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DAOÍSMO, EL COMIENZO DEL CAMINO

Holmes Welch

Traducido por Gonzalo Pavillard

Nota del Traductor
Explicar el Daoísmo (Taoísmo) es ciertamente una tarea difícil, principalmente el filosófico. Explicar abstracciones absolutas como el mismo concepto de Dao o de la inacción es siempre un ejercicio muy laborioso que debe contar con la absoluta empatía de quien escucha.
A esta dificultad hay que añadir el hecho que el Daoísmo filosófico dista mucho del Daoísmo religioso. El filosófico es el que conocemos en Occidente. Sin embargo lo más cerca que del Daoísmo la mayoría de los occidentales lleguen jamás a estar será cuando visiten algún templo daoísta en algún viaje a China o a otro país de Asia. Y son en esos templos donde uno se puede dar cuenta del gran ‘colacao’ panteístico que es el Daoísmo religioso, donde igualmente pueden convivir en un mismo templo, Confucio, Lao Zi, Avalotiquesvara, el Emperador de Jade y algún demonio local. Estas son algunas de las figuras más habituales en los templos daoístas, y es el Daoísmo que el común de los mortales conoce en China.

La cultura china es tan extensa, su historia y su pensamiento, que si uno no quiere verse irremediablemente abrumado debe escoger bien sus lecturas para hacer una aproximación ordenada, que le de primero una perspectiva más global y le ayude a separar la paja del grano, antes de adentrarse en el detalle. Siendo el Daoísmo un tema tan vasto y con tantas implicaciones en todos los aspectos de la cultura china un texto así es particularmente necesario. Y es quizás este trabajo de Holmes Welch una de esas lecturas recomendadas para iniciarse en el conocimiento del Daoísmo.

Primero por empezar haciendo una aproximación desapasionada y realista a la figura histórica de Lao Zi, admitiendo sus imposibles limitaciones. Luego por admitir así mismo las limitaciones que el idioma y los textos originales presentan, mostrando incluso el mismo proceso de traducción, para que el lector pueda comprender por sí mismo la dificultad que comprende ponerse de acuerdo en el significado correcto del chino arcaico en los textos clásicos. Y tercero haciendo una clara distinción entre ambas formas, el filosófico y el religioso, disipando por fin tantas lagunas y malos entendidos, haciendo con ello una cronología hasta nuestros días. Es como poner el escritorio en orden antes de ponerse a escribir; imprescindible para aclarar la confusión que generalmente acompaña a todo lo relacionado con el Daoísmo.

Finalmente, y es quizás la razón principal por la que recomiendo su lectura, Welch hace una aproximación no sólo desde el punto de vista del sinólogo, como son la inmensa mayoría, principalmente centradas en la interpretación más o menos correcta de un texto, sino que lo aborda también dentro del contexto de la tradición mística. Pues es finalmente el Daoísmo auténtico, el que a nosotros nos interesa, una experiencia mística, extática, que nos debe permitir conocer las relaciones no-evidentes entre las ’10.000’ cosas. La ‘unidad subyacente’ que es el Dao.

Para esta traducción-introducción he escogido tres capítulos: La Parte Primera: “El Problema de Lao Zi”, y de la Parte Tercera: “El Comienzo del Daoísmo” y “El Período del Sincretismo”, estos dos últimos tratan fundamentalmente del origen del Daoísmo religioso. La primera parte ha sido la más difícil pues trata de una traducción del Dao De Jing (Tao Te Ching) del chino al inglés que yo he tenido que trasladar a una traducción del chino al castellano. Para el Dao De Jing me he basado en las traducciones que ya existen en castellano y que están acreditadas en el texto, con la excepción de una traducción del alemán de la versión de Wilhelm, de la que no he encontrado autor.

Sin embargo aunque las traducciones son las originales de sus autores he escogido unas u otras en función de su semejanza con los ejemplos aludidos por Welch y que principalmente vienen de las traducciones de Arthur Waley y Lin Yutang. Para la explicación sintáctica de la traducción me he valido también de mi propio conocimiento del chino, que aún siendo básico es suficiente para comprender los ejemplos que Welch pretende demostrar. Espero que hayan quedado suficientemente claros.

Acerca de la romanización
No quiero desaprovechar esta oportunidad para aclarar el tema de las romanizaciones del chino. Creo que todo el que esté acostumbrado a leer traducciones del chino o textos referidos a asuntos relacionados con China esta ya más que resignado a no solo no ser capaz de pronunciar los nombres chinos bien, sino mucho menos a poder seguir una referencia concreta, ya sea de un lugar, un libro o una persona. ¿Se escribe Tao o Dao? ¿Cómo se pronuncia correctamente? ¿Se escribe Chuang-tzu, Chuang Tse o Zhuang Zi? ¿Son la misma persona? ¿Por qué se iba uno a molestar en seguir una referencia si estas aparecen escritas de manera diferente en según qué libro o publicación?

Sin embargo, no poder seguir, buscar, una referencia en un libro te priva de una parte importantísima de su disfrute y de su enseñanza. ¿Cómo es posible que ni siquiera uno pueda ubicar el nombre de tal ciudad donde transcurre la acción en una novela porque esta va escrita en una romanización ya en desuso? (esto añadido al hecho que en chino una misma sílaba puede expresar muchos caracteres diferentes). Es realmente descorazonador y como digo, al final todo el mundo acaba resignado a que las cosas escritas en chino le sigan ‘sonando a chino’. No hay uniformidad de criterios. Pero el problema no es del escritor sino de los editores, que no se han enterado aún que hay una romanización universalmente aceptada y perfectamente coherente, en funcionamiento desde el año 79 y que además, afortunadamente para nosotros los hispano parlantes, está en buena parte basada en la fonética del latín, o sea similar al castellano. Vamos por eso a disipar aquí, de una vez por todas, las dudas y malos entendidos que hay en torno a las romanizaciones de los caracteres chinos.