Para terminar debe
señalarse que en muchas personas los auténticos sueños
de la muerte ya parecen en la segunda mitad de la vida. En este caso
no significan la inminencia de la muerte, sino que se deben interpretar
más como un memento mori. Lo más frecuente es su
manifestación cuando el yo tiene una ctitud demasiado juvenil
respecto a la vida y llaman a una toma de consciencia. Por el contrario,
en este libro sólo se han mencionado sueños de muerte
de personas que seguidamente murieron.
Capítulo
5. La Muerte como el 'Otro' Siniestro o Benéfico
La aproximación
de la muerte a menudo está representada con la imagen de un ladrón,
es decir como algo extraño que irrumpe en nuestra vida. Un hombre
de negocios, de unos cincuenta y cinco años, me pidió
que lo tomase en análisis. Se sentía frustrado en su actividad
profesional y buscaba un sentido más profundo para su vida. Su
primer sueño fue el siguiente:
(En el sueño) se despierta a medianoche en la cama, en una
habitación oscura semi-subterránea. A través de
la ventana entra un rayo claro de luz. De repente se encuentra a un
desconocido en la habitación que le provoca un miedo tan terrible
e inhumano que despierta bañado de sudor.
El primer sueño
del análisis es la mayoría de las veces profético,
en cierto modo anticipa simbólicamente la futura evolución
que se gesta en lo inconsciente. En ese momento no entendí el
sueño y me limité a señalar al soñador que
seguramente se le acercaría algo extraño, que le provocaría
miedo; pero que en ello también habría luz, es decir iluminación,
inteligencia. Después de algunas horas de análisis el
soñador no volvió a presentarse; de vez en cuando me avisaba
por teléfono sus intenciones de continuar pero que la sobrecarga
de trabajo no se lo permitía. Un año más tarde
me llegó la noticia de que estaba a punto de morir de un cáncer
de médula. El siniestro "ladrón" del sueño
inicial no era otro que la muerte!. Un sueño semejante de un
hombre moribundo nos es relatado por R. Lindner:
Llego a casa y abro la puerta con la llave. Al entrar tengo la sensación
de una presencia... Miro en mi habitación y allí hay un
señor mayor (de más de 60 años, al cual ya había
visto algunas veces en el tranvía) con el aspecto de la muerte.
Había entrado como un ladrón. Totalmente espantado salgo
corriendo de casa pero desde fuera no puedo cerrar la puerta con llave;
toco el timbre de un vecino y grito auxilio. Nadie aparece ni tampoco
nadie me abre. Estoy totalmente solo y vuelvo a mi casa donde se encuentra
el hombre siniestro: a mi habitación.
También el paciente ya mencionado de Edingers vivió la
premonición de la muerte de manera similar. Seis meses antes
de su muerte soñó lo siguiente:
Estoy en casa pero es un lugar en donde no había estado nunca
antes. Voy a la despensa para buscar algo de comer. Los estantes están
llenos de salsas y condimentos, todos de la misma marca, pero no hay
nada para comer. Tengo la sensación de no estar solo en casa.
¿Cae la tarde o hay una luz clara de luna? Abro el interruptor
de la luz, pero la luz viene de otra habitación. Algo cruje.
No estoy solo. Me pregunto dónde está mi perro. Necesito
más luz y más valor. Tengo miedo.
También esta presencia invisible de un "otro" siniestro
alude a la muerte. Otro sueño de este tipo, el de una mujer de
78 años, nos lo relata Kurt Lückel:
Llaman la puerta de fuera, luego a la de dentro. Después entra
alguien a mi habitación, permanece de pie en el umbral y espera.
No puedo reconocer si es hombre o mujer. Él (!) sigue en el umbral,
no se acerca, está de pie y espera. Me asusto, enciendo la luz
y grito: ¡Fuera! Él se queda un momento y después
desaparece. Estoy muy asustada. Me siento inquieta. Incluso le grito:
¿Qué quieres de mí? ¡No aparezcas más
por aquí!... Pero después ya no me puedo dormir.
Más tarde, conversando, ella misma se da cuenta de que podría
haber sido un "enviado de Dios", es decir la Muerte.
En la mitología de muchos pueblos, la Muerte está descrita
como una figura masculina o femenina. Edgar Herzog ha reunido una imagen
muy sugerente de la figura de la muerte mítica personificada
(femenina o masculina), y ha mostrado que los nombres de la diosa Hel
y la ninfa Calipso derivan de una misma raíz, kel(n), que significa
esconder (en la tierra). Los pueblos paleoasiáticos conocen un
demonio, o demonios, Kalan, Kala (éste último con cara
de perro), que personifican la muerte y la enfermedad.
La muerte está representada más frecuentemente como lobo
o perro que como un "otro" siniestro con forma humana. La
Hel germánica es la hermana del lobo Fenrir, al que corresponde
el Cerbero griego, hijo de la serpiente Equidna. En las creencias populares
alemanas y suizas se conservaron hasta el día de hoy dichos,
en los cuales la aparición de un perro negro anuncia la muerte
al hombre. En la noche en que murió su madre, sin que de ello
supiese nada, C.G. Jung soñó lo siguiente:
Me hallaba en un bosque espeso, tenebroso;... era un paisaje heroico,
primitivo. De repente oí un silbido estridente... las rodillas
me temblaban de espanto. Entonces se oyó un ruido en un matorral
y saltó un enorme lobo con terribles fauces... Pasó ante
mí como una flecha y yo supe que el cazador le había ordenado
que capturase a un hombre...a la mañana siguiente recibí
la noticia de la muerte de mi madre.
Jung explica que el cazador salvaje era Wotan, el Mercurio de los alquimistas.
Así el sueño expresa que el alma de su madre "había
sido acogida en aquella adhesión al Sí mismo... en la
totalidad de la naturaleza y el espíritu que supera el conflicto
antagónico". El perro se explica muy a menudo también
como un acompañante al más allá, curandero y protector.