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El principio de
incertidumbre en la física contemporánea (ya desde los
años 1959 con Heinsenberg y 1966 con Bohr) pone de relieve la
importancia del observador en la comprensión de todo lo observado;
y en este sentido, los estados modificados de la consciencia, sea cual
sea su nivel de profundidad, solo pueden ser comprendidos desde un orden
sistémico que los integre en su totalidad, autoincluyéndose.
Nunca son opciones del tipo que en fonología Troubetzkoy llamaba
"privativas", es decir fundamentadas en la presencia o ausencia
de un carácter distintivo, todo o nada. El fenómeno del
dialogismo mental es de carácter gradual, va de menos a más
y estamos obligados a estudiar el hecho dentro de una estructura dinámica
donde se tenga en cuenta el conjunto de la situación en la que
el fenómeno se inserta: el entorno, la persona y la substancia
o técnica psicótropa específica.
Para acabar, podríamos acordar con el investigador contemporáneo
Ake Hultkrantz, que el chamán es un individuo visionario inspirado
y entrenado en decodificar su imaginería mental, que en nombre
de la colectividad a la que sirve y con la ayuda de sus espíritus
aliados o guardianes, entra en un trance profundo o estado modificado
de la mente sin perder la consciencia despierta de lo que está
viviendo. Durante el dialogismo mental su ego soñador establece
relaciones con entidades que el chamán vivencia como de carácter
inmaterial y puede, hasta cierto punto que depende de su propio poder
personal, modificar el orden del cosmos invisible de acuerdo a su interés
o al de su colectividad con el fin de restablecer el orden y la salud.
Breve nota historiográfica de la antropología de los
enteógenos y las curaciones
I
El interés de la antropología contemporánea por
el consumo de enteógenos, su relación con los estados
modificados de consciencia y su implicación con los procesos
curativos y de producción cultural surgió a caballo de
dos pilares iniciales distintos, aunque históricamente casi sincrónicos.
Por un lado, cabe citar las investigaciones pioneras e independientes
sobre hongos psicoactivos mexicanos realizadas por el famoso botánico
Richard Evans Schultes, creador de la moderna etnobotánica, y
por Jean Basset Johnson, ambos trabajos publicados antes del 1940. También
es preciso citar la magnífica obra pionera en antropología
de los enteógenos de Weston La Barre, quien en 1938 publicó
The Peyote Cult (Yale University Publications in Anthropology, núm.
13, traducida al castellano en 1980), obra que sigue vigente en su práctica
totalidad. Eran casi los primeros textos que se editaban sobre el tema
desde el siglo XVI (FONT i QUER, 1983;LXVI).
Posteriormente apareció a la luz pública la primera obra
del conocido norteamericano Robert Gordon Wasson y de su esposa, la
pediatra Valentina Paulovna, creadores de la etnomicología y
redescubridores para el mundo occidental del consumo ritualizado de
hongos enteógenos entre indígenas mesoamericanos. Esta
práctica mágica y ritual se creía desaparecida
desde la época colonial. En el año 1957 aparece la magna
y erudita obra de este matrimonio en dos volúmenes Mushrooms,
Russia and History. Al mismo tiempo, R. G. Wasson publicó para
la revista LIFE en su edición internacional, un largo e ilustrado
artículo divulgativo sobre el consumo tradicional de hongos visionarios
por parte de indígenas mixtecos mexicanos ("Magic Mushroom",
en LIFE del 10 de junio de 1957).
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Así,
aunque las investigaciones mexicanas de esta pareja de etnomicólogos
se inician en el año 1953, su contribución a la etnomicología
quedó casi inédita hasta que apareció su voluminosa
obra y el famoso artículo en 1957. Por ello, podríamos
fijar en este artículo de la revista LIFE de junio de 1957
el pistoletazo de salida de sus investigaciones al terreno del público
en general. Por otro lado y casi al mismo tiempo, aparece también
la obra conjunta de R. Gordon Wasson y Roger Heim Les Champignons
hallucinogènes du Mexique, publicada originalmente en París,
en 1958.
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En
1970 se publica la obra The Ghost Dance: The Origins of Religion (Weston
La Barre; Garden City, Doubleday, NJ), precedida en el tiempo por
diversos artículos del mismo autor, aunque editados también
en este mismo año 1970; tal vez el más importante de
los artículos, por la influencia que ejerció posteriormente,
fue "Old and New World Narcotics: A Statistical Question and
an Ethnological Reply".
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También
en 1970, aparece Soma (Robert Gordon Wasson; Harcourt Brace Jovanovich,
Nueva York ); en este texto refiere sus investigaciones etnomicológicas
sobre hongos embriagantes. Se trata de uno de sus libros más
difundidos e influyentes sobre el gran público; hubo una edición
original del año 1968, de la cual se realizó una tirada
de 680 ejemplares de lujo que no tuvo el gran peso de la siguiente
edición, la de 1970.
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En
cuarto lugar, también sale publicada el mismo año 1970
la gran y difundida obra recopilatoria de B. Aaronson y H. Osmond
(Psychedelics: The Uses and Implications of Hallucinogenic Drugs en
Doubleday/Anchor, Garden City), entre cuyos capítulos figuran
textos de importantes antropólogos del momento: Paul Radin
escribe "Report of the Mescaline Experience of Crashing Thunder",
Jeffrey Linzer contribuyó con "Some Anthropological aspects
of Yage", Ralph Metzner aportó "Mushrooms and the
Mind" y Peter Stafford firmó el capítulo "Yage:
Yage in the Valley of Fire", para citar sólo algunos de
los coautores.
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En
1971 aparece la edición original de La mente natural (Andrew
Weil), obra de Así, por un lado podemos hablar del puntal inicial
que suponen estos trabajos eruditos de investigación botánica
y micológica para la antropología de los enteógenos,
de ahí que pronto se hablara de "etnobotánica"
y "etnomicología", términos hoy bien asentados
pero que por entonces no eran si no neologismos.
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