicosomática asociada a su asimilación:
música, posturas físicas, imágenes, alimentos consumidos,
acompañantes... A tal punto que esos estímulos pueden
por sí mismos ser suficientes para provocar y obtener cambios
de estados de conciencia similares a los inducidos por la ingestión
de droga.
- Una sustancia llamada
tóxica siempre presenta una vertiente terapéutica: la
mayoría de las "drogas" conocidas hoy como dañinas
lo han sido previamente como medicamentos (tabaco, opio, coca, etc.).
Del mismo modo se sabe que los medicamentos poseen una toxicidad potencial
que regularmente los hacen prohibir a la venta luego de años
de distribución abundante.
- Los shamanes y
curanderos han demostrado saber empíricamente usar y controlar
el manejo de sustancias psicotrópicas hasta para tratar adictos.
Esos terapeutas pueden consumir con frecuencia y durante largo tiempo
sustancias psicotrópicas naturales sin desarrollar ningún
tipo de dependencia ni consecuencias perjudiciales.
TEMORES Y TABÚS
Generalmente, la sociedad occidental manifiesta un gran desconocimiento
del manejo de sustancias psicotrópicas naturales y, más
aún, de los estados alternos de conciencia. Esta ignorancia se
traduce por un miedo difuso a las "drogas" cuando al mismo tiempo,
en forma paradójica, el ciudadano occidental ingiere inconscientemente
más y más "drogas domésticas": ansiolíticos,
antidepresores, estimulantes, somníferos, excitantes alimentarlos
y ambientales (agresiones sonoras, visuales, olfativas, sobrecarga eléctrica
del hábitat y del medio urbano, ritmo de vida acelerado, estímulo
emocionales de los media, etc.). El uso terapéutico de los estados
modificados de conciencia se confunde en forma ingenua con oscuros intentos
de lavado de cerebro. Por otra parte, las tradiciones racionalistas y
positivistas han intentado e intentan permanentemente echar suspicacia
sobre toda experiencia auténticamente religiosa. Este último
tabú impide el acceso a una comprensión adecuada de fenómenos
que demuestran una profunda dimensión transpersonal, una impregnación
intensa de sacralidad y que se nutren de una valiosa subjetividad que
provoca generalmente su excomunión por científicos atemorizados
por el "misticismo".
Se necesita vencer esa ignorancia para poder domar ese miedo paralizante
que rigidifica y petrifica la sociedad occidental.
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