La segunda es la
de espiritualidad trascendente, donde aparece algo radicalmente distinto,
tal como una visión de la Virgen María, o de Kali, o del
paraíso terrestre, o se ve una luz divina, como frecuentemente
sucede en casos cerca de la muerte. Estos son los dos tipos de experiencias
místicas que nos interesan.
Las "aperturas " espirituales vienen en dos clases. Una es,
por ejemplo, en casos de depresión, frustración y desaliento,
un estado de crisis donde no vemos ninguna salida y estamos a punto
del suicidio, cuando algo sucede súbitamente, y trascendemos
la crisis, como una especie de muerte del ego. Existe otra posibilidad
donde, por ejemplo, vamos flotando en una balsa en el Río Colorado,
viendo las bellísimas formaciones rocosas en el Gran Cañón
y, de pronto, no podemos distinguir dónde termina la balsa y
dónde empieza uno mismo, no podemos separarnos de las rocas ni
del cielo, y tenemos una sensación de universalidad y de unión
con todo lo que nos rodea. Esto le puede ocurrir a artistas en la escena,
a personas escuchando música, o a visitantes a lugares como el
Taj Majal, etc.
Estas son las experiencias que Maslow denominó "experiencias
cumbres", y que tienen mucho que ver con la adicción y con
la cura de la adicción, ya que para muchos alcohólicos
adictos éstas pueden ocurrir en los lugares más insospechados.
Bill Wilson estaba en el hospital en medio de una crisis severa y ésta
es la descripción de lo acontecido:
"Ahora, no tenía nada delante de él que no fuese
la muerte o la locura, éste era el final, el punto donde iba
a tomar el salto final, la oscuridad amenazadora era total para él,
y en su desesperación y desvalidez, gritó: !Haría
cualquier cosa, lo que fuese, por salvarme! Había llegado a un
estado de entrega total, y exclamó: !Si es que existe un dios,
que se deje mostrar! Y el propio Bill entonces describe: Súbitamente
mi habitación se vio invadida por una luz increíblemente
intensa, mientras yo me llené de un éxtasis indescriptible,
me vi situado en la cumbre de una montaña donde soplaba un viento
no de aire sino de espíritu, que se introducía a través
de mí en grandes ráfagas y me vino un pensamiento incontrovertible:
=eres un hombre libre! Me invadió un sentimiento de gran paz
y me sentí intensamente al tanto del momento presente, que se
me hacía constituido por un mar de puro espíritu. Estaba
acostado en las riberas de un nuevo mundo, y por primera vez sentía
que pertenecía a él. Supe que podía amar y ser
amado".Después de este punto, jamás volvió
a tomar alcohol.
Esto es un ejemplo del énfasis que el movimiento Alcohólicos
Anónimos tuvo originalmente sobre la experiencia directa. Después
vino lo que William James llamo la "variación educacional",
refiriéndose al cambio producido menos dramáticamente
y más lentamente a través de prácticas cotidianas.
Para resumir, el afán hacia la trascendencia espiritual es una
tendencia muy importante en el ser humano,'algo así como el deseo
de sexo, pero mucho más profunda y fundamental; y, de alguna
manera, la adicción tiene mucho que ver con esta tendencia, como
si se tratara de una manifestación distorsionada, irreconocible,
de esa tendencia fundamental. Muchos participantes en nuestros programas
de respiración holotrópica, después de experimentar
este tipo de experiencia espiritual, afirman que era eso precisamente
lo que estaban buscando, no alcohol o heroína, que implican una
especie de caricatura con disminución de claridad o intelecto,
sino precisamente este tipo de experiencia espiritual, que conlleva
sentimientos de paz, riqueza de percepciones cósmicas, claridad
y serenidad.
