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Nuestras expediciones de julio-agosto de 1956 19 contribuían en primer lugar a ampliar los conocimientos reunidos anteriormente sobre los ritos en el país mazateca, en la región de Huautla de Jiménez, centro de estudios en el que Wasson había puesto anteriormente la mira. A los anteriores se incorporaron nuevos documentos sobre las ceremonias presididas por María Sabina y otros dos curanderos de Huautla se unieron a los anteriores. Junto con G. Stresser-Péan participé en los ágapes mejicanos y sentimos todos los efectos; R. G. Wasson y su fotógrafo Al. Richardson realizaron el registro sonoro de sesiones nocturnas. Se procedió a la obtención de numerosas cosechas sobre el propio terreno en el que crecían los hongos. Luego nos trasladamos al país chatino, al norte del istmo de Tehuantepec, en la región de Jochila, donde se recogieron otras tres especies de bongos sagrados: el Psilocybe Zapotecorum, propio de los pantanos, y la variedad nigripes del Ps. Caerulescens , y, al propio tiempo, de nuevo la mejicana. Otra ceremonia se abría a nuestras investigaciones; ésta, dirigida por el curandero Baltasar, llevada a cabo de día, tenía por objeto describir, bajo el efecto de los bongos, el diagnóstico y el remedio de una afección que aquejaba a un chiquillo de la aldea su abuela llevara al curandero.
Por último, dos excursiones realizadas por el país azteca, una por las vertientes del Popocatepetl, la otra al valle de Méjico, sobre la plaza de Tenango del Valle, me revelaron o confirmaron, respectivamente; la existencia de dos psilocibas transmitidas anteriormente también por Wasson-, utilizados por los nahua. a los que dio las denominaciones de PS. Aztecorum y de Ps. Wassonii.(19) En 1956 volví a recorrer Chiapas, donde ya estuve solo en 1952. O. Stresser-Péan me acompañó esta segunda vez, pero nos fue imposible encontrar psilociba alucinógena alguna ni descubrir ninguna huella de supervivencia de ceremonias en las que pudieran intervenir los hongos. Pronto incorporé tres grupos de documentos útiles: una vez más Teófilo Herrera, de la Universidad de Méjico, y luego O. Stresser Péan y Weitlaner en 1957, me transmitieron muestras y datos sobre el uso que se daba a la psilociba Wassonii. El año 1958 resultó ser igualmente fructífero, G. Wasson alcanzó en julio la antigua región de bosques del Río Santiago, en país mazateca, y trajo consigo la especie lignícola que he identificado como Psilocybe yungensis Sting, y Sm., hongo encontrado anteriormente por Rolf Singer en el bosque boliviano, en tanto que Searle Hoogshagen me transmitió aquel mismo mes, desde el país mixa, numerosos ejemplares de otras dos especies a las que descubrí con los nombres de Ps. mixallensis y Hoogshageni(13) y de las que, junto con R. Cailleux. realizamos el cultivo, obteniendo de la primera en el laboratorio fructificaciones espectaculares.
Seguidamente Wasson y yo emprendimos dos nuevas series de expediciones a Méjico, en 1959 y en 1961. En éstas participaron igualmente Roger Cailleux, y en las primeras Guy Stresser-Péan.
En 1959, la región mazateca constituyó de nuevo el centro de nuestras investigaciones y pudimos explorar por tres veces el magnífico bosque relictual de Río Santiago, donde las cosechas de Psilocybe yungensis fueron abundantes, al propio tiempo que toda una flora micológica silvestre. Las praderas de la región de Huautla nos revelaron asimismo la presencia de psilocibas, especialmente mejicana, Hoogshageni Heim, y encontramos la siempreviva salvaje, descrita anteriormente en cultivo por mutaciones con la primera, problema genético que merece ser objeto de nuevos estudios. Aproveché para explorar más a fondo la flora micológica del país mazateca. La segunda expedición nos condujo de Mitla a Zacatepec, en el país mixa, donde las cosechas fueron menos abundantes, pero obteniendo en cambio la psilociba mejicana y varias formas de caerulescens, cuyo uso aún subsiste aunque debilitado, Durante este tiempo, Wasson alcanzó en esa misma región Cotzocón y San Pedrito Ayacaxtepec donde los indios le entregaron ejemplares de una variedad clara -albina- de esta última especie, que en adelante consideramos que reúne formas estables ligadas a microclimas diferentes y específicamente distintivas. Luego exploramos el bosque de Fagus mejicana en Zacatlamaya, al sur de Zacualtipán, en los confines de los países huasteca y totonaca, en el que obtuvimos una especie inédita de psilociba (PS. fagicola Heim y Cailleux). brotando entre el mantillo de ese árbol, la más meridional de las hayas americanas. Por último la región totonaca de Villa Juárez y Necaxa, nos facilitó las psilociba mejicana, la siempreviva y el caerulescens, pero en esta región la supervivencia de su uso era casi nula.
