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LOS FUNDAMENTOS DE LA ANTROPOSOFÍA
Rudolf Steiner
Conferencia pública, pronunciada en Elberfeld, Alemania, en 1922

En nuestro tiempo frecuentemente se oye decir que, en épocas sombrías y caóticas de la vida espiritual, en que el alma humana ha perdido el ánimo, la confianza y la esperanza, toda clase de movimientos ocultos o místicos suelen encontrar el ambiente propicio para su actuar y, en el presente, acaso sucede que los que dan poca importancia al debido discernimiento, consideran que la Antroposofía también pertenece a tales movimientos. Las consideraciones de esta conferencia sobre los fundamentos de la Antroposofía han de mostrar cuán poco se justifica confundir el método científico antroposófico con aquello con que a veces se lo compara.

Desde un principio, la Antroposofía se ha desarrollado sobre la base de la seriedad y una exactitud científicas, como en el campo de las ciencias naturales estas virtudes han sido cultivadas en el curso de los últimos tres o cuatro y hasta cinco siglos pero, principalmente, en el siglo XIX; mas lo que en el ámbito de dichas ciencias sólo puede desarrollarse dentro de determinados límites, la Antroposofía se propone ampliarlo hasta abarcar el conocimiento de los llamados mundos suprasensibles y la comprensión de los enigmas de la existencia, los que ante todo se refieren a los anhelos más profundos del alma humana, esto es, al deseo de investigar lo eterno del alma humana y su relación con los fundamentos divino - espirituales de la existencia.

Si bien la Antroposofía se desarrolla absolutamente sobre fundamentos científicos, también es cierto que, como ella tiene que responder a los grandes y profundos enigmas de la existencia, los que interesan a todos los seres humanos, debió desenvolverse de tal manera que ella resulte asequible al alma humana más sencilla y que corresponda a las necesidades de la vida práctica, como asimismo la vida anímica y espiritual de nuestro tiempo; quiere decir, a los anhelos que buscan el sostén interior y la firmeza del alma, la fuerza para el actuar y la fe en la humanidad y su destino. La Antroposofía igualmente debió responder a las más diversas aspiraciones sociales y principalmente las religiosas, en un sentido al que, en esta conferencia, he de referirme todo de acuerdo -vuelvo a destacarlo- con su fundamento científico. Pero con respecto a este fundamento, hay que agregar que, en cuanto a las posibilidades que se abren a la investigación en el campo de las ciencias naturales, la Antroposofía las tiene que tomar en consideración más seriamente de lo que piensan quienes creen que están basándose firmemente en el método de las ciencias naturales. A este respecto la Antroposofía ante todo tiene que referirse a lo que pensadores juiciosos de dichas ciencias reconocen como los límites del conocimiento.

Si nos servimos del método de investigación de las ciencias naturales, es decir de la observación del mundo físico sensible, del experimento y del pensar, para combinar los resultados de la observación y del experimento, lo que conduce a descubrir las leyes de la naturaleza, como habitualmente las reconocemos, llegamos a la concepción según la cual la investigación científica de las ciencias naturales tiene sus limites y que las mismas no son capaces de penetrar más allá del mundo sensible y sus leyes. Además, sobre la naturaleza humana las ciencias naturales, tampoco, pueden comprender más que aquello que como naturaleza físico sensible proviene de dicho mundo sensible; en fin que tal concepción tiene que contentarse con reconocer los limites con respecto a lo que constituye el valor, la naturaleza y la dignidad del ser humano, sin poder penetrar en lo verdaderamente anímico - espiritual del hombre. La Antroposofía tiene que considerar con la debida exactitud justamente semejantes aspectos, si ella pretende que se la tome en serio: con toda claridad tiene que tomar en consideración que, meramente por arbitrariedad, no es posible, mediante el pensar desarrollado en las ciencias naturales, penetrar más allá del mundo de los sentidos; que no es posible alcanzarlo por arbitrariedad, debido a que el pensar mismo se ha educado y ha alcanzado su fuerza a través de la observación sensoria y que, debido a ello, entra inmediatamente en lo vacío, lo dudoso y lo poco satisfactorio si, abandonado a sí mismo, quiere penetrar en regiones más allá del mundo sensible. Sabido es que existen ciertas especulaciones filosóficas por las que el pensar, abandonado a sí mismo, pretende pasar de lo físicamente dado a lo suprasensible, mediante conclusiones lógicas de lo temporal a lo eterno. Mas aquel que sin prejuicios, por medio de semejantes conclusiones lógicas, quiere satisfacer sus anhelos anímicos de lo eterno, efectivamente llega a algo que no satisface, pues no tardará en darse cuenta de que: tan seguro como el pensar se siente cuando observa los seres y fenómenos de la naturaleza, tan poco seguro llega a ser el pensar abandonado a sí mismo, cuando trata de penetrar más allá de lo asequible a los sentidos. A raíz de ello existe la controversia de ciertos sistemas filosóficos el uno, según su peculiaridad subjetiva, trasciende el límite del mundo sensible a su manera y establece un sistema; el otro, se basa en otro sistema; pero por este camino no se llega a ninguna concepción armónica, sino que se crea algo que no satisface de modo alguno. La Antroposofía debe tener claramente presente lo que, con ánimo desapasionado, ha de sentirse frente al pensar abandonado a sí mismo, y con ello se le presenta uno de los escollos que debe esquivar para encontrar el camino que conduce a la investigación de lo eterno en la naturaleza humana y en el universo.

La Antroposofía tiene que reconocer los límites de conocimiento de las ciencias; y, por otro lado, tiene que dirigir la mirada hacia el hecho de que hombres de ánimo más profundo, en vista de esos límites del conocimiento, buscan en otros campos la ayuda que, para los grandes enigmas de la existencia, las ciencias naturales no les pueden ofrecer. Ellos tratan de encontrar ayuda en el recogimiento místico, es decir en lo que se suele llamar la visión interior del alma propia, pensando que, por el retiro en lo profundo del propio ser, se puede descubrir algo distinto de lo que se encuentra por medio de las ciencias naturales o a través de la conciencia común. Pero precisamente el que se dedica a la investigación de lo eterno tan seriamente como se lo puede hacer en el ámbito de la Antroposofía, tiene que decirse que también en este otro camino existen las ilusiones a las que muchas veces tales místicos se entregan. Quien es capaz de juzgar la vida anímica humana, libre de prejuicios, sabe lo que en toda la vida anímica significa la recordación humana. Los recuerdos tienen su origen en las percepciones sensorias exteriores; por ellas recibimos nuestras impresiones. Más tarde, a veces después de años, volvemos a extraer de la memoria las imágenes de tales impresiones y puede ser que nuestra alma haya recibido alguna impresión sensoria exterior, acaso de manera semiconsciente, sin haber observado el respectivo objeto con la atención necesaria. En tal caso, la impresión queda sumergida en lo más hondo de nuestra vida anímica; y, de un modo intencional o espontáneo, vuelve a surgir después de años.