Las patologías
mentales, a mi entender, aparecerían cuando el dialogismo espontáneo
interior no está correctamente regulado o educado. Es decir,
la llamada disociación mental es lo que podríamos denominar
un estado dialógico descontrolado y sin que actúe la capacidad
reflexiva bajo la voluntad del propio sujeto. Justamente por ello es
una hipótesis con muchos visos de certeza afirmar que el cultivo
clásico de la imaginería mental puede ayudar a disminuir
el peligro de psicopatologías: el sujeto recibe un aprendizaje
adecuado para discernir con claridad ?con consciencia? los distintos
impulsos y percepciones endógenas registrado durante el efecto
del enteógeno que debe consumir, y sabe como recodificar tal
imaginería mental en aras de una recuperación de la armonía.
Creo poder afirmar que el esfuerzo de toda sociedad humana, en último
término, ha consistido en discernir y educar la propia consciencia
dialógica: en ella están asentados los pilares de todo
sistema de valores. Incluso podríamos jugar con la hipótesis
de que los estados modificados de consciencia controlados constituyen
la base que genera la propia cultura humana (para una exposición
más extensa sobre este aspecto concreto ver FERICGLA, 1989).
Cuando un sujeto, bajo los efectos de cualquier psicótropo o
técnica extática, pierde el control de su propia consciencia
dialógica atraviesa un estado "como" de locura y de
muerte, es presa de sus percepciones modificadas de la realidad, de
la amplificación emocional y de su imaginería, pero en
ningún caso se pierde la posibilidad del regreso a la cordura
cotidiana ya que se trata de un estado voluntaria y artificialmente
inducido. Los lenguajes mitopoyéticos y los símbolos plásticos
usados en las ceremonias, rituales y sesiones de terapia tienen por
función justamente reorientar tal dialogismo cognitivo hacia
un saludable orden.
De aquí también que no se pueda hablar del efecto terapéutico
de las técnicas extáticas o de los enteógenos,
sino del efecto que produce un determinado psicótropo en un sujeto
específico y sumergido en un contexto cultural concreto: cada
uno de estos tres elementos es de enorme importancia para la experiencia
curativa, lo mismo que el paciente occidental que con solo traspasar
la entrada de una clínica y hallarse rodeado de especialistas
enfundados en una bata blanca o verde pálido, ya percibe una
cierta mejoría de su enfermedad: ahí actúa la eficacia
de lo simbólico, además de la bioquímica y de la
carga biográfica del propio enfermo.
Expresado de otra forma. Se puede considerar que el dialogismo mental
permite poner de manifiesto para el propio entendimiento del sujeto
sus carencias, problemas y desajustes. Con ello se genera una crisis
pequeña o grande en relación a la estructura de personalidad
de cada cual, que conlleva como consecuencia un mayor acercamiento,
comprensión, manipulación y aceptación de la realidad
subjetiva (y dado que la realidad humana es una realidad bio-psico-socio-cultural,
también del entorno). De aquí la importantísima
función adaptógena de los estados modificados de la consciencia
cuando son adecuadamente decodificados, y esta es justamente la finalidad
explícita con que son consumidos los enteógenos en los
pueblos objeto de estudio de los antropólogos. Con un poco de
práctica, el consumidor de psicótropos o el practicante
de técnicas extáticas mantiene casi siempre la lucidez
suficiente que le permitirá distanciarse del propio torbellino
de la crisis que esté viviendo, y realizar los reajustes necesarios
a partir de la propia dinámica interna: auto-organizarse en aras
de un mejor estado de salud física y mental (si es que existe
un fraccionamiento entre ambas dimensiones del ser).
IV
Todo ello nos lleva a adentrarnos en otro ámbito propio de la
antropología, y para mí uno de los más apasionantes
campos de investigación científica: el estudio de la formas
de auto-organización del ser humano. Los estados modificados
de la consciencia, repito, se resumen en la capacidad de dialogar consigo
mismo, y que expresado en términos religiosos equivaldría
a la repetida afirmación: "Dios está dentro mismo
de cada uno". El ser humano es un sistema altamente complejo y
se mueve de acuerdo a lo que llamaría un principio hermenéutico
de auto-organización.
El principio de auto-organización dentro de los sistemas complejos
también ha sido considerado por Maturana y Varela en su concepto
de "autopoyesis". Según estos autores, teniendo un
sistema abierto y complejo como es el ser humano, no es el input en
sí mismo lo que determina la acción y el comportamiento
posterior, sino que la respuesta al estímulo es determinada por
aquello que sucede con el input una vez dentro del sistema. Es decir,
para la posterior reacción adaptativa es tanto o más importante
la forma en que el estímulo es registrado y usado que el propio
estímulo, lo cual depende del sistema de organización
interno previamente establecido. Repito: en los sistemas complejos como
es el ser humano, se da un tipo de interrelación contraria a
una relación causal lineal (input-output) ya que el énfasis
en el input recae en el tipo y forma de interacción que despierta
dentro del sistema, configurando así su propio futuro.
Si, por ejemplo,
usamos metafóricamente el concepto de autopoyesis dentro del
ámbito de la curación individual y colectiva observaremos
que ésta se centra principalmente en el carácter de las
relaciones e intercambios de naturaleza psicosocial y su poder de transformación
(patrones fijos de comportamiento, conocimiento usado, expectativas
de satisfacción e insatisfacción, mapas cognitivos, reacciones
emocionales, etc.). En este sentido, los procesos de autorevisión
permiten tomar consciencia del rol que tiene tanto el propio individuo
como la organización en la que está sumergido, e indudablemente
favorece el aumento de capacidades auto-organizativas y creativas, uno
de cuyos potenciales es la restauración del equilibrio que denominamos
salud. Tales capacidades son necesarias para generar el cambio requerido
dentro del sistema contextual que envuelve al individuo.
Así pues, podemos considerar la autorevisión y la reflexión
sobre uno mismo, o consciencia refleja, como estrategia imprescindible
para evitar el autocentrismo (punto de arranque del etnocentrismo radical),
que únicamente remite a actuaciones del pasado que en muchos
casos ya han quedado obsoletas como formas de comportamiento adecuado,
y a menudo con ello llega la enfermedad.