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La prohibición contemporánea de drogas enteogénicas y psicoactivas comienza el 1 de marzo de 1915, cuando entró en vigor el HR6282 o Ley Harrison sobre Narcóticos que el Congreso americano aprobó el 14 de diciembre de 1914 y el presidente Wilson firmó tres días más tarde. Aunque tuvo que alterarse incluso la Constitución para prohibir el alcohol, en 1919 el Tribunal Supremo americano apeló a esta ley federal para prohibir los "narcóticos" y reclamar amplios poderes policiales a nivel federal en materia de "drogas peligrosas". La idea ha conseguido incorporarse a la tradición americana, que ha exportado su cruzada antidroga a todo el mundo, y la normativa actualmente en vigor, como la Ley Nacional 91-513 o el Plan General de Prevención y Control del Uso Indebido de Drogas, proporciona el marco legislativo para una fácil prohibición de cualquier sustancia que el gobierno desee añadir a sus "proyectos". Hasta tal punto esto es así que el control gubernamental defendido por la Iey Nacional 99-570, la Ley de Control de Sustancias Análogas, de 1986, penetra audazmente en áreas de la investigación que jamás habría soñado fiscalizar ninguna dictadura nacional-socialista, comunista de cualquier otro signo, pues declara presumiblemente ilegal "cualquier investigación realizada con drogas", a no ser que sea aprobada explícitamente por el Gobierno federal. La situación ha degenerado hasta tal punto que el último juez federal, J.G. Burciaga, en su Fallo en contra del Gobierno de los Estados Unidos durante un caso penal relativo a la legislación sobre drogas, declaró:

El ya maltratado derecho a no ser objeto de registros injustificados, sancionado por la Cuarta Enmienda, el hoy día precario derecho contra la privación de libertad o la confesión de culpabilidad sin el debido proceso, que consagra la Quinta Enmienda, han sido atropellados durante el curso de esta 'guerra contra las drogas". Hoy la 'guerra' coloca en su punto de mira a uno de nuestros derechos fundamentales más básicos: el derecho, consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución, a profesar la propia religión (7).

Pese a que el origen de la avalancha legislativa antidroga en Estados Unidos estaba relacionado con una cuestión de luchas imperialistas por el dominio mundial, sin mencionar otras motivaciones económicas y racistas, su triunfo coincide con la corriente de celo reformista que proclamaban las minorías religiosas fundamentalistas intolerantes. No obstante, como ha observado sagazmente Justice Burciaga, la prohibición contemporánea sobre drogas, camuflada bajo el rótulo de "Leyes que regulan la Salud Pública" referidas a "delitos contra la Salud Pública", no es sino la expresión moderna de la milenaria Inquisición farmacrática bajo un disfraz de ambages seculares.

No debemos perder de vista el hecho de que, al igual que el decreto de la Inquisición española en México en 1620, la legislación contemporánea sobre drogas, al margen de cuál sea su justificación, tiene el efecto inexorable de prohibir la religión extática y experiencial al mismo tiempo que promueve simulacros de religión desprovista de sustancia y sacralidad. Es evidente que el Estado civil americano se encuentra cómodo con una pseudo-religión puramente simbólica y cristiana, y se siente justamente amenazado por una religión extática que enjuicie sus propios principios y motivaciones, así como los de sus Iglesias y Gobiernos: la diferencia está en elegir entre la promesa de obediencia ciega o el escepticismo razonado y la desconfianza eternas ante la autoridad.

La Inquisición Farmacrática no sólo está viva y bien instalada en el umbral del nuevo milenio, sino que ha sido entronizada por las leyes civiles de uno de los Estados de derecho por excelencia, cuya Constitución respeta la libertad individual, y se está utilizando como pretexto, no simplemente para atacar las religiones extáticas, sino para atacar la investigación científica y a los mismos principios fundamentales de la Constitución, destruyendo la libertad religiosa y científica y las garantías judiciales que protegen a los ciudadanos de la arrogancia y tiranía del Gobierno.



1. Enteógenos (dios dentro de uno o endiosamiento, entusiasmo), denominación empleada por los teóricos de Las substancias visionarias para aludir a las drogas psicodélicas.

2. [...] En 1977 R. Gordon Wasson, Albert Hofmann y Carl P. Ruck desvelaron el reverenciado secreto de los misterios de Eleusis atesorado durante 3.500 años, con su propuesta de que el kykeón era en realidad un poción enteogénica que contenía alcaloides del hongo llamado ergot (cf. su libro: El camino a Eleusis, PCE, Madrid, 1980, trad. de Felípc Garrido).

3. Resulta irónico que el término "pIacebo" que hoy día se refiere en farmacología a "una substancia que no contiene ninguna medicina y que se administra también sólo para mejorar el ánimo del paciente", proceda dc las Vísperas latinas del Oficio de Muertos en la liturgia católica. En latín significa "Yo seré complaciente y digno"> y en inglés. tras haberlo empleado Chaucer como nombre de un personaje en su obra Tales of Canterbury, de 1386 (Oxford English Dictionary, edición compacta.. p. 2192)> ha adquirido la denotación de "sicofante, parásito y adulador".