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Se puede ver la tendencia a incorporar una apreciación y aceptación de estos cambios a esa comprensión de la Naturaleza que estaba en la base de la ataraxia. O tranquilidad del espíritu. El Dao es aquello que acompaña a todas las demás cosas y las recibe, que está presente cuando son derrocadas y cuando llegan a su perfección; es la Tranquilidad que hay en el centro de todas las Perturbaciones. Produce la plenitud y el vacío (ying xu), pero no es ni plenitud ni vacío; produce le marchitamiento y la aniquilación (shuai sha), pero no es marchitamiento ni aniquilación; produce raíces y ramas (ben mo), pero no es raíz ni rama; produce acumulación y dispersión (ji san), pero no es él mismo acumulado ni disperso. Se pueden hallar numerosos pasajes paralelos, por ejemplo en Lie Zi, donde todo ‘fin’ se propone como ‘comienzo’ de otra cosa; Guan Zi, Huai Nan Zi, etcétera.
La gran dificultad del cambio está en saber cuándo se han rebasado los límites de una categoría y se ha entrado en la categoría siguiente. Esas transiciones imperceptibles han sido siempre, por lo tanto, la espina que ha tenido clavada la lógica formal, como podemos ver si comparamos los lechos de Procrustes de la ciencia victoriana con las concepciones, paradójicas pero al mismo tiempo poderosas y expresables en términos matemáticos, de la ciencia de hoy, o remontándonos más atrás, la flexibilidad de la ciencia del siglo XVII, con el rígido formalismo aristotélico de la Edad Media, del cual había luchado victoriosamente por liberarse. La reconciliación dialéctica de las contradicciones en una síntesis superior, que tan a menudo se ve en la ciencia, aparece con mucha claridad en los textos maoístas, especialmente en el capítulo II del Zhuang Zi. Entre las numerosas afirmaciones y negaciones, el sabio no se da a partido; antes bien, reconociendo que la verdad puede estar repartida entre muchas opiniones, forja su juicio a la luz del Cielo. Los que expresan opiniones no se dan cuenta que todas aciertan en parte y en parte yerran; sólo se pueden juzgar desde el ‘eje’ del Dao, en torno al cual gira toda la naturaleza.
La armonización de las opiniones contrapuestas sólo se puede hallar en las operaciones invisibles del Cielo, y rastreando estas en el pasado sin límites. El locus classicus sobre el tema es la parábola de los monos.
Cansar el propio espíritu e inteligencia para unificar cosas sin saber que están ya concordes, eso se llama ‘tres por la mañana’. ¿Qué se pretende decir con eso? El guardián de unos monos dijo, a propósito de su ración de nueces, que cada mono recibiría tres por la mañana y cuatro por la noche. Pero ante eso los monos se enojaron mucho. Entonces dijo el guardián que podían tomar cuatro por la mañana y tres por la noche, y con ese arreglo quedaron todos complacidos. Sus dos propuestas eran esencialmente la misma, pero una enfureció a los animales y la otra les satisfizo. Asó los sabios armonizan las afirmaciones ‘es’ y ‘no es’ y descansan en las igualaciones naturales del Cielo. A esto se llama ‘seguir dos cursos a la vez’.
Esta nota dialéctica de Zhuang Zi, y en los daoístas en general, ha sido objeto de un interesantes análisis por parte de Tang Yunyi; que trata de hacer una comparación detallada con Hegel. Tanto Zhuang Zi como Hegel habrían suscrito la tesis del cambio como algo eterno, y de la realidad como proceso, y ambos habrían denunciado esa filosofía perenne que ha querido negar la realidad del cambio o interpretarlo únicamente en función de una entidad eterna inalterable.
Más adelante encoraremos indicios, al menos, de un reconocimiento similar del proceso y la dialéctica de la lógica de al escuela mohista, y habrá que tener en cuenta estas tendencias con miras al balance final con que ha de concluir este libro. Allí tendremos que hablar, por ejemplo, de en qué medida la estructura de la propia lengua china alentó a esos pensadores antiguos a desarrollar un enfoque, no sólo del tipo de pensamiento que se suele llamar hegeliano, próximo al de Whitehead, sino, de una manera todavía más fundamental y exacta, de lo que ahora se investiga bajo el epígrafe de lógica combinatoria.
En conjunto los daoístas se resistieron a elaborar una cosmogonía, considerando sabiamente que las operaciones creadoras originales del Dao deben permanecer para siempre incognoscibles. El Dao De Jing, sin embargo, tiene un pasaje que encierra un mito cosmogónico (capítulo XLII):
El Dao engendra el uno,
El uno engendra al dos,
El dos engendra al tres,
El tres engendra los diez mil seres.
Los diez mil seres contienen en su seno el yin y el yang.
Los dos soplos vitales (qi) se compensan en un
Soplo vital armónico […]
Las cosas aumentan al disminuirlas,
Disminuyen al aumentarlas.(Lao Zi)
Aparte de la alusión al cambio cíclico, al llegar a ser y dejar de ser, que de nuevo nos recuerda a Aristóteles, el significado de la afirmación no está del todo claro. Erkes, que ha dedicado especial atención a este pasaje, ve en él un una alusión a la idea del Huevo Cósmico, que parece haber existido en el pensamiento chino antiguo lo mismo que en el pensamiento europeo antiguo. Otro pasaje cosmogónico, más largo pero un tanto confuso, se encuentra al principio del capítulo II del Huai Nan Zi. Estas ideas antiguas no han sido sometidas aún, al parecer, aun examen comparativo y un esclarecimiento detallado.
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