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Nuestro ultimo viaje tuvo lugar a mediados de agosto de 1961, a la región Pahuatlán (a 1.050 m. de altura) y desde allí alcanzamos Xolota (a 1.190 m.) al norte de Tulancongo (al sur del limite entre las provincias de Veracruz y de Hidalgo) donde las informaciones parecían reafirmar el mantenimiento del culto de los hongos sagrados. Pero esta excursión a través de un país, por otra parte de una belleza suntuosa, resultó un absoluto fracaso. El encargado de las ceremonias se negó, además imperaba la sequía y no conseguimos cosechar especie alucinógena alguna. Al menos nos fue posible regresar a Villa Juárez y Necaxa y cosechar durante un período muy lluvioso, con Roger Cailleux, al igual que habíamos hecho dos años antes, las psilociba mejicana y siempreviva en las praderas húmedas y los bosques de pinos y hayas que las rodeaban y, por último, filmar algunas secuencias de nuestra película sobre la propia cosecha de las psilocibas alucinógenas.
A estas nuevas adquisiciones podríamos también incorporar las procedentes de un viaje de Henry K. Puharich, durante los años 1960 y 1961, al país chatino, de las cuales este recolector me facilitó las Psilocybes Zapotecorum y caerulescens.

El cultivo de las psilocibas alucinógenas realizado en París
Entretanto habíamos abordado en el Museo de París los problemas planteados por el cultivo de hongos alucinógenos y desde 1953 nos veníamos esforzando en forma metódica por obtener carpóforos con la ayuda de nuestro colaborador Roger Cailleux. Desde las primeras tentativas, el cultivo de la estrofaira pareció realizable y relativamente fácil sobre estiércol y, de acuerdo con este procedimiento, fue cuando empezaron a aparecer resultados ya a partir de 1955, conduciéndome a una primera experiencia positiva de ingestión. A raíz de la expedición de 1956, empezaron poco a poco a revelarse fecundos varios ensayos emprendidos con algunas especies de psilocibas. Ya habíamos indicado las etapas y mencionado, en una nota conjunta con Roger Cailleux a partir de 1957, los resultados prometedores, sancionados por las ulteriores obtenciones. El conjunto de estas investigaciones nos ha permitido alcanzar los tres objetivos que nos habíamos fijado: en primer lugar, producir cultivos puros, a partir de la carne y de la espora, de especies alucinógenas (hoy día, de catorce especies o variedades silvestres, once se cultivan en el laboratorio) y estudiar de manera comparativa sus micelios; seguidamente realizar el crecimiento sobre estiércol o en Erlenmeyer, de los carpóforos, de acuerdo con las condiciones exactas del medio físico-químico y del ambiente, logrando tales fructificaciones en las condiciones más aptas para un completo estudio descriptivo de las formas; por último, a partir de tales obtenciones, reunir la cantidad de materia necesaria para la prosecución de investigaciones de orden químico y, seguidamente, fisiológico.
Se ha podido alcanzar estos tres objetivos en su totalidad. Sucesivamente las psilocibas mejicanas, caerulescens (variedades Mazatecorum y nigripes), Zapotecorum, mixaeensis, y desde luego, la Stropharia cubensis y la especie menor Ps. yungensis, y por último, la notable especie mutante Psilociba siempreviva, han podido no sólo fructificar, sino también obtenerlas en abundancia, lo que ha permitido establecer las particularidades fisionómicas, anatómicas y biológicas de tales hongos.
