|
Con la delicadeza de un amigo pero con la claridad de un científico, Eccles le replica: "Yo pienso, Karl, que está usted desorientado por los intentos burdos de describir la vida tras la muerte..... tiene que haber un meollo central, el yo más íntimo, que sobrevive a la muerte del cerebro para acceder a alguna otra existencia que está completamente más allá de cualquier cosa que podamos imaginar...".
Cuando habla de la sobrevivencia, Popper está pensando sobre todo en algunos intentos de describirla que le parecen poco serios. De hecho, alude expresamente al cielo islámico y a la semiexistencia fantasmal de los espiritistas. Por el contrario, cuando Eccles le habla de otra vida que se desarrolla en otras condiciones, fuera del tiempo y del espacio (como afirma el cristianismo), Popper añade: "Si hay algo de valioso en la idea de sobrevivencia, entonces pienso que quienes dicen que no puede ser simplemente en el espacio y en el tiempo, y que no puede tratarse meramente de una eternidad temporal han de ser tomados muy seriamente".
Ciencia y espíritu
Eccles defiende la espiritualidad del alma humana, creada por Dios y destinada a una vida que se extiende más allá de la existencia terrena. Y en su diálogo alude a otro premio Nobel, Charles Sherrington, también experto (como Eccles) en el cerebro. Cuenta que Sherrington escribió en contra de la inmortalidad, pero añade: "me dio a entender inmediatamente antes de su muerte, en 1952, que quizá había cambiado de opinión a este respecto, afirmando: «Para mí, ahora la única realidad es el alma humana»".
La ciencia experimental no nos dice nada acerca de Dios, ni del alma, ni de la ética. Pero esto no significa que no haya Dios, alma y ética: simplemente, se trata de realidades que caen fuera del ámbito de las ciencias. Cuando se instrumentaliza la ciencia, llevándola más allá de sus límites, se incurre en excesos como los que Eccles describe con estas palabras: "Creo que la ciencia ha ido demasiado lejos en la ruptura de las creencias del hombre en su grandeza espiritual, suministrándole la idea de que es simplemente un insignificante ser material en la frígida inmensidad cósmica... el hombre es mucho más de lo que señala su explicación puramente materialista".
La ciencia nada tiene que ver con el materialismo ni con el agnosticismo. Hoy día lo reconocen la mayoría de los materialistas y agnósticos. En cambio, el enorme progreso de las ciencias muestra que la persona humana posee unas capacidades de argumentar y de razonar, que le sitúan muy por encima del resto de los seres naturales.
Popper subraya una vez y otra, con acierto, la importancia de la argumentación y del razonamiento. Incluso se ha denominado a su filosofía «racionalismo crítico». Tiene también razón cuando señala los grandes límites de nuestro conocimiento, y cuando defiende la persona frente al autoritarismo. Pero tropieza con dificultades cuando se plantea la fundamentación de su filosofía. En efecto, si sólo somos animales más evolucionados que otros, ¿de dónde surgen la inteligencia, la capacidad de hacer ciencia, y los valores éticos?
¿Hay respuestas últimas?
En su diálogo con Popper, Eccles afirma: "Así, me veo obligado a creer que existe lo que podríamos llamar un origen sobrenatural de mi única mente autoconsciente, de mi yo único o de mi alma única".
Las diferencias entre Eccles y Popper no pueden resolverse sólo con la ciencia. Incluyen dosis de experiencia personal, de convicciones íntimas que surgen de otras fuentes, y de filosofía. Por ejemplo, por lo que él mismo explica en su autobiografía, no parece que Popper haya encontrado facilidades para un conocimiento profundo de la religión. En cambio, su formación filosófica le lleva a plantear los problemas de una manera que, probablemente, conduce sin remedio a callejones sin salida; así, en el caso del conocimiento, Popper identifica, como Descartes y tantos otros, la certeza con una demostración perfecta y absoluta que, efectivamente, es muy difícil y, quizás, imposible: y no advierte que podemos llegar a certezas auténticas aunque no se basen en demostraciones «idealmente perfectas».
A falta de respuestas últimas, la búsqueda y el reconocimiento de la verdad, así como los valores éticos, quedan bastante en el aire. Si sólo somos animales más evolucionados que otros, ¿qué sentido tiene hablar de una verdad objetiva?, y ¿por qué no vamos a aplicar la «ley de la selva»? ¿No son más consecuentes los agnósticos que llegan al escepticismo y al puro pragmatismo?
Hasta luego.....
Desde luego, Popper no es escéptico ni un puro pragmatista. Y siempre ha defendido la racionalidad y el respeto hacia la persona. Al concluir su diálogo con Eccles, declara: "pienso que he de hablar por ambos al decir que, a pesar de estar en desacuerdo, tomamos en serio y respetamos nuestras respectivas opiniones sobre la materia. Creo que ambos nos alzaríamos en contra de la falta de respeto hacia la actitud de alguien acerca de estas importantísimas cuestiones".
En otros tiempos, podría decirse que Popper era todo un caballero. Lo era literalmente porque, siendo austriaco, fue nombrado caballero por la reina de Inglaterra, donde vivió desde hace 50 años. Sir Karl Popper ha dejado tras de sí una estela de dignidad y muchas ideas que resultan estimulantes incluso cuando no se comparten, como a mí me sucede con algunas de ellas.
Yo me encontré con la obra de Popper, casualmente, hace unos 30 años. La conozco bastante bien, y siempre ha representado un estímulo para mi propio trabajo. Di un curso de doctorado sobre Popper en la Universidad de Barcelona cuando casi nadie hablaba de él en España. Mi primer libro trató sobre Popper. Comparto muchas de sus intuiciones, aunque me parece que les falta un fundamento adecuado y que, por ese motivo, sus conclusiones pueden resultar, a veces, desorientadoras. Pero le debo mucho.
Estoy seguro de que Sir John Eccles habrá rezado por él. Yo también. No sé cuál habrá sido la actitud de Sir Karl en sus últimos momentos, pero estoy convencido de que sigue viviendo en la espera de la resurrección final. Aunque él no lo supiera. Y tengo la esperanza de encontrarle dentro de algún tiempo, porque me parece que tenía, y tiene, un alma noble.
Principales obras de Popper
La lógica de la investigación científica. Tecnos, Madrid 1977. (original 1934)
La miseria del historicismo. Taurus-Alianza, Madrid 1973. (original 1944-1945)
La sociedad abierta y sus enemigos. Paidós, Barcelona 1982. (original 1945).
Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. Paidós, Barcelona 1983. (original 1963)
Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista. Tecnos, Madrid 1974. (original 1972)
El yo y su cerebro (en colaboración con J. C. Eccles). Labor, Barcelona 1980 (original 1977).
Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual. Tecnos, Madrid 1977. (original 1974)
Post-scriptum a «La lógica de la investigación científica». 3 volúmenes. Tecnos, Madrid 1984 y 1985. (original 1982-1983)
Sobre Popper:
Artigas, M. Karl Popper: Búsqueda sin término. Magisterio Español, Madrid 1979. Es una síntesis y análisis crítico de la filosofía de Popper.
Artigas, M. La búsqueda de Karl Popper. Aceprensa, 70/84 (9 mayo 1984).
Artigas, M. «El universo abierto» de Karl Popper. Aceprensa, 171/84 (7 noviembre 1984).
Artigas, M. El desafío de la racionalidad. Eunsa, Pamplona 1994 (en prensa). El capítulo II es una exposición y análisis de la vida, las obras y el pensamiento de Popper.
|
|