Entramos ahora en la última parte de mi presentación,
que será breve, aunque requeriría casi toda una conferencia,
como hice hace poco en Bombay, es decir, la convergencia entre la ciencia
y la espiritualidad. Mi propio libro sobre esto se titula "Beyond
the Brain". Así que la ciencia occidental, mecanicista y
materialista, no sabe distinguir entre la espiritualidad y la religión.
Las grandes filosofías espirituales, tales como el Yoga, el Vajrayana
tibetano, el Taoísmo, o el Sufismo, serían tratadas todas
como una sarta de supersticiones folklóricas o de boberías
fundamentalistas, sin poder discernir que se trata de algo muy distinto.
Igualmente, incluso en psiquiatría, la ciencia tradicional no
sabe distinguir entre misticismo y psicosis, así que cualquier
experiencia directa de la dimensión espiritual será vista
como algo patológico, como una psicosis, a ser tratada típicamente
con medicamentos. Se ha escrito una serie de artículos y trabajos
sobre cuál debería ser la diagnosis psicopatológica
correcta de individuos tales como Jesús, Mahoma, o Maharsi, o
Aurobindo hay publicaciones antropológicas sobre los desaikstes
y de lo que se debe hacer con los shamanes, si son sicóticos
ambulantes, o esquizofrénicos, o histéricos, o epilépticos-.
Frank Alexander, eminente psicoanalista, ha descrito la meditación
como una forma artificial de la catatonia, como si uno no debiese meditar
a no ser que tenga un temperamento patológico. Así que
la espiritualidad, desde el punto de vista de la ciencia occidental
tradicional, se consideraría un caso de educación deficiente,
información deficiente, Inhabilidad para comprender el mundo
material en el que no existe espacio para el espíritu, algo relacionado
con la superstición, y si ocurre en personas de alto nivel intelectual,
sería considerado una patología, algo no resuelto en temprana
edad que ha quedado pendiente, así que pensar en Dios que existe
una relación defectuosa con nuestro padre sanguíneo. Y
una experiencia espiritual directa, sería interpretada como patología
severa.
Este tipo de enfoque presenta grandes problemas porque, en primer lugar,
se ignora la observación y experiencia personal en las situaciones
transpersonales. Si se usa este enfoque, tenemos que afirmar que este
tipo de experiencias transpersonales sencillamente no existen en nuestro
universo. Esto sucede frecuentemente en el caso de las experiencias
fuera-de-cuerpo, donde existe amplia evidencia sobre personas que se
encuentran, por ejemplo, cerca de la muerte, acostadas con los ojos
cerrados, mientras un equipo médico trata de salvarlas o resucitarlas,
y entonces su conciencia se separa, y la persona ve a su propio cuerpo
desde cierta distancia, quizás desde cerca del techo, o puede
ver cosas que suceden en otra habitación o a 200 millas de distancia,
y que después, cuando resucitan, la conciencia regresa al cuerpo
y la persona puede narrar lo que vio. Incluso existen casos documentados
de personas que pudieron ver esas escenas o acontecimientos ópticamente
a todo color, siendo médicamente ciegas, y que cuando regresaron
o resucitaron volvieron a su estado de ceguera original. Esto representa
desde luego un desafío a la sabiduría científica
convencional. Todo aquél que haya sido entrenado en un sistema
Cartesiano-Newtoniano naturalmente negará que este tipo de experiencia
pueda existir en este tipo de universo. Pensará que habrá
habido algún error. Hay una gran necesidad de negar su existencia
por el temor subliminal de que, si se cree en ellas, todo el sistema
convencional en el que creemos se vendría abajo. Es preferible
ignorarlas y junto a ello ignorar el rol de la conciencia en relación
con la materia. Muy pocos están dispuestos a enfrentarse a estas
preguntas.
Así que la única forma que tienen para enfrentar esta
situación es simplemente eliminar el campo completo de las experiencias
transpersonales como objeto digno de estudio. La mera afirmación
que hace la ciencia moderna occidental de que la materia constituye
la única realidad en el universo, es de por sí imposible
de demostrar.