Aún más, los éxitos excepcionales logrados en tales condiciones a través de la Psilociba mejicana nos permitían dar a dicho cultivo un importante significado, que el Dr. Albert Hofmann, de Basilea, explotaría a escala más amplia.(24)
En efecto, encontré una colaboración esencial en este sabio químico que es una autoridad en los trabajos sobre las sustancias indólicas y especialmente sobre los alcaloides del cornezuelo, así como en Arthur Brack y Hans Kobel. Para empezar, se nos permitió desarrollar los cultivos de la Psilociba mejicana de la cual anotábamos, junto con R. Cailleux, en París, la segregación de acuerdo con varias familias de caracteres distintos, pero mantenidos de forma constante. Por otra parte, este hongo de tamaño pequeño, podía producir, cultivado, esclerótomos, cuyo peso era, por lo general del orden de los 5 a los 10 gramos, pero alcanzaba hasta 22 gramos en un tubérculo de 5 cm. de longitud por 3,5 de ancho. En el laboratorio de Criptogamia del Museo fueron sembrados sucesivamente 650 recipientes de barro, en una primera serie de ensayos a partir de tres familias distintas de Psilociba mejicana, produciendo 170 de carpóforos secos. Poco después se obtenían en Basilea 2.350 kg. de esclerotes y micelios secos. Estos ensayos hablan puesto de relieve las influencias respectivas, por una parte, del contenido del medio de cultivo en sustancia nutritiva (mosto de cerveza, malta); por otra, del flujo luminoso sobre la formación de carpóforos y esclerotes, y la notable oposición entre las condiciones propias a una u otra de las cosechas, a igual temperatura (de 20 a 24): los esclerotes aparecen con dificultada bajo la luz; evidentemente de forma mucho más abundante en la oscuridad y en contenidos de mosto de cerveza relativamente elevados (de 1,7 a 7%); los carpóforos, por el contrario, sólo se formaban bajo la luz, jamás en la oscuridad, y con porcentajes muy débiles de materia nutritiva (del 1 al 0,15% correspondiendo el máximo. A un contenido del 0,3 al 0,4%). Ya hemos tratado ampliamente con anterioridad sobre los procedimientos de cultivos sobre estiércol, de manera especial en nuestra obra de conjunto.(24)
Por último, otro resultado logró atraer nuestra atención: independientemente de las diferentes familias a las que nos condujera el cultivo de la psilociba mejicana, de acuerdo con fructificaciones reproducidas de manera constante, con caracteres de miscelánea fijos, a partir de las simientes de ejemplares silvestres, al parecer idénticas, obtuvimos un mutante, también de origen propio a todas luces, de la mejicana lato sensu, y cuyas particularidades fisionómicas, esporales y biológicas debían precisarse mediante el cultivo, conduciendo hasta un tipo especifico estable y notablemente distinto de los primitivos ejempla- res silvestres. Esta especie, más potente, con un contenido más alto de principio activo, con fructificaciones dotadas de una vida excepcionalmente larga -de cuatro a cinco semanas sido denominada psilociba siempreviva (24) Más adelante volveremos sobre el notable interés de esta especiación.Pero estos ensayos y sus logros debían conducir hacia otro objetivo que considerábamos esencial: al estudio químico de los hongos alucinógenos, a la búsqueda de la naturaleza y estructura de los cuerpos responsables de los efectos que provocan.Ésta es la historia de las contribuciones aportadas al conocimiento, antiguo y moderno, de los teonanacatl. Convendría añadir las notas descriptivas de R. Singer y Al. H. Smith, que siguieron a nuestras primeras publicaciones (25) y las de nuestros amigos mejicanos T. Herreda y M. Zenteno y, por último, las de Gastón Guzmán, que ha estudiado de manera especial la distribución de las psilocibas alucinógenas y sus caracteres ecológicos.

El aspecto químico: psilociba y psilocibina
El resultado esencial de las primeras investigaciones de orden químico por el método cromatográfico, llevado a cabo gracias a la obtención por cultivo de mi material abundante de la psilociba mejicana y a los esclerotes surgidos únicamente en el laboratorio en condiciones de oscuridad y, sobre todo, de elevada nutrición, ha quedado consignado en una primera nota, firmada por A. Hofmann, R. Heim, A. Brack y I. Robel, y publicada en Experientia, seguidamente en la Révue de Mycologie y, por último, en nuestra obra de recopilación. En esta última se encontrará, al igual que en el presente volumen, las precisiones aportadas por Albert Hofmann sobre las diversas etapas de las investigaciones de orden químico que han conducido sucesivamente a la obtención de los cristales de psilocina y de psilocibina, al conocimiento de la fórmula de su constitución y a su doble síntesis. Además, en el resumen de investigaciones químicas sobre la psilocibina y la psilocina, llevadas a cabo por A. Hofmann y sus colaboradores (33, 34, 35) se encontrará la especificación que publicamos en 1959 (31) sobre los hongos tóxicos y alucinógenos. Recordamos los resultados esenciales: