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Hay bastantes sistemas
metafóricos históricos que sirven para ello: el budismo,
las diversas escuelas de meditación zen, la psicología
analítica, todas las religiones y mitologías, la misma
ciencia, etcétera. La forma más práctica y universal
que he hallado para ayudar a crear una metáfora sólida
de uno mismo, es por medio del análisis de sueños y algo
de técnicas gestálticas. Las técnicas gestálticas
son eficaces para que el paciente se reconozca en el aquí y ahora,
para que sea capaz de sentir sus emociones, sus impulsos y su cuerpo
más allá de la tendencia compulsiva. Más adelante,
cuando el paciente ya se siente seguro, cuando comienza a entender que
sus propios sueños le dicen cosas ordenadas, y especialmente
que lo dice su propia mente oculta, les invito a unirse a otros pacientes
en grupos de 4 a 6 personas. Ahí hacemos el análisis de
sueños conjuntamente. Cada sesión puede durar 4 o 5 horas
pero no importa. A todos suelen interesar los sueños de los otros.
Llegados a este punto de proceso, que puede durar dos o tres meses, cada persona ya tiene un mayor nivel de consciencia sobre sí mismo. Esto significa mayor discriminación entre impulsos emocionales, más capacidad para recordar y encontrar el sentido a los diferentes eventos que jalonan la vida y significa también disponer de una metáfora más adecuada y estable para construir el propio mundo. Las cosas ya no suceden porque sí sino que pueden tener un sentido y un orden, solo hay que ser capaz de observarlo y tratar de entenderlo. También he podido observar que en este punto aumenta la capacidad para memorizar cosas. Estoy seguro que algún día se podrá verificar biológicamente el efecto que produce el hecho de tener una mejor metáfora de la vida y del mundo. La correspondencia sería una mayor conectividad neuronal y un mayor intercambio de información entre distintas partes del cerebro. En este momento de la terapia es cuando se hace necesario el uso de algún enteógeno, y el más adecuado para este tipo de trabajos es la ayahuasca. No digo que sea el mejor enteógeno, sino que este protocolo lo he diseñado justo para trabajar con ayahuasca (debido a su duración, tipo de efectos físicos y psíquicos, y facilidad para mantener contacto oral entre el paciente y el terapeuta). Después de los pasos anteriores, la persona debe someterse a una experiencia de consciencia dialógica para fijar en sus profundidades el nuevo modelo del mundo, más estable que el anterior y más libre de compulsiones substitutorias. Las sesiones de ayahuasca se llevan a cabo con todo el grupo de pacientes a la vez. Esto es importante para consensuar la nueva construcción emocional y vital que comparten, y también para que cada uno aprenda de las vivencias de los demás. Es información extra aprovechable. Cada sesión de ayahuasca también sirve para activar y discriminar nuevos recuerdos y emociones personales por medio de estímulos escogidos. Es decir, consumimos el enteógeno, apagamos las luces y esperamos a que empiece el efecto. Cuando el efecto está en el punto álgido, enciendo de nuevo la luz y cada participante debe coger y mirar las fotografías que hemos seleccionado previamente de acuerdo a cada caso particular. Cada fotografía se refiere a algo de su vida pasada, a otras personas cercanas o son imágenes arquetípicas sugerentes y adecuadas. El paciente se queda un tiempo mirando cada fotografía hasta reconocer lo que despierta en su interior. Así esperamos a que se activen los rincones mentales donde se halla el origen del vacío existencial -o desequilibrio sistémico- que le impulsa al comportamiento compulsivo. Después de un rato, comienza un turno muy tranquilo de palabras. Yo pregunto a cada
uno sobre lo que está viendo proyectado en la transparencia de
su consciencia gracias al estímulo de las fotos que tiene delante.
Dejo el tiempo necesario para que las emociones que suelen explotar
se relajen y hablamos de ello en la medida en que cada paciente lo puede
soportar y entender. Luego, intento darle alguna clave para que ordene
en su interior la nueva información que ahora dispone de sí
mismo. Se trata de una especie de psicoanálisis corto pero intenso
bajo el efecto del enteógeno y los estímulos seleccionados.
Su origen lo tiene en las terapias del Dr. Salvador Roquet, que él
denominó "psicosíntesis".
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