EL HOMBRE Y LA RELIGION
Aldous
Huxley
Aldous Huxley dio esta conferencia en
la Universidad de California, Santa Bárbara, en 1959, siendo
parte de una serie de encuentros bajo el tema de ´La Situación
Humana` que tuvo lugar entre los meses de enero-mayo y septiembre-diciembre.
La presente traducción toma como fuente la publicación
de Triad Grafton Books, The Human Situation, 1980.
Me gustaría
comenzar leyendo dos o tres líneas del capítulo vigésimo
cuarto del Libro de las Revelaciones. Este capítulo contiene
una descripción de la Nueva Jerusalén, y acaba así:
"y la calle de la ciudad era oro puro, como si fuera cristal transparente.
Y no vi templo alguno ahí: pues el Señor Dios Todopoderoso
y el Cordero son sus templos (Revelaciones 21: 21-2). De
la misma manera no había templo -no había religión,
en el sentido ordinario de la palabra- en Edén. Adán y
Eva no necesitaban el aparato de la religión porque estaban en
situación de escuchar la voz del Señor mientras Este caminaba
'por el jardín al fresco del día' (Génesis 3:8).
Cuando leemos
el Libro del Génesis, encontramos que la religión, en
el sentido convencional de la palabra, comenzó únicamente
después de la expulsión de Adán y Eva del jardín,
y que la primera evidencia de ello es la construcción de los
dos altares por Caín y Abel. Esto también constituyó
el comienzo de la primera guerra religiosa. Caín era un hombre
desposado -un vegetariano, como Hitler- y Abel era un pastor que comía
carne. Sus diferentes ocupaciones les dividió apasionadamente,
y esto les dio una especie de absolutismo religioso, con el triste resultado
que todos conocemos. En
el capítulo tercero del Génesis, después del nacimiento
de Set, que era el tercer hijo de Adán, hay mención a
una nueva fase en la religión. El verso dice: 'Y a Set, a él
también le nació un hijo, que puso de nombre Enos: entonces
empezaron los hombres a llamar el nombre del Señor' (Génesis
4:26). Esto evidentemente representa el comienzo de lo que podría
llamarse el lado conceptual, verbalizado de la religión. Estos
dos grupos de referencias ilustran muy claramente que hay dos tipos
principales de religión. Está la religión de la
experiencia directa -la religión, en palabras del Génesis,
de escuchar la voz de Dios caminando por el jardín al fresco
del día, la religión del conocimiento directo de lo divino
en el mundo. Y luego está la religión de los símbolos,
la religión de la imposición del orden y el significado
del mundo a través de símbolos verbales y no verbales
y su manipulación, la religión del conocimiento sobre
lo divino más que el conocimiento directo. Estos dos tipos de
religión siempre han existido, y hablaremos de los dos.
Empezaremos con
la religión como manipulación de símbolos para
imponer orden y significado sobre el flujo de la experiencia. En la
práctica encontramos que hay dos tipos de religiones manipuladoras
de símbolos: la religión del mito y la religión
del credo y la teología. El mito es obviamente una especia de
filosofía no lógica; expresa en forma de historia o, a
menudo, en forma de alguna imagen visual, o incluso en forma de danza
o complicado ritual, algún sentimiento generalizado sobre la
naturaleza del mundo y la experiencia del hombre en relación
con él. El mito no es pretencioso, en el sentido de que no pretende
ser estrictamente cierto. Es meramente expresivo de nuestros sentimientos
sobre la experiencia.
Pero aunque sea filosofía no lógica, a menudo es filosofía
muy profunda, precisamente porque es no lógica y no discursiva.
Permite traer a colación en la historia, la imagen, la estatua
o la danza un número de aspectos dispares e incluso aparentemente
inconmensurables e incompatibles de nuestra experiencia. Los pone juntos
y los muestra como un todo indisoluble, exactamente como lo experimentamos.
En este sentido es el tipo de simbolismo más profundo. Por ejemplo,
el mito de la gran Madre, que aparece en todas las religiones tempranas,
muestra a la madre como el principio de la vida, de la fecundidad, la
fertilidad, la tierna y reconfortante compasión; pero a la vez
es el principio de la muerte y la destrucción. En el hinduismo,
Kali es a la vez la madre cariñosa y amorosa y la temible Diosa
de la destrucción, que tiene un collar de calaveras y bebe la
sangre de los seres humanos de una calavera. Esta imagen es profundamente
realista; si das la vida, también necesariamente das la muerte,
porque la vida siempre acaba en la muerte y debe ser renovada con la
muerte. La cuestión sobre si estos mitos son ciertos o no es
bastante irrelevante; simplemente expresan nuestras reacciones al misterio
del mundo en que vivimos.
Más temprano
encontramos religiones míticas no lógicas frecuentemente
asociadas a lo que ha venido a llamarse ejercicios espirituales, pero
que en verdad son ejercicios psicofísicos. Con el uso de la danza,
el canto y el gesto, consiguen un tipo de revelación genuina.
Las tensiones físicas generadas por la ansiedad y el egocentrismo
de nuestras vidas son liberadas. Esta liberación mediante gestos
físicos constituye lo que los quakers llamaron la 'apertura'
a través de la cual las fuerzas más profundas de la vida
dentro y fuera de nosotros fluyen más libremente. Es muy interesante
ver cómo incluso en nuestra propia tradición este dejarse
llevar por razones religiosas ha tenido influencias profundas y muy
saludables. Los quakers se llamaban 'quakers' por la sencilla razón
de que temblaban (quake significa temblor, earthquake: temblor de tierra).
Las reuniones de los primeros quakers a menudo acababan con la mayoría
de la asamblea realizando extraños y violentos movimientos corporales
que eran profundamente liberadores y que permitían, por así
decirlo, el flujo del espíritu.
Como dato histórico los quakers, mientras mantuvieron el quakeo,
tenían el más alto grado de inspiración y estaban
en lo más alto de su poder espiritual. Tenemos el mismo fenómeno
en los Shakers (shake=agitar), y lo vemos en el movimiento religioso
contemporáneo llamado Subud -la aparición, en asambleas
de personas, de movimientos físicos curiosamente violentos e
involuntarios que producen liberación y permiten a muchos la
aparición y el flujo interior de fuerzas espirituales profundamente
poderosas. Aquí me gustaría citar al eminente académico
islámico-francés Emil Dermenghem, quien dice que la Europa
moderna -por supuesto la Europa moderna incluye la América moderna-
se encuentra prácticamente sola al haber renunciado, en favor
de la respetabilidad burguesa y el puritanismo gálico, a la participación
del cuerpo en la búsqueda del espíritu. En la India, al
igual que en el Islam, los cantos, los ritmos y la danza son ejercicios
espirituales. Pero sólo hay pequeños rincones en nuestra
tradición que han ilustrado, mediante este permiso para utilizar
el cuerpo, que el espíritu puede liberarase mejor, un hecho que
se hace claramente manifiesto cuando estudiamos la historia de las religiones
orientales.