Por último, en 1961, llevé a Méjico a Roger Cailleux y a un experto operador de cine, M. Pierre Ancrenaz, colaborador del Dr. Píerre Thevenard, con quien, a partir de aquella fecha, hemos podido preparar un largometraje alrededor de dos horas y media, en 35 mm. y en color sobre los hongos alucinógenos de Méjico y las diversas derivaciones, cultural, química, psicofísico lógica a las que ha podido conducir su estudio, realización llevada a cabo gracias a la generosa contribución financiera de la Fundación Singer-Polignac. De esa manera pudimos trabajar sobre el terreno, tanto para las tomas de vistas como para la explotación micológica. Con ciertas dificultades pudimos tomar en Huautla de Jiménez las disposiciones adecuadas para registrar las manifestaciones provocadas por la absorción de los hongos por María Sabina, su hermana, sus hijas, su cuñado, sesión nocturna que constituirá una de las escenas espectaculares de la película. Después de haber recogido nuevamente, pese a la sequedad, las psilocibas mejicana y siempreviva, y explorado luego el bosque de San Bernardino, llegamos al país mixteca y tomamos contacto en la parte central y elevada de éste, cerca de la aldea de San Miguel Progreso, con el indio Agapito, que nos condujo hasta los lugares donde crecen las dos especies de Lycoperdons, que tienen la reputación de ejercer una acción sedante, de las cuales una es la L. cruciatum, de segunda calidad.(21) Pese al experimento pretendidamente positivo que hicieran Agapito y el etnólogo estadounidense Robert Raviez Raviez durante nuestra estancia en San Miguel Progreso, tanto Wasson como yo, nos sentimos algo escépticos sobre la acción real de estos hongos que, según los indios, provocan sueños coloreados durante los cuales se reciben respuestas a preguntas formuladas en estado de vigilia. Por el contrario RG. Wasson se desplazó a la región de Juxtlahuca (a 1.500 m. de altitud), en la Mixteca occidental, consagrada todavía al uso de la Psilociba mejicana, de manera muy especial en San Pedro Chayko.
Entretanto, Guy Stresser-Péan habla recorrido en noviembre de 1959 el municipio' de Misantla que depende del estado de Veracruz, en los valles de la vertiente septentrional de la Sierra de Chiconquiaco, donde antaño estaba muy extendido el uso adivinador de diversas drogas alucinógenas, entre ellas los hongos. Hoy día la utilización de las psilocibas está restringida a algunos viejos curanderos y al recuerdo que conservan un reducido número de informadores que rememoran los peligros que acechan cuando se ha ingerido una elevada dosis. Al parecer, en el país totonaca empleaban estas especies para tratar los casos de "espanto" o la enfermedad resultante de la pérdida del alma. Visiones agradables y revelaciones relativas a los problemas que nos preocupan, resultan de su consumo con inmersión en agua o mediante maceración de una pequeña labrada olorosa llamada martancha. La dosis óptima de esta Psilocybe Zapotecorum Heim, variedad elongata, corresponde a siete ejemplares en estado seco. Las otras dos especies utilizadas, determinadas igualmente por nosotros mismos, son una forma de Psilocybe yungensis, o acaso cordispora Heim y el PS. caerulescens Marr.(22).
En septiembre de 1960, Stresser-Péan, emprendía nuevas investigaciones en esta misma región totonaca, donde encontró una especie importante, el Ps. Zapotecorum, al parecer, en el municipio de Tenochtitlán, y los Ps. caerulescens y mejicana. Los relatos se ven confirmados por lo que nos hemos enterado por otro conducto: unos, bajo su influencia ríen, otros se muestran aterrados. "Un enfermo puede llegar a saber (gracias a la presencia de un pariente que registre sus palabras) dónde, cuándo y en qué circunstancias ha sido atacado por el "espanto"" Entonces puede adoptar las medidas necesarias para que su alma se reintegre al cuerpo del que ha salido, restableciendo con ello el buen equilibrio del organismo.