|
LA MUERTE COMO EL
'OTRO' SINIESTRO O BENÉFICO Uno se podría preguntar si el aluvión actual de la literatura sobre el tema de la muerte agrega más elementos para la reflexión. Lamentablemente, solo pocos de estos trabajos hacen referencia a la manifestación onírica de lo inconsciente o sólo la mencionan marginalmente. Así Elisabeth Kübler-Ross se ha ocupado minuciosamente del fenómeno del desarrollo de la personalidad con vistas a la muerte, pero describe principalmente los procesos de la consciencia articulados y observables desde fuera. Lo que se sucede en las profundidades de lo inconsciente, por el contrario, se ha investigado muy poco todavía. Aunque Edgard Herzog
e Ingeborg Clarus se ocupan del de la muerte desde el punto de vista
teórico de C.G. Jung, estos dos libros giran fundamentalmente
en torno a la muerte y al nacimiento, tal como se producen en el transcurso
del proceso de individuación durante la vida, y no a sueños
de personas que se encuentran en vísperas de la muerte física.
Por lo contrario, Barbara Hannah se ocupa de una interesante serie de
sueños de un paciente en las mismas condiciones. Edinger ha subrayado
el gran parentesco existente entre las imágenes de dichos sueños
y las de tradición alquímica. En tercer lugar se debería
mencionar un valioso trabajo de Jane Wheelwright, quien presenta todo
el desarrollo del análisis de una joven en agonía. También
los trabajos de Mark Pelgrin y Frazier Millie Kelly se refieren a veces
a sueños a los cuales haré algunas referencias. Paralelamente
a la concepción de este trabajo, David Eldred en su disertación
reunió y analizó de manera brillante los cuadros pintados
por una sencilla mujer suiza que murió de cáncer. En ellos
aparecen casi todos los motivos que serán tratados en este libro.
Al parecer se trata de determinadas estructuradas básicas arquetípicas,
que acompañan normalmente el proceso de agonía en las
profundidades del alma. Volveré varias veces sobre este trabajo
de Eldred. El análisis de personas mayores muestra una gran riqueza se símbolos oníricos, los cuales las preparan espiritualmente ante la proximidad de la muerte. Si bien es cierto lo que C.G.Jung ha subrayado, que la psique inconsciente presta relativamente poca importancia a la muerte como final abrupto de la vida del cuerpo y actúa como si la vida espiritual o bien el proceso de individuación de cada uno sencillamente continuara; también en este contexto existen sueños que una y otra vez hacen alusión simbólica al tema del final de la vida del cuerpo y a la continuación explícita de la vida después de la muerte. Por supuesto que un escéptico podría argüir que tales sueños sólo son una expresión de deseos, frente a lo cual se puede decir lo siguiente: no corresponde en absoluto con la experiencia general que los sueños sólo reflejen deseos inconscientes. Al contrario, la mayoría de las veces reproducen, tal como mostró Jung, <disposiciones naturales> actuales del alma completamente objetivas sin influencias de los deseos del Yo. En casos en que el soñador o la soñadora se hacen ilusiones sobre la muerte que se acerca o bien no son conscientes de su proximidad, surgen sueños que la muestran con total brutalidad y sin compasión, con temas como por ejemplo: el propio reloj se queda se queda parado y ya no se puede hacer funcionar, o el sujeto que sueña ve su propio árbol de la vida caído en el suelo. A veces la muerte se manifiesta aún más claramente: un colega acompañó durante la agonía a una joven con metástasis en todo el cuerpo, que finalmente también le afectaron el cerebro, así que la mayor parte del tiempo estuvo inconsciente. Sin embargo, el analista la continuaba visitando y se sentaba silenciosamente a su lado. Veinticuatro horas antes de morir abrió los ojos y contó que había soñado lo siguiente: Estoy de pie
al lado de mi cama en la habitación del hospital y me siento
fuerte y sana. El sol inunda la habitación. El médico
estuvo aquí y dijo: 'Sí, señorita X, inesperadamente
usted está totalmente curada. Puede vestirse y abandonar el hospital.'
Entonces me volví y descubrí en la cama: ¡mi cuerpo
muerto!. |
||||||||||