EZ: De modo
que el nivel uno es la materia, el nivel dos es el cuerpo y los niveles
tres, cuatro y cinco son la mente.
KW: Así es. Y el nivel seis constituye una integración
de la mente y el cuerpo, lo que yo denomino el centauro; los niveles
siete y ocho son el alma; y el nivel nueve más todo el papel
son el espíritu. Como ya he dicho, este desarrollo no es más
que una elaboración más sofisticada de la graduación
materia, cuerpo, mente, alma y espíritu, pero realizada de tal
forma que permita establecer relaciones con la investigación
psicológica occidental.
EZ: De modo que, en cada uno de los nueve niveles de crecimiento
de la consciencia, el self debe afrontar tareas muy diversas.
KW: Efectivamente. El bebé parte de la primera etapa,
que es básicamente el nivel material o físico; sus emociones
-nivel dos- son muy toscas y poco desarrolladas Y carece de la capacidad
para manejar símbolos, conceptos, reglas y todo lo demás.
Es básicamente un ser fisiológico, cuya consciencia, por
otra parte, es no dual, oceánica o protoplásmica, así
que en modo alguno se halla diferenciado de la persona que le cuida
y del mundo material que le rodea.
EZ: Muchos teóricos sostienen que ese estado oceánico
o indiferenciado es un estado protomístico en el que el sujeto
y el objeto están fundidos, y que ese estado es el estado de
unidad que se recupera en la experiencia mística. ¿Estás
de acuerdo con eso?
Las ardillas habían vuelto! Entraban y salían de las gigantescas
sequoias, gozando de la beatitud de su ignorancia. Me pregunté
si sería posible vender el alma, no al diablo sino a una ardilla.
Cuando Edith preguntó si el estado de fusión infantil
es un prototipo del misticismo, metió el dedo en la llaga de
la cuestión más ardientemente debatida en los círculos
transpersonales. Muchos teóricos, siguiendo a Jung, mantienen
que, dado que el misticismo es una fusión entre el sujeto y el
objeto, este estado primordial de fusión indiferenciada debe
ser lo que, en cierto modo, se reconquista en la experiencia de unidad
mística. Yo había sido seguidor de Jung, había
compartido esa perspectiva e incluso había escrito varios ensayos
al respecto; pero, como ocurre tantas veces con Jung, ahora era una
postura que me parecía completamente insostenible y, lo que es
más, me parecía molesta, porque significaba inequívocamente
equiparar al misticismo con una especie de estado regresivo. Para mí
era pues, como digo, un asunto muy espinudo.
KW: Ciertos teóricos consideran que el hecho de que un
niño no pueda explicar la diferencia existente entre el sujeto
y el objeto constituye una demostración palpable de que ese estado
es una especie de unión mística. Pero lo cierto es que
las cosas no son así: el niño no sólo no ha llegado
todavía a trascender sujeto y objeto; simplemente es incapaz
de diferenciarlos. Los místicos, por el contrario, son perfectamente
conscientes de la diferencia convencional existente entre sujeto y objeto;
lo único que ocurre es que también son conscientes de
la identidad profunda y superior que los engloba.
Por otra parte, la unión mística es una fusión
de todos los niveles de la existencia: físico, biológico,
mental y espiritual, mientras que el estado de fusión infantil,
por su parte, constituye una identidad exclusiva con el nivel físico
o sensoriomotor, Como dijo Piaget: Aquí, el self es material,
por así decirlo. Así pues, ésta no es una fusión
con el Todo y, por consiguiente, no hay nada de místico en ello.
EZ: Pero en el estado de fusión infantil hay una unión
entre el sujeto y el objeto.
KW: No se trata de una unión, sino de una indiferenciación.
Unir es juntar dos cosas separadas en una totalidad superior. En la
fusión infantil no hay dos cosas, sino una indiferenciación
global, y resulta que no es posible integrar lo que no se ha diferenciado
todavía. Además, aunque dijéramos que ese estado
infantil constituye una unión entre el sujeto y el objeto, permíteme
que insista en que este sujeto es un sujeto meramente sensoriomotor
indiferenciado de un mundo sensoriomotor, y no un sujeto totalmente
integrado a todos los niveles, fundido con todos los mundos superiores.
En otras palabras, este estado no constituye, en modo alguno, un prototipo
de la unión mística sino más bien justamente lo
contrario del estado místico. Así pues, el estado de fusión
infantil es el mayor punto de alienación o de alejamiento de
los niveles y mundos superiores, cuya integración o unión
total constituye la misma esencia de la experiencia mística.
Este, dicho sea de paso, es el motivo por el cual los místicos
cristianos sostienen que naces en el pecado, la separación o
la alienación. El pecado no es algo que hagas después
del nacimiento, sino algo que eres desde el mismo momento del nacimiento
o de la concepción, algo que sólo se puede superar mediante
el desarrollo y la evolución desde la materia hasta la mente
y de ésta hasta el espíritu. El estado infantil de fusión
material constituye así el comienzo, el momento más bajo
del proceso de crecimiento, y no una especie de prefiguración
del estado místico final.
EZ: Eso tiene que ver con lo que tú llamas la falacia
pre/trans.
KW: Así es. Los primeros estadios del desarrollo son prepersonales,
porque en ellos todavía no ha aparecido el ego personal, individual
y separado; los estadios intermedios del crecimiento son personales
o egoicos y los estadios superiores, por último, son transpersonales
o transegoicos.
A mi juicio, la gente tiende a confundir los estadios pre con los estadios
trans, porque superficialmente son parecidos. Si has equiparado el estadio
de fusión infantil -que es prepersonal- con la unión mística
-que es transpersonal- te verás forzado a seguir una de estas
dos alternativas: o bien elevas el estadio infantil a la categoría
de unión mística (de la que, por cierto, carece) o bien
niegas todo misticismo genuino, afirmando que no es más que una
regresión al narcisismo infantil y al no dualismo oceánico.
Jung y el movimiento romántico en general cometieron el primero
de los errores -elevar los niveles pre-egoicos y prerracionales a la
gloria transegoica y transracional; en este sentido, son elevacionistas.
Freud y sus seguidores, por su parte, han hecho justamente lo contrario
-reducir todos los estados transracionales, transegoicos y místicos
a estadios prerracionales, preegoicos e infantiles; en este sentido,
son reduccionistas. Sin embargo, ambas visiones poseen un cincuenta
por ciento de acierto y otro tanto de equivocación, ya que ninguna
de ellas advierte ni explica la diferencia existente entre lo pre y
lo trans. Hay que decir que el misticismo genuino existe y que no tiene
absolutamente nada de infantil. Afirmar lo contrario sería como
confundir a un preescolar con un doctor, un verdadero disparate que
no hace más que confundir totalmente las cosas.
Las ardillas jugaban frenéticamente. Edith, por su parte, seguía
sonriendo y haciendo preguntas amablemente. Me pregunté si se
habría notado, de algún modo, la irritación que
me causa la noción de que misticismo es regresión.