LA FUNCIÓN
TRASCENDENTE
Extraído de: "The Structure
and Dinamics of the Psyche"
Carl Gustav Jung
Traducción de Pablo López Pavillard
Escrito en 1916 bajo el título 'Die Transzendente Funktion',
el manuscrito permaneció entre los archivos del profesor Jung
hasta 1953. Fue publicado por primera vez en 1957 por la Asociación
de Estudiantes del Instituto C.G. Jung en Zurich, en una traducción
inglesa de A. R. Pope. El original en alemán, considerablemente
revisado por el autor, fue publicado en Geist und Werk...zum 75. Geburstag
von Dr. Daniel Brody (Zurich, 1958), junto con una nota preliminar en
un sentido más general escrita especialmente para ese volumen.
La presente traducción está basada en una traducción
inglesa de la versión alemana revisada incluida en el volumen
'Jung on Active Imagination', editado por Joan Chodorow, (Princeton
University Press) y la traducción de A. R. Pope ha sido consultada.
No hay nada misterioso o metafísico en el término 'función
trascendente'. Significa una función psicológica comparable
en sus formas a una función matemática del mismo nombre,
que es una función de números reales e imaginarios. La
"función trascendente" psicológica surge de
la unión de contenidos conscientes e inconscientes.
La experiencia en psicología analítica ha mostrado ampliamente
que los contenidos y tendencias de lo consciente e inconsciente rara
vez coinciden. Esta falta de paralelismo no es accidental ni carente
de propósito, sino que es debido al hecho de que lo inconsciente
se comporta de manera compensatoria o complementaria en relación
con lo consciente. También podemos decir que lo consciente se
comporta de manera complementaria en relación con lo inconsciente.
Las razones de esta relación son:
(1) La consciencia posee un umbral de intensidad cuyos contenidos han
debido adquirir, de manera que todos los elementos que son demasiado
débiles permanecen en el inconsciente.
(2) La consciencia,
debido a sus funciones dirigidas, ejerce una inhibición (que
Freud llama censura) sobre todo el material incompatible, con el resultado
de que se hunde en el inconsciente.
(3) La consciencia
constituye el proceso momentáneo de adaptación, mientras
que el inconsciente no sólo contiene todo el material olvidado
del pasado del individuo, sino también todas las trazas del comportamiento
heredado que constituyen la estructura de la mente.
(4) El inconsciente
contiene todas las combinaciones de fantasías que no han alcanzado
todavía el umbral de intensidad, pero que con el tiempo, y bajo
las condiciones adecuadas, entrarán en la luz de la consciencia.
Esto explica la actitud complementaria de lo inconsciente hacia lo consciente.
El carácter definitivo y dirigido de la mente consciente es una
cualidad que se ha adquirido relativamente tarde en la historia de la
raza humana y es, por ejemplo, en gran parte inexistente entre los primitivos.
Estas cualidades se encuentran a menudo alteradas en el paciente neurótico,
que difiere de la persona normal en que su umbral de consciencia se
desplaza más fácilmente; en otras palabras, la partición
entre consciente e inconsciente es mucho más permeable. El psicótico,
por otro lado, está bajo la influencia directa del inconsciente.
El carácter definitivo y dirigido de la mente consciente es una
adquisición extremadamente importante que la humanidad ha adquirido
a costa de un grave sacrificio y que a cambio le ha otorgado el mayor
de los servicios. Sin estas cualidades la ciencia, la tecnología
y la civilización serían imposibles, ya que todas asumen
la fiabilidad de la continuidad y dirigibilidad del proceso consciente.
Para el político, el doctor y el ingeniero al igual que para
el más simple trabajador, estas cualidades son absolutamente
imprescindibles. Podríamos decir que, en general, la inaptitud
social se incrementa a medida que estas cualidades son afectadas por
el inconsciente. Los grandes artistas y otras personas distinguidas
con dones artísticos son, por supuesto, excepciones a esta regla.
La ventaja que estas personas disfrutan consiste precisamente en la
permeabilidad de la partición entre consciente e inconsciente.
Pero, para aquellas profesiones y actividades sociales que requieren
esta continuidad y fiabilidad, estos excepcionales seres humanos son,
por regla general, de escaso valor.
Así pues, es comprensible, e incluso necesario, que en cada individuo
el proceso psíquico sea lo más estable y definitivo posible,
ya que las exigencias de la vida así lo demandan. Pero esto implica
una cierta desventaja: la cualidad de dirigir es la responsable de que
se inhiban o excluyan todos aquellos elementos psíquicos que
parecen ser, o son, incompatibles con ella, por ejemplo, podría
influir en la intención original para satisfacer sus propósitos
y así dirigirse a un objetivo no deseado. ¿Pero cómo
sabemos que el material psíquico concurrente es "incompatible"?
Lo sabemos mediante un acto de juicio que determina la dirección
del camino elegido y deseado. Este juicio es parcial y arbitrario, ya
que escoge una posibilidad en detrimento de todas las demás.
El juicio, en cambio, está siempre basado en la experiencia,
por ejemplo, en lo que ya se sabe. Como regla general, nunca está
basado en lo que es nuevo, en lo que todavía es desconocido,
y en lo que bajo ciertas condiciones pudiera enriquecer considerablemente
el proceso dirigido. Es evidente que no puede ser así, por la
misma razón por la que los contenidos inconscientes son excluidos
de la consciencia.
Mediante semejantes actos de juicio, el proceso dirigido se hace necesariamente
parcial o unilateral, incluso cuando el juicio racional pueda parecer
completo e imparcial. La misma racionalidad del juicio puede ser el
peor prejuicio, ya que llamamos razonable a lo que nos parece razonable.
Lo que no nos parece razonable está entonces destinado a ser
excluido por su carácter irracional. Puede ser ciertamente irracional,
pero puede también meramente parecer irracional sin que lo sea
cuando se ve desde otro punto de vista.