El
siguiente acontecimiento más importante, que a su vez es el más
famoso, fue la síntesis en 1938 por Albert Hofmann (derecha)
de la LSD y el posterior descubrimiento en el 43 de sus extraordinarios
efectos psicotrópicos que creo no son muy ajenos a este público.
Entonces ya teníamos no solamente una ciencia de la Farmacia
Celestial, sino que ya se estaba adelantando a la madre naturaleza y
creando compuestos hasta ahora artificiales como la LSD que tenía
con gran diferencia una mejora de potencia de sus homólogos naturales
como la mezcalina. La LSD tiene miles de veces la actividad de las mezcalinas,
de 4 ó 5 mil veces.
Si extendemos las reflexiones que acabo de hacer, sobre la naturaleza
bien artificial o natural de la embriaguez, a las sustancias visionarias,
a los enteógenos como lo llamamos ahora, también podemos
concluir algo interesante. Doce años después del descubrimiento
de Hofmann, del efecto psicotrópico del LSD en el 43, Gordon
Wasson, un banquero neoyorquino, en sus vacaciones en Méjico
en 1955 conoció a la entonces famosa chamana María Sabina
y, según sabemos, él y su fotógrafo se convirtieron
en los primeros forasteros, los primeros blancos extraños en
ser iniciados en el sagrado misterio arcaico del hongo psicotrópico,
el hongo sagrado mejicano que muchos conocen bajo el nombre Teonanacatl,
que es el hongo maravilloso en Nagual, aunque los mazatecas no lo llaman
así. Wasson estaba equipado para entretejer, digamos, diversos
hilos de esta nueva ciencia de la farmacia celestial en un tipo de tejido,
bastante intrincado, bastante novedoso e innovador. Wasson fue a Méjico
no como antropólogo, no tratando de hacer un descubrimiento científico,
sino como él mismo y su mujer y colaboradora Valentina Wasson
dijeron, como peregrinos en busca del Santo Grial. Y no quería
estudiar a los indios sino hacerse amigo de ellos con la esperanza de
que le fuesen a compartir, le fuesen a iniciar en lo que para él
era un sagrado misterio y la llave, la clave de la religión arcaica.
Esta noche, que fue la del 29 de Julio de 1955, cuando Wasson por primera
vez experimentó el efecto de la psilocybe caerulescens, en una
buena dosis, de repente para él todo se vino como una imagen
muy fija y muy precisa de lo que era la clave a la religión arcaica,
y él vio el rito chamánico de María Sabina por
primera vez como un ejemplo vivo de lo que era la religión arcaica,
y lo ha divulgado en varios libros y no voy a dar mas tiempo a esto.
Entonces
se puede decir que en la materia de religión, volviendo al tema
de natural y artificial, que cuál es natural y cuál artificial
en la religión, y voy a tergiversar un poco el sentido común
otra vez en este campo, yo diría que la religión natural
es la enteogénica, la que se basa en fármacos, y la artificial
es la que se basa en artificio, en el raciocinio humano, en el raciocinio
abstracto, en teología, en filosofía. La religión
natural es lo que se alcanza como los demás animales, ingiriendo
enteógenos del entorno, y lo demás es una creación
artificial del ser humano. Entonces lo que tomamos como religión
normal tal cual, a mi juicio, es sumamente artificial. Lo natural es
lo que se alcanza mediante fármacos.
Ahora bien, cabe mencionar otro libro importante de este siglo, que
salió en 1976, justo antes del trabajo de Wasson, pero Wasson
ya estaba bien encaminado hacia su descubrimiento con María Sabina.
El historiador de religiones francés Philipe de Felis publicó
en 1936 un importante libro que se llama Poison Sacre et Pres Divine
o Los Venenos Sagrados y las Ebriedades Divinas e hizo un tipo de catálogo
o recopilación muy interesante con casi doscientas citas de la
historia de embriagantes en la religión pero en el marco, sumamente
equivocado a mi juicio, de lo que yo llamo la psicopatología
de profecía y la toxicomanía de teísmo, revisando
esto como un ejemplo de psicopatología. Esta efectivamente era
la actitud también de Jonhnston, de Cook y de Von Bibra
( en la imagen) hacia este acontecimiento, como diciendo, ¡ah!
pues ya ahora podemos....y saben que Freud también avanzaba teorías
de esta índole hacia la mitología de la religión,
o sea caracterizándolo no como lo sagrado, lo más central
a la cultura, sino como una cosa patológica. Y esto es muy extraño
y muy difícil a mi juicio de defender. Entonces, teníamos
esta idea de la psicopatología de profecía, de la toxicomanía
del teísmo, y de repente viene Wasson y dice que no, que esto
es el verdadero renacimiento de la cultura misma, de nuestra religión,
que todo lo que tomamos como sagrado nace de este pozo del (mir), como
se llama en la mitología nórdica, del cual sale una iluminación
(...) es una buena imagen de esto, el pozo del (mir).
DROGA Y ALIMENTO
Entonces, así está, lo que solíamos tomar como
artificial o natural es un poco (...) los hechos revelan que las cosas
son un poco diferentes. Quizá algunos argumenten sobre lo que
estoy diciendo, bueno, pero eso está muy bien, pero es puro sofismo,
porque efectivamente lo que es más natural es la religión
basada en rezar, meditar, en leer libros sagrados y todo eso, y se pueden
alcanzar paraísos, sean naturales o artificiales, a través
de uno mismo sin ingerir ninguna sustancia ajena al cuerpo. Y en el
caso de lo que yo estoy llamando religión natural, basada en
ingerir un fármaco, una planta, efectivamente es un argumento
sofista, porque no podemos no ingerir en nuestra vida, somos ecosistemas
abiertos, y estamos ingiriendo constantemente. Ya sean gases o a través
de nuestras pieles y pulmones, estamos intercambiando fluidos con el
ecosistema. Los mismos átomos de nuestros tejidos y nuestros
huesos están como entretejiéndose y entrando y saliendo
de nuestro cuerpo constantemente, en un permanente intercambio de materia
con el ecosistema. Y si el contemplar una obra de arte, por ejemplo
una estructura como un cuadro, lleva a uno a un tipo de paraíso
estético, digamos, esto no viene a ser diferente de la ingesta
de una sustancia. Los ojos mismos están ingiriendo en el mismo
sentido que el cerebro está recibiendo impactos de alcaloides
o lo que sea en sus receptores. El ojo del individuo está recibiendo
impactos de fotones que están desencadenando una secuencia de
reacciones neuroquímicas en el nervio óptico que en nada
se diferencian de la naturaleza del impacto de la morfina sobre un receptor
en el cerebro o del THC sobre otro. Y lo mismo, si uno llega a un paraíso
estético mediante un arte auditivo, sea escuchando música
o poesía, las ondas de presión y compresión del
aire sobre el oído desencadenan una secuencia de acciones neuroquímicas
que en nada se diferencian del impacto de estas sustancias sobre receptores.
De ahí no se puede hacer una distinción.