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Analicemos estas frases a la luz del Pato Donald. Nuestro personaje recibe un llamado pidiéndole que apague el fuego. Se le da un bastón consagrado en forma de un hacha. (Todos los maestros budistas zen usan en sus sermones este bastón que tiene su raíz en el Dao. El Daoísmo elige este símbolo extrayéndolo del reloj de sol. Se enterraba una varilla en la tierra y siguiendo el cambio de la sombra se podría ver la hora, el cambio de día y la noche, de verano en invierno. El bastón estaba en medio de la luz y la sombra y a través de su presencia las dos poderosas fuerzas del Universo, Yin y Yang se manifestaban. El bastón entonces venía a significar el Yo original. Un bastón que por más que se alargue nunca llega a la sobre abundancia; por más que se le acorte nunca se agota. Como dice Nicolás de Cues, el ‘Máximo absoluto y el Mínimo absoluto coinciden’.

Al recibir el llamado místico, el Pato Donald peca por orgullo. Rompe la ley: !Piensa en la obra y no en fruto! (Bagavadghitta). Se pavonea con los frutos que va a obtener: un puesto de gran responsabilidad del que su yo narcisístico sacará caricias y una medalla de bronce. (Si fuera un verdadero valor, la medalla sería de oro).

Piensa además guardar estos premios en un baúl, símbolo de su ego cerrado. La idea del premio ha aterrado a todos los santos. Siempre piden que se les dé el infierno por miedo a amar a Cristo sólo por deseo de obtener el paraíso y no por sí mismo. Los sobrinos que encarnan la lucha generacional, - son los nuevos ejemplares de hombres, jóvenes, asociados en grupo- (‘mejores son dos que uno, porque ¿si uno cayere?, ¿quién lo levantara? ‘Un haz de varillas no presto se rompe’ Eclesiastés) representan al moderno pensamiento colectivo, a la gestalt, a la realización social antes que individual.  Ellos son tres y a la vez uno. Hablan una frase dividiéndose las palabras. Así: A.-‘Suena la alarma... B.- ... y el tío debe... C.- estar dormido’. Estos sobrinos relegados por el pensamiento ególatra son los que despiertan al sonar de la alarma. Son los que se preocupan de apagar el fuego anónimamente, son los que piensan en la obra y, por último, son los que tratan de ayudar al Otro. Ellos ‘tienen’ y por eso se les da el mejor carro de bomberos. El pato Donald ‘no tiene’ por eso mismo se le va quitando. Al final ni siquiera puede apagar el fuego que hay en sí mismo. Este fuego interior pide agua, ¿qué significa esto?

Tellarhd de Chardin nos da la respuesta: ‘El fuego, este principio del ser... Al comienzo había el verbo... no había el frío ni las tinieblas; había el Fuego... y por la virtud de su inmersión en el seno del Mundo, las grandes aguas de la materia, sin un temblor, se cargaron de vida. Nada tembló, en apariencia, bajo la inefable transformación. Y sin embargo, misteriosa y realmente, al contacto de la sustancial Palabra, el Universo, inmensa Hostia, se hizo Carne. Toda materia está desde ahora encarnada, Dios mío, por tu encarnación’.

El llamado de la Palabra-Fuego Divino necesita del Pato Donald para que este la riegue el agua de su materia. El Pato, al dormirse, no deja que se provoque la comunión y al no apagar el fuego, la divinidad no puede encarnarse en él.

Pasemos al Koan 42. ‘La mujer sale de su concentración’. Una mujer cae en concentración junto a Buda. Otros santos se quejan porque ella merece este honor de estar junto al Buda. Ese les dice que la saquen de su meditación. Ninguno puede. Llama al buda a ‘ignorancia’. Este se acerca a la mujer, hace sonar sus dedos y
ella se despierta inmediatamente.

El contenido es muy claro: ni la ciencia no la discusión ni la investigación pueden dar el Satori. Sólo la Ignorancia, sin forma, lo encuentra. Houang-Po dice en su ‘Esencia de la ley que se transmite por el espíritu’: ‘Incluso si todas las divinidades pasan sobre las arenas del Ganges, estas no son felices. Incluso si todos los corderos, insectos y hormigas pasan hollándolas con sus pies, las arenas no se encolerizan. Las arenas no desean ni envidian tesoros maravillosos y perfumes refinados. Las arenas tampoco odian las carroñas ni las basuras malolientes. Este espíritu es el espíritu sin conciencia’.

El Pato Donald, moderno Prometeo, recibe el llamado para que apague su pequeña hoguera mental, producto de unos cuantos cohetes, y se sumerja en el gran fuego-inconsciente-universal. Es evidente que la anormalidad del exceso de pensamiento dualístico, hace sufrir al hombre. He aquí por qué el Pato chilla cuando se le comienza a quemar la casa. Necesita el Satori, pero le teme. Deja la oportunidad y tristemente, aferrado a su costal filosófico, ve alejarse a las nuevas generaciones diciendo para consolarse: ‘¡Tienen mucha suerte!’. Creyendo que ellos no obtuvieron por un trabajo interior constante que respondía a todas las llamadas, sino que sin trabajar les dieron. 

¡Pobre Pato Donald! Todo se le irá quitando, porque, aferrado a sus concepciones mentales anquilosadas, espera que le den, sin trabajar por lograrlo. 

¿Y cómo lograr? El camino para el Pato Donald está trazado en el cuento: debe dedicarse a limpiar su baúl, arrojando de él todas las medallas de cobre.