Descarga este artículo
en PDF aquí

Página 1 2 3 4 5 6

EL SENTIDO DAOÍSTA DE LA NATURALEZA
Joseph Needham
Traducido del Inglés por Marisa Balseiro
Publicado en la Revista El Paseante

ATARAXIA
Son innumerables los pasajes de escritos daoístas donde se describe la ataraxia. Un ejemplo excelente es la escena imaginada a la muerte de Lao Zi (Lao Tse). Al entrar Qin Shi en la Cámara y lamentarse de una manera mecánica, uno de los discípulos le reprendió; pero él repuso:

Todo este dolor (excesivo) es -violar el principio de la Naturaleza (dun tian) y doblar la emoción del hombre, olvidando lo que hemos recibido de la Naturaleza. A esto lo llamaban los antiguos el castigo de violar el principio de la Naturaleza. Cuando el maestro vino, fue porque tuvo ocasión de pacer. Cuando se fue, no hizo sino seguir el curso normal. Los que están callados (an) Cuando hay que estarlo y siguen el curso de la Naturaleza, ni el dolor ni la alegría les pueden afectar. Son los que los antiguos consideraban hombres liberados de la esclavitud por el Señor (de lo Alto).

El paralelismo con los epicúreos y Lucrecio es inequívoco y muy estrecho. El De rerum natura habla de la ciencia como único remedio a los múltiples temores de los hombres: Por tanto, si conviene nos es la ciencia de los fenómenos celestes, cómo recorren el sol y la luna sus órbitas, y en virtud de qué fuerza cada cosa se produce en la tierra, impórtanos sobre todo indagar con sagaz raciocinio de qué elementos constan el alma y espíritu, y qué cosa es esa que, saliendo a nuestro encuentro cuando estamos despiertos pero debilitados por la enfermedad, o sepultados en el sueño, llena de pavor nuestra mente, hasta hacernos creer que oímos y vemos cara a cara a seres que han afrontado ya la muerte y cuyos huesos abraza la tierra.

Y Lucrecio repite (por lo menos tres veces) en su largo poema un pasaje que habría podido servir de canto de batalla a las primerísimas huestes de la ciencia: Hunc igitur terrorem animi tenebrasque necesset non radii solis neque lucida tela diei discutiant, sed naturae species ratioque. Este terror, pues y estas tinieblas del espíritu, necesario es que las disipen, no los rayos del sol no los lúcidos dardos del día, sino la contemplación de la Naturaleza y la ciencia.
Zhuang Zi (Chuang Tse) se eleva a sus mayores alturas en una serie de pasajes, semejantes a los que se encuentran en otros autores daoístas, donde habla de ‘cabalgar sobre la normalidad del universo’ o sobre ‘la infinitud de la Naturaleza’, y con ello describe la sensación de liberación que podían alcanzar los que supieran abstraerse de las disputas triviales de la sociedad humana y unificarse en el gran mundo de la naturaleza.

Esa unificación entrañaba, sin duda, un fuerte componente religioso, pues, como ya se ha dicho, la experiencia religiosa no se había diferenciado aún del convencimiento científico de la unidad de la Naturaleza. Pero había también un componente mágico, una cuasi creencia en que el sabio perfeccionado podría realmente cabalgar sobre los vientos y las nubes, una psicología voluntarista en la que no faltaba un claro tono de afirmación baconiana de los poderes futuros sobre la naturaleza que podían estar reservados a sus investigadores. Este componente era, huelga decirlo, grato a los magos chamanistas que se mezclaban con los daoístas,  y su importancia fue en aumento conforme a los filósofos sucedían los ‘adeptos’. A tales pasajes se les podría denominar pasajes de Cheng, porque ‘cabalgar’ es en ellos la palabra clave; aunque un término técnico conexo es you, ‘excursionar’.

