Pero Jung utiliza
el término refiriéndose a ciertas estructuras míticas
básicas que son comunes a todos los seres humanos, como el tramposo,
la sombra, el Sabio, el ego, la máscara, la Gran Madre, el ánima,
el ánimus y otros. Para Jung, pues, los arquetipos no son tanto
trascendentales como existenciales, simples facetas de la experiencia
comunes a la condición humana cotidiana. Coincido con él
en que esas formas míticas constituyen un legado colectivo, y
también estoy plenamente de acuerdo en que es muy importante
llevarse bien con esos arquetipos míticos.
Si, por ejemplo, tengo un problema psicológico con mi madre,
si tengo lo que se llama un complejo materno, es importante que me dé
cuenta de que gran parte de la carga emocional no sólo proviene
de mi propia madre biológica sino también de la Gran Madre,
una poderosa imagen del inconsciente colectivo que es, por así
decirlo, la quintaesencia de todas las madres del mundo. Es decir, el
psiquismo parece llevar integrado en sí mismo la imagen de la
Gran Madre, del mismo modo que también parece estar equipado
con las formas rudimentarias del lenguaje, la percepción y diversas
pautas instintivas. De este modo, si se reactiva la imagen de la Gran
Madre, no sólo tendré que habérmelas con mi propia
madre biológica, sino también deberé afrontar miles
de años de experiencia materna. Así pues, la imagen de
la Gran Madre conlleva una carga que hace que tenga un impacto muy superior
al de mi propia madre biológica. Llegar a entrar en contacto
con la Gran Madre a través del estudio de los mitos de todo el
mundo, constituye una buena forma de hacer frente a esa forma mítica,
de volverla consciente y así poder diferenciarse de ella. Estoy
totalmente de acuerdo con Jung sobre este punto. Pero, en cualquier
caso, esas formas míticas no tienen nada que ver con el misticismo,
con la auténtica consciencia trascendental.
Lo explicaré de una manera más sencilla. El gran error
de Jung, en mi opinión, consistió en confundir lo colectivo
con lo transpersonal (con lo místico). El hecho de que mi mente
herede ciertas formas colectivas no significa que esas formas sean místicas
o transpersonales. Todos heredamos colectivamente diez dedos en los
pies, por ejemplo, pero el hecho de experimentar los diez dedos de mis
pies no supone en modo alguno estar viviendo una experiencia mística!
Los arquetipos de Jung no tienen prácticamente nada que ver con
la consciencia auténticamente espiritual, trascendental, mística
y transpersonal; son formas heredadas colectivamente que compendian
algunos de los encuentros más fundamentales, cotidianos y existenciales
de la condición humana: la vida, la muerte, el nacimiento, la
madre, el padre, la sombra, el ego, etcétera. Pero en esto no
hay nada místico. Colectivo sí, pero transpersonal no.
Hay elementos colectivos prepersonales, elementos colectivos personales
y elementos colectivos transpersonales; y Jung no los diferencia con
la claridad necesaria. Es ese descuido, en mi opinión, lo que
desvirtúa toda su comprensión del proceso espiritual.
Así que estoy de acuerdo con él en que es muy importante
entenderse con las formas tanto del inconsciente mítico personal
como del inconsciente colectivo. Pero ninguno de ellos está relacionado
con el verdadero misticismo, que consiste en encontrar, en primer lugar,
la luz más allá de la forma, y en segundo, la ausencia
de forma más allá de toda luz.
EZ: Pero tropezar con el material arquetípico del psiquismo
puede constituir una experiencia muy poderosa y, en ocasiones, hasta
muy sobrecogedora.
KW: Sí, porque los arquetipos son colectivos y su poder
trasciende, con mucho, al individuo: cuentan con el poder de millones
de años de evolución a sus espaldas. pero colectivo no
significa transpersonal. El poder de los verdaderos arquetipos, los
arquetipos transpersonales, se deriva directamente del hecho de que
son las primeras formas del Espíritu atemporal. El poder de los
arquetipos jungianos, por su parte, se deriva del hecho de ser las formas
más antiguas de la historia temporal.
Como constató el mismo Jung, es necesario alejarse de los arquetipos
y diferenciarse de ellos para liberarse de su poder, un proceso al que
denominó proceso de individuación. Y una vez más,
estoy completamente de acuerdo con él a este respecto. Hay que
diferenciarse de los arquetipos jungianos.
Pero, en última instancia, para que la identidad de la persona
se transforme en esa forma transpersonal, uno debe acercarse a los verdaderos
arquetipos, los arquetipos transpersonales. Y ésa es una diferencia
enorme. El único arquetipo jungiano auténticamente transpersonal
es el Self, pero hasta la misma exposición de Jung a este respecto
me parece sumamente frágil porque, a mi juicio, no enfatiza lo
suficiente su carácter no dual. Así pues...
EZ: Creo que no será necesario insistir más sobre
este punto. Está muy claro. Podríamos volver a nuestro
tema original. Quisiera preguntar...
Su entusiasmo era contagioso. Su sonrisa lucía resplandeciente
de una pregunta a la siguiente y parecía no cansarse nunca. Y
fue su entusiasmo, más que nada, lo que me ayudó a apartar
la mente de ese terror soterrado y su amenazadora cercanía. Le
serví un poco más de jugo.
EZ: Quisiera preguntarte por la relación que existe entre
la religión esotérica y la psicoterapia. En otras palabras,
tanto la meditación como la psicoterapia pretenden transformar
a la consciencia y curar el alma, pero ¿cuál es la relación
que existe entre la meditación y la psicoterapia? En tu libro
Transformations of Consciousness abordas el tema con mucho detalle.
Tal vez podrías resumir esa exposición.
KW: Muy bien. Creo que lo más fácil será
remitirnos al esquema que aparece en esta obra. En términos generales,
la idea global es muy sencilla: el crecimiento y el desarrollo se dan
a través de una serie de estadios o niveles, desde el menos desarrollado
e integrado hasta el más desarrollado y más integrado.
Y aunque probablemente existan multitud de niveles y subniveles de crecimiento
diferentes, en ese libro he seleccionado nueve de los más importantes
que aparecen en la primera columna de la figura estructuras básicas
de la consciencia.
Pues bien, a medida que el self se va desarrollando a través
de cada uno de esos estadios, las cosas pueden ir relativamente bien
o relativamente mal. En el primer caso, el self se desarrolla normalmente
y alcanza el siguiente estadio de un modo relativamente sano. Pero si
las cosas, en cambio, se desarrollan de manera inadecuada, pueden aparecer
diversas patologías, y el tipo de patología, el tipo de
neurosis, dependerá precisamente de la etapa o nivel en que tenga
lugar el problema.
En otras palabras, en cada uno de los estadios o niveles de desarrollo,
el self debe enfrentarse a diferentes tareas, y su manera de gestionarlas
determina si las supera de manera adecuada o inadecuada. En cada una
de las etapas de desarrollo, el self comienza identificándose
con esa etapa y debe realizar las tareas propias de ese estadio, ya
se trate de aprender el control de los esfínteres o de aprender
a hablar.