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Así, en Egipto, el dios Anubis con cabeza de chacal es en realidad el portador de la resurrección, y en la creencia azteca un perro amarillo o rojo, Xolotl, trae de nuevo a la vida a los muertos que están en el más allá. También en India, Shiva, el destructor y dios de la muerte, se Ilama "Señor de los perros". La diosa de la muerte Nehalenni se representaba con un cesto de manzanas (=¡los frutos!) junto con un perro lobo, y Virgilio dice en la Eneida, que el perro de los infiernos Cerbero es en realidad la tierra que absorbe a los muertos. También la serpiente y el pájaro pueden representar a veces la muerte.

En su significativo artículo Sterbeerfahrungen psychologisch gedeutet , Liliane Frey informa sobre un caso interesante en el cual el "otro" aparece en forma de diablo. Es el sueño de un joven, sano y con éxito, durante un viaje al Próximo Oriente:

Huía con un muchacho por la falda de una pradera empinada. Antes de que llegase a la parte alta,...apareció por detrás el diablo. Se dio cuenta de mi presencia, se acercó y me dijo que pronto tendría trabajo conmigo. Yo estaba allí un poco asustado pero también desafiante y le comenté. "Esto ya lo sé, cuando llega el momento de ver si se sale de esto con vida". El diablo rió y dijo que para entonces habría algunas alegrías. Llevaba puesta una camisa árabe, larga y oscura, su cara era negra amarronada, pero cuando estiró el traje, aparecieron en las arrugas todo tipo de colores. En una mejilla tenía una mancha bermellón; la percibí como un estigma, como la araña negra.

Unos días después de este sueño, el soñador encontró la muerte víctima de un accidente aéreo en el desierto árabe. La "araña negra" aludía a la "gran madre", tal como él había tenido oportunidad de escribir. Así sucumbió, como interpreta Liliane Frey, al poder superior de lo inconsciente, es decir a su unión con la gran madre.

Si nosotros amplificamos un poco más este sueño, este diablo vestido de árabe recuerda a ciertas tradiciones alquímicas arábigas, en las que aparece la "piedra filosofal", el Sí mismo, primero como enemigo mortal de los adeptos. En el Libro de Ostanes se dice acerca de la piedra filosofal, que es "un árbol que crece en las laderas de la montaña (!)... un joven nacido en Egipto; un príncipe proveniente de Andalucía que quiere torturar al buscador... los instruidos no pueden luchar contra Él. No conozco otra arma que la entrega, otro caballo de batalla que la sabiduría, ningún otro escudo que el entendimiento. Cuando el buscador se encuentra enfrentado a Él con estas tres armas y le mata, revivirá después de su muerte; ésta perderá todo poder sobre Él y le otorgará la máxima fuerza, de tal manera que éste llegará a la meta de sus deseos...". Jung explica este texto recordando en primer lugar a Enkidu, el rival terreno del héroe Gilgamés, quien también aparece primero como enemigo para convertirse en amigo después de la victoria. "Psicológicamente esto significa que el primer encuentro con el Sí mismo puede hacer aparecer todos los aspectos negativos, los cuales son generalmente característicos del choque no preparado con el inconsciente". Otro texto alquímico dice de la piedra filosofal: El "otro siniestro", que en los sueños mencionados he interpretado como la muerte, no es en realidad otra cosa que el Sí mismo. Muerte y Sí mismo, es decir la imagen de Dios, de facto no se pueden diferenciar.

Los colores que aparecen en las arrugas del traje del diablo de este último sueño muestran que esta figura llamada "diablo" es en realidad la de Mercurio, pues del espíritu mercurial se dice con frecuencia que tiene omnes colores, todos los colores. El juego de colores (cauda pavonis) surge en el proceso alquímico después de la nigredo (ennegrecimiento), tal como en este caso menciona el "diablo", que daría todavía algunas alegrías -es decir, que todavía habrá vida después del paso por la nigredo.
A pacientes moribundos indios se les presenta a menudo el dios de la muerte Yama "todo de negro, mayor, robusto" o uno de sus enviados, el llamado Yamdu's, para recogerlos. Pacientes con educación cristiana visualizan ángeles en el mismo papel. Considerado psicológicamente, el ladrón siniestro es en primer lugar más una imagen general de la "otra mitad del alma" personal del moribundo, mientras que las figuras mencionadas ulteriormente, Hermes, Diablo, Yama, Ángel, aparecen más como un símbolo del Sí mismo en su aspecto suprapersonal. Estos aspectos, vistos psicológicamente, se entremezclan unos con otros aun cuando, por lo general, se los describe muy diferenciados de acuerdo con cada una de las culturas.
Me parece, según mi experiencia, que el aspecto terrorífico y siniestro del "otro" cobra realmente importancia cuando el soñador no posee todavía ninguna relación con la muerte o no la espera. Básicamente la figura de la muerte personificada (Muerte, Diablo, Yama, Zeus, Hades, Hel, etc.) no parece ser otra cosa que un lado oscuro de la imagen de Dios. En realidad es Dios o una Diosa quien trae la muerte al hombre y, cuanto más desconocido resulta este oscuro lado divino, más es considerado como negativo. Pero las grandes religiones siempre han sabido que la muerte y la vida son parte del mismo misterio divino que se encuentra más allá de nuestra existencia.
En los sueños, la muerte personificada o el "otro" que viene a recoger al vivo, también aparecen a veces como una figura claramente positiva. Éste fue el sueño inicial de un paciente, que al comenzar su análisis se hallaba en la mitad de sus cincuenta:

Se encontraba en una superficie gris, había niebla y estaba pesado, el cielo estaba recubierto con nubes grises. De pronto las nubes se abrieron y de ellas salió una luz, un adolescente desnudo con zapatos alados miraba hacia abajo. El soñador sintió un infinito amor hacia él y experimentó una sensación de profunda felicidad.

Me asusté mucho con este sueño, pues inmediatamente pensé en Hermes, el acompañante de almas, quien conduce las almas de los fallecidos al mas allá. Efectivamente muy pronto se vio que !a salud del soñante estaba perturbada, y el análisis se convirtió en un compañero de su temprana muerte. Hermes es el intérprete y guía de los sueños, el mediador de los contenidos de lo inconsciente. Pero en la escritura etrusca también se llama turmaitas=¡Hermes del Hades!

En el momento en que este hombre murió en el hospital murmuraba una y otra vez (según me comentó su amigo): "¿Qué desea de mí esta bella india?" En este caso, la visión que venía a buscarlo se había convertido en la figura del ánima, así como en el sueño de la página 71, "indio" significa para un europeo: exótico, misterioso, ininteligible. Un aspecto todavía desconocido de su propia alma se acerca al moribundo para llevárselo al otro lado. No parece ser tan importante si es masculino o femenino, anima (en una mujer: ánimus) o Sí mismo. Se trata siempre de una personificación inconsciente de lo todavía desconocido.