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Por ello la muerte aparece en las mitologías de todo el mundo personificada tanto en hombre como en mujer. Los antiguos persas creían, tal como ya he señalado, que los difuntos debían atravesar el puente Chinvat para pasar al más allá; para los hombres malos era tan estrecho como un cabello, de tal manera que caían al mundo de los demonios. Para los creyentes, sin embargo, venía al puente un bello adolescente, o más frecuentemente una muchacha de unos quince años, y los ayudaba a cruzar. Henry Corbin explicó con más profundidad el significado de esta visión: Es idéntica al Xvarnah persa, que puede entenderse como "brillo" o "fortuna" personal. Xvarnah es también el órgano visionario del alma, la luz que posibilita "ven" y es vista, la visión del mundo celestial que fue vivido como religión y fe, y con ello la individualidad esencial, el "yo" trascendente ulterior. Es también la "imagen" que estaba creada antes del difunto, antes de su nacimiento, y la "imagen" que finalmente éste ha deseado en la vida. Es el tiempo de vida (Aion) y la eternidad de cada ser humano. Si el muerto ha traicionado esta "imagen" cae en el puente Chinvat al lado de los demonios.

También en el maniqueísmo existían representaciones similares. Manes mismo obtuvo sus revelaciones por medio de una especie de ángel, el "al-Taum" = mellizo, su doble, quien fue el "intercesor" Paráclito. Según su enseñanza, el alma de todo muerto vislumbra la imagen de su "maestro". "Tan pronto el alma ha abandonado el cuerpo, percibe a su redentor y salvador. Asciende junto con la imagen de su maestro y la de los tres ángeles que están con él y se entrega ante el juez de la verdad y recibe la victoria." El "intercesor" es una figura luminosa, una forma de aparición del espíritu cósmico. Después el alma entra en "la cámara nupcial de la luz".

En éxtasis místico se puede experimentar a este doble que nos viene a buscar, la imagen del Sí mismo, incluso durante la vida. Por ejemplo, el místico islámico Ibn Arabí lo vio en una visión como a un bello adolescente, como "el orador taciturno que no vive ni muere, al que no está reunido, el que lo abarca todo". Lo visualizó cuando transformaba la Ka'aba y en cierto modo lo entendió como el alma de la piedra sagrada. Mientras que el creyente ortodoxo sólo ve en la Ka'aba un "mineral inmóvil sin vida", Ibn Arabí visualiza "con el ojo del corazón" su propia esencia. Este adolescente sólo habla en símbolos. Le dice al visionano: "Observa la articulación de mi naturaleza y la disposición de mi estructura; así encontrarás apuntado lo que tú me has preguntado, pues no soy uno que hable con palabras o a quien se dirigen con palabras. Mi saber se refiere sólo a mí mismo, y mi esencia no es otra cosa que mi nombre. Yo soy el saber, la obra de la sabiduría y el sabio." Y un poco más adelante: "Yo soy el jardín, el fruto maduro, soy el fruto de la totalidad. Levanta mi velo y lee todo lo que se muestra en las líneas que se han enterrado en mi ser."

La misma imagen arquetípica del Sí mismo también se encuentra de una forma mucho más ingenua en el material presentado por Moody, Hampe y Sabom, que describe las vivencias de personas que estuvieron durante un tiempo breve clínicamente "muertos" y que volvieron a la vida por medio de tratamientos cardíacos. Muchos de estos pacientes informan sobre una luz o un "ser luminoso" con el cual se encontraron. Una testigo de Moody lo formula así: "Vi venir sobre mí una luz increíble... Una luz semejante no se puede describir aquí, en la tierra. Miraba la luz no como a una persona, pero tiene sin duda una individualidad personal. Es una luz de máxima comprensión y de amor absoluto." (La luz le habla después con una "voz" .)

Otro testigo informa: "Me daba la vuelta y quería colocarme en una posición más cómoda; en ese preciso momento apareció una luz en la esquina de la habitación, debajo del techo. Era algo así como una bola de luz, como un globo de luz, no demasiado grande; diría de unos 30 ó 40 cm de diámetro, no más. Cuando apareció esta luz me sobrevino un sentimiento, no era un sentimiento horroroso, eso no, era más una sensación de paz absoluta y de disolución maravillosa. Podía ver cómo una mano se dirigía hacia mí desde la luz, y la luz habló: "Ven conmigo, quisiera mostrarte algo". No dudé ni un segundo e inmediatamente estiré la mano y cogí la mano que veía. Al hacer esto me sentí elevado y apartado de mi cuerpo; al darme la vuelta lo vi allá abajo, sobre la cama, mientras yo me elevaba hacia el techo.
Tan pronto había abandonado mi cuerpo, tomé la misma forma que la luz... No era ningún cuerpo, sólo un hilo de humo o un hilo de vapor... No obstante, la forma que cogí tenía colores. Había naranja, amarillo y un tono de color que no puedo definir exactamente; lo veía como índigo, un matiz azulado. Esta forma espiritual no tenía contornos como un cuerpo. Tenía más o menos forma de bola, pero tenía algo así como una mano..."


Lo importante en este informe es que el ser vivo se asemeja a ese ser 'luminoso', Volveré sobre este asunto. Pero ahora me centraré en el ser luminoso que lo viene a buscar. Algunos testimonios de Moody lo denominan también Cristo o Ángel. En el lenguaje de la psicología jungiana se trata de una forma de aparición del Sí mismo. Por último parece ser una fuente de desencarnación, algo que por su gran intensidad extingue la conciencia corporal natural. Las experiencias de luz mencionadas anteriormente a menudo van acompañadas de una iluminación espiritual, una especie de enseñanza para el moribundo. Así lo afirma un informe citado por Hampe:

"Me encontré nuevamente cuando me hallaba en la oscuridad, en el interior de un túnel con forma de espiral. Lejos, al final del túnel, que era muy estrecho, vi una luz clara. En aquel lugar comenzaba a hablar alguien conmigo. Había alguien en la oscuridad. Él comenzó a explicarme el sentido de la vida. Me fueron contestadas todas las preguntas que un hombre puede plantear..." Después la voz le ordena volver a la vida; su momento todavía no había llegado.

Un analizado, que murió a los sesenta años de una enfermedad pulmonar, le contó a su hijo su último sueño:

Abandonaba el hospital a pies y se dirigía a una puerta antigua de la ciudad, que en la edad media representaba el límite de la ciudad. Allí se encontraba a C.G.Jung (quien ya hacía algunos años había muerto). Se había convertido en el soberano del mundo de los muertos. Jung le decía: 'Ahora te tienes que decidir, si deseas continuar viviendo y con tu trabajo (era pintor artístico) o si deseas abandonar tu cuerpo'. Después veía que la cana de su hospital era de alguna manera también su caballete.