Cuarenta y ocho horas después de este sueño murió
en paz. Este sueño parece querer decir que es importante enfrentarse
a la muerte conscientemente, que en cierto modo se debe decidir a favor
o en contra de ella. Que la cama del hospital se vuelva idéntica
al caballete parece expresar que el soñante debe concentrar ahora
toda su fuerza creativa en morir, tal como antes lo había hecho
para pintar. En este caso el compañero instructor es Jung, a
quien el soñador tenía una gran admiración y sobre
quien proyectaba la imagen de Sí mismo.
Lo más frecuente es el <otro> que viene a buscar al moribundo
por medio de un pariente muerto (a menudo la madre), un consorte o parientes
muertos recientemente. De ello hay tantos ejemplos que han dado pies
a los espiritistas para establecer como representación fundamental
que es un muerto quien viene a buscar al moribundo y le ayuda a adaptarse
a las condiciones del más allá. Por ello me contento aquí
con presentar unas pocas experiencias que me parecen auténticas.
Éste fue el sueño de una mujer que veía a su difunta
hermana menos 'con risa radiante... con una corona fúnebre blanca
como la nieve en las manos'. Al día siguiente le llegó
la noticia de que el ahijado de su hermana, que tenía diez años,
había muerto en un accidente. Otro testimonio informa de que
había soñado que su hermana, que tenía diez años,
había muerto en un accidente. Otro testimonio informa de que
había soñado que su hermana, muerta hacía tiempo,
aparecía vestida de blanco y decía: 'Vengo a buscar a
mamá'. La madre murió exactamente dos meses después.
Las visiones no se diferencian de estos sueños. También
en ellos son frecuentemente parientes. Amigos o la pareja quienes vienen
a buscar al moribundo. Emil Mattiesen reunió gran cantidad de
testimonios más antiguos de este tema recogidos por allegados
y parientes. Por ello me resisto a continuar relatando otros ejemplos.