Desde ese punto
de vista no hay alternativa posible. Este tipo de religión fundamentalista
se encuentra en todos los rincones del mundo. Yo no discuto nada de
eso; lo único que afirmo es que ese tipo de religión,
la religión exotérica, no tiene nada que ver con la religión
mística, esotérica o la experimentable. Ese es el tipo
de religión o espiritualidad que verdaderamente me interesa.
EZ: ¿Qué significa esotérico?
KW: Interno u oculto. Una religión no es esotérica
o mística porque sea oculta, secreta o algo por el estilo, sino
porque es una cuestión de experiencia directa y de consciencia
personal. La religión esotérica no te pide que tengas
fe en nada o que te sometas dócilmente a algún dogma.
La religión esotérica, por el contrario, consiste en un
conjunto de experimentos personales que llevas a cabo científicamente
en el laboratorio de tu propia consciencia. Como toda ciencia que se
precie, la religión esotérica no se basa en las creencias
o los deseos sino en una experiencia directa validada y verificada públicamente
por un grupo de iguales que también han llevado a cabo el mismo
experimento. Ese experimento es la meditación.
EZ: Pero la meditación es privada.
KW: No, no lo es. No es más privada que digamos, por ejemplo,
las matemáticas. No existe la menor evidencia sensorial o empírica
de que el cuadrado de -1 sea igual a uno. La veracidad o falsedad de
este tipo de afirmaciones descansa exclusivamente en su conformidad
o inadecuación a ciertas reglas de lógica interna. Así
pues, en el mundo externo no es posible encontrar ningún número
negativo; eso sólo existe en nuestra propia mente. Pero que sólo
exista en nuestra mente no significa que sea falso, no implica que sea
un conocimiento privado y que no pueda ser validado públicamente.
Su veracidad, por el contrario, es validada por una comunidad de matemáticos
experimentados, personas que conocen la forma de realizar el experimento
lógico necesario para decidir su verdad o su falsedad. Exactamente
del mismo modo, el conocimiento meditativo es un conocimiento interno.
Pero, al igual que ocurre con las matemáticas, se trata de un
conocimiento que puede ser validado públicamente por una comunidad
de meditadores experimentados que conocen la lógica interna de
la experiencia contemplativa.
La veracidad del teorema de Pitágoras, por ejemplo, no se determina
por sufragio universal, sino que son los matemáticos experimentados
quienes deciden al respecto. De manera similar, las distintas tradiciones
espirituales afirman, por ejemplo, que la experiencia íntima
del Ser es una con la experiencia del mundo externo. Pero, en cualquiera
de los casos, se trata de una verdad que puede ser verificada experimental
y vivencialmente por cualquiera que lleve a cabo el experimento adecuado.
Y, tras unos seis mil años de experimentación, es perfectamente
lícito extraer ciertas conclusiones y postular determinados teoremas
espirituales, por así decirlo. Esos teoremas espirituales constituyen
el núcleo mismo de las tradiciones de la sabiduría perenne.
EZ: Pero, ¿por qué se les considera ocultas?
KW: Porque hasta que no lleves a cabo el experimento no sabrás
lo que ocurre y, por consiguiente, no estarás autorizado para
votar, del mismo modo que si no aprendes matemáticas no te permiten
dictaminar sobre la veracidad o falsedad del teorema de Pitágoras,
lo cual no quiere decir que no puedas tener opiniones al respecto. Pero
al misticismo no le interesan las opiniones, sino el conocimiento. La
religión esotérica, el misticismo, permanece oculta a
toda mente que no lleve a cabo el experimento adecuado. Eso es todo
lo que significa el término esotérico.
EZ: Pero las religiones son muy diferentes entre sí.
KW: Las religiones exotéricas difieren enormemente entre
sí, pero las religiones esotéricas de todo el mundo son
prácticamente idénticas. Como ya hemos visto, el misticismo
o esoterismo es, en un sentido amplio del término, científico,
y al igual que no existe una química alemana diferente de la
química americana, tampoco existe una ciencia mística
hindú diferente de la musulmana. Más bien al contrario,
ambas están fundamentalmente de acuerdo en la naturaleza del
alma, la naturaleza del Espíritu y la naturaleza de su identidad
suprema, por nombrar tan sólo algunas de sus múltiples
coincidencias. Eso es lo que los eruditos denominan la unidad trascendente
de las religiones del mundo -es decir, el núcleo esotérico
que las unifica-. Obviamente, sus estructuras superficiales varían
enormemente, pero sus estructuras profundas, en cambio, son prácticamente
idénticas y reflejan la unanimidad del espíritu humano
y sus leyes reveladas fenomenológicamente.
EZ: Lo que dices es muy importante pero no pareces creer -a diferencia
de Joseph Campbell- que las religiones míticas transmitan ningún
conocimiento espiritual válido.
KW: Eres muy libre de interpretar los mitos de las religiones
exotéricas como más te plazca. Puedes, como hace Campbell,
interpretar los mitos como alegorías o metáforas de verdades
trascendentes. Puedes, por ejemplo, interpretar que el nacimiento virginal
de Cristo significa que obraba espontáneamente desde su verdadero
Yo (con mayúscula), lo cual es precisamente lo que yo opino.
Pero el problema es que quienes creen en los mitos no suelen admitirlo
así. Ellos creen, por ejemplo, que María era realmente
virgen cuando concibió a Jesús. Los creyentes míticos
no interpretan alegóricamente los mitos, sino que lo hacen de
una manera literal y concreta. En su tentativa de salvar los mitos,
Joseph Campbell viola el mismo tejido de las creencias míticas,
lo cual constituye un error inaceptable.
Campbell parece decir al creyente mítico: Yo sé lo que
realmente quieres decir. Pero el problema es que eso no es lo que ellos
quieren decir. En mi opinión, su enfoque es básicamente
erróneo ya desde su comienzo. Ese tipo de mitos es muy corriente
entre los niños de seis a once años y corresponde al nivel
de desarrollo cognitivo que Piaget denomina período de las operaciones
concretas. Como reconoce incluso el mismo Campbell, las actuaciones
espontáneas de los niños de siete años de hoy en
día constituyen una muestra muy representativa de casi todos
los grandes mitos exotéricos del mundo entero. Sin embargo, con
la aparición de la siguiente estructura de consciencia -el estadio
de las operaciones formales o racional- ese mismo niño abandona
las representaciones míticas, momento a partir del cual el niño
-a menos que viva en una sociedad que aliente de un modo u otro las
creencias míticas- deja de creer en ellas. Pero, en general,
la mente racional y reflexiva considera que los mitos no son más
que eso -mitos-, mitos útiles y necesarios hasta llegar a alcanzar
un determinado momento evolutivo, pero insostenibles a partir de entonces.