La idea se presenta así:
Se puede esconder una barca en una cala, una nasa en un lago. Podría decirse que están muy seguras. Pero a la medianoche puede llegar un hombre fuerte y llevárselas cargadas a la espalda. Los ignorantes no ven que, por muy bien que se escondan las cosas, las pequeñas dentro de las grandes, siempre existe la posibilidad de que se pierdan. Pero si escondes el universo en el universo, no habrá sitio donde se pueda perder. Ésta es una gran verdad. Haber alcanzado la forma humana es una fuente de alegría. Pero en la infinidad de cambios (wan hua) hay miles de otras hormas igualmente buenas. ¡Qué gozo incomparable es pasar por esas incontables transiciones! Por eso los sabios excursionan a aquello de lo que las cosas no pueden escapar, y así perviven siempre.
Lo que aquí sugiere Zhuang Zi es que no es prudente situar los afectos en otra cosa que no sea la totalidad de la Naturaleza. Solo la contemplación de la Naturaleza puede liberar al hombre del miedo y de la decepción. El que sea capaz de zambullirse en la Naturaleza resuelto a no retraerse de nada por demasiado trivial, demasiado doloroso, demasiado repugnante, demasiado horrible para ser nombrado e investigado, vencerá al miedo, será invulnerable y -cabalgará sobre las nubes-. Así: Lie Zi cabalgaba sobre el viento. Navegando fríamente y con habilidad, viajaba quince días sin regresar. Podía alcanzar esa felicidad porque no la estaba buscando siempre. Ahora bien, aunque pudiera prescindir de caminar, aun así dependía de algo (el viento). Pero ¿y si hubiera alguien que cabalgase sobre la normalidad del universo, y delante de sí condujera como tronco los cambios de las seis energías (de las estaciones), vagando de ese modo por el reino de lo inextinguible.

¿De que necesitaría depender?
Por si se piensa que esta interpretación es poner en el pensamiento de los antiguos daoístas unas ideas que no tenían, he aquí un pasaje decisivo de Huai Nan Zi, que declara la situación con toda llaneza y sin imaginería poética: Al que es de natural inteligente no le aterroriza ninguna de las operaciones de la Naturaleza; al que es sabio por experiencia no le desasosiega ningún fenómeno extraño. El sabio infiere lo lejano de lo cercano, y concluye que la multitud de cosas se basa en un único principio. Y este tema no se apagó nunca en el Daoísmo, por más que su filosofía quedara sepultada bajo la magia y la superstición. Pensadores del siglo III como He Yan y Zhong Hu mantuvieron la doctrina de la impasibilidad del sabio. El Guan Yin Zi (probablemente obra de un maoísta del siglo VIII) dice, muchos años después:

Las mentes ocupadas en el infortunio pueden ser invadidas y controladas por demonios. Las mentes ocupadas en amores pueden ser atacadas por fantasmas lujuriosos. Las mentes preocupadas por aguas profundas pueden ser víctimas de los espectros de los ahogados. Las mentes proclives a la actividad irrefrenada pueden ser atacadas por fantasmas locos. Las mentes ocupadas en juramentos pueden ser atacadas por fantasmas mágicos. Las mentes absortas en las drogas y en la comida tentadora [lit. los cebos] pueden ser atacadas los fantasmas de cosas materiales. Esos toman forma de sombras, viento, qi, imágenes de arcilla, pinturas, animales viejos o vasijas viejas [ ... ] Las mentes poseídas por espíritus a veces ven cosas extrañas y anormales, o incluso afortunadas, y por ellas pronostican con acierto; a menudo se envanecen, diciendo que no están poseídas por espíritus sino que tienen un Dao especial, pero después mueren por madera, metal, soga o caída a un pozo. Solo el sabio puede controlar a los espíritus y no ser controlado por los espíritus. Sólo él sabe hacer uso de todas las cosas, captar sus mecanismos, enlazar todas las cosas, dispersar todas las cosas, defender todas las cosas. Pues cada día el sabio afronta los hechos de la Naturaleza, y su mente no se turba.