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La relación convencional entre el conocedor y lo conocido es a menudo la del que controla y lo controlado, es decir, la del amo y el esclavo. Así, mientras que Dios es el dueño de todo el universo, pues "él sabe acerca de todas las cosas. ¡Él sabe! ¡Él sabe!", la relación del Dao con respecto a lo que el Dao produce es muy diferente.

El gran Dao fluye por todas partes,
hacia la izquierda y hacia la derecha.
Todas las cosas dependen de él para existir,
y él no las abandona.
Él no pretende para si sus perfecciones.
Ama y nutre todas las cosas, pero no las señorea. (34)

En la usual concepción occidental Dios también se conoce a sí mismo, es completamente transparente a su propio entendimiento, imagen de lo que el hombre quisiera ser: gobernante y director consciente, dictador absoluto de su cuerpo y de su mente. En contraste con ello el Dao es enteramente oscuro y misterioso (zuña). Como dijo un budista zen más tarde: " Hay una cosa: arriba, sostiene el Cielo; abajo, sostiene la Tierra. Es negra como laca, y siempre funciona activamente". Desde luego, xuan es una oscuridad metafórica; no es la oscuridad de la noche, de lo negro opuesto a lo blanco, sino la mera inconcebibilidad que la mente encuentra cuando trata de recordar un tiempo anterior al nacimiento, o penetrar en sus propios abismos. Los críticos occidentales siempre se burlan de tales concepciones nebulosas de lo Absoluto, calificándolas de "místicas y mistificantes" en contraste con sus opiniones bien definidas. Pero Lao Zi decía:

Cuando  el hombre superior escucha el Dao,
hace cuanto puede por practicarlo.
Cuando el hombre medio oye el Dao,
a veces lo conserva, a veces lo pierde.
Cuando el hombre inferior oye el Dao,
se reirá de él en alta voz.
Si no riera, no seria el Dao. (41)

Es realmente imposible apreciar lo que significa el Dao sin volverse, en cierto sentido, estúpido. En tanto el intelecto consciente trate frenéticamente de capturar el mundo con su red de abstracciones, e insista en sujetar y amoldar la vida a sus categorías rígidas, el temple del Daoísmo le será incomprensible, y el intelecto se desgastará. El Dao es accesible sólo a la mente que puede practicar el sencillo y sutil arte de wu wei que, después del Dao, es el segundo principio importante del Daoísmo.
Habíamos visto que el Yi Jing confirió a la mentalidad china cierta experiencia para arribar a decisiones espontáneas, eficaces en la medida en que sabemos cómo abandonar la mente a sí misma, confiándole la tarea de actuar por su cuenta. Esto es wu wei, pues wu significa "no" y wei significa "acción", "producción", "acto", "esfuerzo", "tensión" u "ocupación". Para volver al ejemplo de la vista, la visión periférica funciona con la mayor eficacia —como cuando actúa en la oscuridad— cuando vemos de rabillo de ojo y no miramos las cosas directamente. De manera similar, cuando queremos ver los detalles de un objeto lejano, como un reloj de pared, los ojos deben estar relajados, no deben mirar fijamente, no deben tratar de ver. Así, tampoco podremos saborear mejor nuestra comida haciendo trabajar más los músculos de la boca y la lengua. Tenemos que confiar que los ojos y la lengua actúen por sí mismos. Pero cuando nos han enseñado a depositar excesiva confianza en la visión central, en el brillante foco de los ojos y de la mente, no podemos recuperar el poder de la visión periférica a menos que primero relajemos los órganos de la visión. Su equivalente mental o psicológico es esa especial estupidez a la que Lao Zi y Zhuang Zi se refieren tan a menudo. No es simplemente la quietud de la mente sino una especie de "desasimiento" mental. Como dice Zhuang Zi: "El hombre perfecto usa su mente como un espejo. No aferra nada, no rechaza nada. Recibe, pero no conserva." Hasta podría decirse que se "empaña" ligeramente para compensar la claridad demasiado hiriente. Así Lao Zi dice de sí mismo (texto de Chu Da Gao, excepto la primera frase):

¡Suprimid el talento y acabareis con las ansiedades!...
La gente en general es tan feliz como si estuviera de fiesta
o como si subiera a una torre en primavera.
Yo solo estoy tranquilo, y no he hecho signos,
como un niño que aún no sabe sonreír;
desamparado como si no tuviera casa adonde ir.
Otros todos tienen más que suficiente,
y yo sólo parezco estar necesitado.
Posiblemente mi mente sea la de un tonto
¡que es tan ignorante!
Los vulgares son brillantes,
y yo solo parezco ser torpe.
El vulgo discrimina,
y yo solo parezco más que suficiente.
Soy negligente como si fuera oscuro;
a la deriva, como si no me apegase a nada.
La gente, en general, todos tienen algo que hacer,
y yo solo parezco carecer de habilidad y de práctica.
Yo solo soy diferente de los otros,
pero valoro la búsqueda del sustento que viene de la Madre (20)