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La biología y la fisiología, por ejemplo, son tipos de conocimiento que representan el mundo real en términos de sus especiales categorías abstractas. Miden y clasifican ese mundo de modo apropiado a los usos particulares que quieren hacer de él, de manera parecida a como el agrimensor trata a la tierra en términos de hectáreas, un constructor en términos de carradas o toneladas, y un edafólogo en términos de estructuras químicas. Decir que la realidad concreta del organismo humano es fisiológica es como decir que la tierra es tantas toneladas o hectáreas. Y decir que esta realidad es natural puede considerarse como algo suficientemente exacto si queremos decir espontáneo (zi ran) o natura naturans (la naturaleza naturalizante). Pero es muy inexacto si significamos natura naturata (la naturaleza naturalizada), es decir, la naturaleza clasificada, distribuida en "naturaleza", como cuando preguntamos: "¿Cuál es la naturaleza de tal cosa?" En este sentido es cómo toma a la naturaleza el "naturalismo científico", doctrina que no tiene nada que ver con el naturalismo del Daoísmo.

Por consiguiente, para comenzar a entender de qué trata el Daoísmo al menos tenemos que admitir la posibilidad de alguna concepción del mundo diferente de la convencional, algún conocimiento distinto de los contenidos de nuestra conciencia superficial, que sólo puede aprehender la realidad en forma de una abstracción (o pensamiento, lo que en chino se llama nien)por vez. Esto no presenta ninguna dificultad grave, pues estamos dispuestos a admitir que "sabemos" mover las manos, tomar decisiones, respirar, aun cuando nos es casi imposible explicarlo con palabras. Decir que sabemos hacerlo aquí quiere decir simplemente que lo hacemos. El Daoísmo pertenece a este tipo de conocimiento, que nos da una concepción muy distinta de nosotros mismos con respecto a la que solíamos hacernos convencionalmente, concepción que libera el espíritu humano de su opresiva identificación con el yo abstracto.

Según la tradición, el fundador del Daoísmo, Lao Zi, fue un contemporáneo mayor de Kong Fu Zi, o Confucio, que murió en 479 a. de C. (1). Se dice que Lao Zi fue autor del Dao De Jing, breve libro de aforismos que expone los principios del Dao y de su poder o virtud (De). Pero la filosofía china tradicional atribuye tanto el Daoísmo como el Confucianismo a una fuente aun anterior, a una obra que se encuentra en la base misma del pensamiento y de la cultura chinas, y que se remonta a alguna fecha situada entre los años 3000 y 1200 a. de C. Esta obra es el Yi Jing (I Ching) o Libro de los cambios.
Aparentemente el Yi Jing es un libro de adivinación. Consiste en oráculos basados en sesenta y cuatro figuras abstractas, cada una de las cuales se compone de seis líneas. Las líneas son de dos clases: las divididas (negativas) y las enteras (positivas), y las figuras de seis líneas, o hexagramas, se cree que se basan en las diferentes maneras en que se suele quebrar el caparazón de la tortuga cuando se lo calienta. (2) Este punto alude a un antiguo método de adivinación según el cual el arúspice hacía un agujero en la parte interna del caparazón de la tortuga, lo calentaba, y luego predecía el futuro de acuerdo con las rajaduras que se producían en la concha, más o menos como los quirománticos utilizan las líneas de la mano. Desde luego, estas grietas eran muy complicadas, y los sesenta y cuatro hexagramas se supone que constituyen una clasificación simplificada de los diversos tipos de rajaduras. Ahora hace ya muchos siglos que no se usa el caparazón de la tortuga, y en su lugar se determina el hexagrama adecuado al momento en que se formula la pregunta utilizando la división casual de cincuenta tallos de aquilea.

Pero un conocedor del Yi Jing no tiene necesidad de usar conchas de tortuga o tallos de aquilea. Puede "ver" un hexagrama en cualquier cosa: en el casual arreglo de las flores en un vaso, en objetos desparramados sobre la mesa, en las marcas naturales de un guijarro. Para un psicólogo moderno esto presenta analogías con el test de Rorschach, que sirve para diagnosticar el estado psicológico del paciente según las imágenes espontáneas que ve en un complicado manchón de tinta. Si el paciente pudiera interpretar sus propias proyecciones en la mancha podría obtener útiles datos acerca de sí mismo que le servirían para guiar su conducta futura. Debido a ello no podemos despreciar al arte adivinatorio del Yi Jing como mera superstición.
En realidad, un expositor del Yi Jing podría hacer una grave censura de nuestras maneras de tomar decisiones importantes. Tenemos la impresión de que decidimos racionalmente porque basamos nuestras decisiones en la recolección de datos acerca del asunto en cuestión. No confiamos en trivialidades que no vienen al caso, como arrojar una moneda o fijarnos en los dibujos que hacen las hojas del té en el fondo de la taza, o las rajaduras de un caparazón. Pero nos podría preguntar si realmente sabemos cuáles son los datos que interesan, pues nuestros planes son constantemente desbaratados por incidentes totalmente imprevistos. Nos podría preguntar cómo sabemos cuándo hemos recogido información suficiente para tomar la decisión.
Si fuéramos rigurosamente "científicos" en la recolección de los datos para tomar decisiones nos llevaría tanto tiempo recogerlos que el momento de decidir habría pasado mucho antes de que la tarea se hubiera completado. Se nos puede preguntar, por tanto, cómo sabemos cuándo tenemos suficiente. ¿Es la información misma la que nos lo dice? Por el contrario, nos ponemos a juntar los datos necesarios de una manera racional, y luego, por una corazonada, o porque estamos hartos de pensar, o nada más que porque ha llegado el momento de decidir, actuamos. Y se nos podría preguntar entonces si esto no equivale a confiar en "trivialidades sin importancia" como si hubiéramos practicado la adivinación por medio de tallos de aquilea. En otras palabras, el método "rigurosamente científico" de predecir el futuro se puede aplicar sólo en casos especiales: cuando la acción no es urgente, cuando los factores en juego son en su mayor parte mecánicos, o en circunstancias tan limitadas que resultan triviales. Con mucho, la mayor parte de nuestras decisiones importantes dependen de la "corazonada", en otras palabras, de la "visión periférica" de la mente. Así la confianza que depositamos en nuestras decisiones se basa en última instancia en nuestra habilidad para "sentir" la situación, en el grado en que se ha desarrollado esta "visión periférica".

Nota 1. Los investigadores modernos han puesto en duda la fecha en que vivió y hasta la historicidad misma de Lao Zi, pero no es fácil decir si se trata de algo más que de una moda, puesto que periódicamente surgen tendencias a dudar de la existencia de los grandes sabios o a cuestionar su antigüedad tan venerable. Recuérdese las dudas que se manifestaron a propósito de Jesús y del Buddha. Aunque hay serios argumentos a favor de una fecha tardía, parece mejor seguir utilizando la fecha tradicional hasta que las pruebas en sentido contrario sean más concluyentes. Véase Fung Yu-lan (1), vol.  1, págs.  170-76.

Nota 2. Fung Yu-lan  (1), vol. 1, págs. 379-80.